Desmontando a Peckinpah

Distan veintitres años entre Grupo Salvaje y Resevoir Dogs, pero es tiempo suficiente para apreciar sin mucha astucia ni capacidad deductiva que el cine ha cambiado mucho. Pero aún más revelador es la persistencia con la que el cine actual desmonta a gusto películas clásicas para esparcir en sus nuevas creaciones retazos deformados de escenas y diálogos legandarios para -dicen los doctores frankenstein de las criaturas- homenajear las películas que en su día les fascinó. Estos pseudohomenajes son sin embargo un síntoma evidente de que el cine de finales del siglo XX busca buena parte de sus fuentes de inspiración -cuando no de una metastásica supervivencia- en los clásicos.


Este es el caso de Grupo Salvaje, del casi siempre acertado y a veces deslumbrante Sam Peckinpah. Esta película se puede definir -otras muchas cintas de su época se meten en este saco temático- como de épica oscura, de héroes decadentes, a punto de morir -si es que no debieron morir ya hace mucho-, en un mundo moderno que les resulta extraño. Los valores de estos héroes desaparecen con la aparición de la ciudad moderna y sus tecnologías -no olvidemos que es una ametralladora la que acaba con el grupo salvaje, frente a sus rudimentarios y unipersonales revólveres; también en La Balada de Cable Hogue el personaje protagonista muere bajo las ruedas de un automóvil, de los pocos que por entonces rodaban por el oeste-. Todos los héroes de Peckinpah son personajes fuera de su tiempo, alienígenas humanos en una tierra de se les hace desconocida. Por eso la muerte es el único horizonte del héroe peckinpahiano.


Pero volvamos al cine actual. Quentin Tarantino, gran eruditófago de cualquier serie B hasta la Z de nuestra cultura contemporánea, compone su filmografía de remiendos cinéfilos. Pero no lo hace para reactualizar el noir clásico, revitalizándolo de sus viejos clichés. No, Tarantino deconstruye, monta las piezas a su gusto, recomponiendo un universo fílmico nuevo, profundamente posmoderno -sólo en el caso de Jackie Brown parecía que se iba a decantar por seguir a su manera los pasos del noir que tanto debió tragar a gusto en su juventud (especialmente su querido Godard con su Banda Aparte, que da nombre a la productorade Tarantino).


Pero el clasicismo de Tarantino es tan sólo un instrumento o una referencia cinéfila de apoyo; su interés final es el juego, la fiesta audiovisual de música e imágenes impactantes que remitologicen el cine, pero sin ningún poso filosófico. El cine por el cine, el goce en cada fotograma, con cada canción elegida premeditadamente para tal o cual escena. Los diálogos son ocurrentes, pero en ningún caso inteligentes. Tan sólo contribuyen a llenar su cine, como si de un condimento alimenticio se tratase. El resultado es un pastel delicioso, coloreado con alegría, y muy sabroso. Muchas calorías, sin un sólo hidrato de carbono ni vitamina, que no es poco para festejar el poder visual del cine, pero sí es mucha distancia la que le separa del peso narrativo y la profundidad de los personajes de los noir europeo y norteamericano.

Un ejemplo de esta diferencia de actitud ante el universo cinematográfico se pone de manifiesto en la escena final de Grupo Salvaje de la que se alimenta la intro de Deservoir Dogs. El grupo decide enfrentarse al cacique mejicano y su trouppe de mugrientos militares, muy a su pesar y conocimiento de que ese heroicismo les costará la vida. Pero cómo seguir viviendo si no es como ellos saben hacerlo. Atraviesan el pueblo lentamente, ante la atónita mirada de los lugareños, que no entienden cómo esos gringos buscan tan alegremente su propia fatalidad. La cámara sigue los pasos del grupo al compás de tambores y una triste cancioncilla mejicana, y les pierde el rastro ya de espaldas entrando hacia la puerta que les llevará a su muerte. ¡Cómo me recuerda esta película a la también crepuscular y espléndida Sin perdón!

Tarantino se hace eco de esta escena y la emula, pero esta vez con un grupo muy diferente -aunque igualmente salvaje-: trajes y gafas a lo Armani, Little Green Bag de Steven Wright, y unos primeros planos, muy propios de serie de TV, presentando a cada personaje. Todo muy a lo anuncio de El Corte Inglés. El cuento de Caperucita ha cambiado mucho. Ya no estamos ante viejos héroes cerrando sus vidas a lo grande, ni vemos ya amargura y escepticismo en la propuesta de Tarantino. Sólo presenciamos un espectáculo cuya crudeza está tan sólo marcada por la limpieza de las imágenes de violencia que nos propina en cada escena. Los diálogos son ligeros, chispeantes, cotidianos -aquí Quentin cree homenajear a la Nouvelle vague-, todo muy light, como el juego a ser malo de un niño mocoso. Lo curioso y mágico del cine de Tarantino es que el producto final le queda bien, como un traje a medida, es resultón y entretiene. Mientras tanto, la propuesta de Peckinpah va más allá: además de divertir, conmueve porque los personajes no juegan a ser muñecos manga ni detectives o ladrones en una novela pulp de posguerra yanqui.

En la diferencia está lo bueno, aunque Peckinpah marca por muchos puntos la diferencia.

Nos vemos en el cine...

GRUPO SALVAJE, Sam Peckinpah (1969)



RESERVOIR DOGS, Quentin Tarantino (1992)



Cine en Navidad

Ni que decir tiene que unir en una misma frase cine y Navidad resulta a lo poco chocante, contradictorio, y si os ponéis beligerantes, insidioso a la par que desquiciante. Y es que la Navidad no es que haya contribuido ni como tema -si no nombro ¡Qué bello es vivir! reviento- ni como momento de estreno -quien sea padre de familia entenderá esta kafkiana realidad- a la historia del séptimo arte, salvando dignas excepciones dudosamente clasificables como cine sobre la Navidad. Cabe salvar de la quema pública excelentes trabajos como Pesadilla antes de Navidad (un cuento gótico exquisito no apto para amantes del lounge o del minimalismo a lo new-age) o Smoke (con ese relato de Navidad en la escena final que siempre recordaré).

Y es que todos los cinéfilos estamos deseando que pase esta época de diarreica cartelera, aunque agradecemos enormemente a Iñárritu y a Eastwood que hayan decidido estrenar en España sus películones -criterio apriorístico del que espero no desmentirme- en estas fatídicas fechas; si no, qué iba a ser de nosotros.

En fin, desde OjO de buey os deseo lo mejor, es decir, mucho cine y por supuesto mucha imaginación con la que rescatar a este mundo de la insensata sensatez.

Nos vemos en el cine...

DERECHO DE FAMILIA


Esta tarde he visto la argentina Derecho de familia, de Daniel Burman, que ha sido seleccionada por su país para los Oscar 2007, se exhibió en la sección oficial de la pasada Seminci y fue seleccionada para abrir la sección Panorama Especial del Festival de Berlín 2006. Se trata de la cuarta película del realizador y la última de una trilogía completada por Esperando al Mesías y El abrazo partido (la que queda es Todas las azafatas van al cielo). En esta ocasión, ha querido plasmar en tono de comedia «la manía que tenemos todos de reparar los errores de nuestros padres con nuestros hijos». Ariel Perelman, padre viudo y abogado prestigioso, tiene un hijo también padre (de un estupendo chavalote de dos años y medio, interpretado por el propio hijo del director), también Ariel y también abogado (aunque de causas perdidas). Ariel-padre muere y Ariel-hijo deconstruye su propia relación con su hijo y en general su papel en el mundo. Estupenda escena en la que Daniel Hendler -actor que interpreta al protagonista, y que ya vimos en la sobria pero soberbia Whisky- se implica con sufrido estoicismo en la tarea de ir a las actividades del colegio suizo de su hijo.

El director ya trató en su anterior película El abrazo partido las consecuencias de la ausencia paternal y su papel en la necesaria construcción de la identidad personal. Por cierto, me resisto con esfuerzo a interpretar esta cinta -así lo haría todo hábil psicoanalista argentino, es decir, todo argentino- como la catarsis del pueblo argentino en busca de su identidad perdida tras la debacle del crack económico. Me lo he tomado más en clave personal, cosa que por otra parte va más en la línea de esta cinta sencilla pero bien trazada, con unas estupendas y naturales interpretaciones. El único problema de estos sencillos guiones es pedirles peras, cuando lo más dan buñuelos de viento.

Por eso defraudará a los incondicionales del sociodrama argentino o a los que busquen historias densas con las que hacer introspección. A los que nos dejamos llevar una tarde de frío por el calentito de una sala de proyección, sin esperar más vela que la que nos quite algún témpano, pues bien; una película a recomendar como merienda ligera con personajes muy creíbles. Pero nada más, que no es poco.

Nos vemos en el cine...

EL APARTAMENTO: escena final

Otra escena memorable, también de un final que te deja el corazón no en un puño sino expandido como el universo de Hawkins. Se trata de El apartamento (1960), de Wilder. Fran (Shirley McLaine) descubre por azar -paradójicamente de la boca del cabrón del jefe, un estupendo MacMurray- que Calvin la quiere. Ella corre por las calles de Nueva York hacia el emblemático pisito, él le abre la puerta, la anima a celebrar el nuevo año. Se sientan en el sofá, una botella de champán y dos copas, una baraja de cartas. "Corte", dice ella. "La amo, Srta. Kubelik", le contesta él. "Tres" -sentencia ella con las cartas en la mano, aparentemente indiferente-, "reina". Él no deja de mirarla, decidido a ir a órdago. "¿Ha oído, Srta. Kubelik? Estoy perdidamente enamorado de usted", insiste con determinación. Ella por fin le mira a los ojos, le pasa la baraja de cartas y sentencia no sin dibujar una pequeña pero reveladora sonrisa: "Calle y reparta". Él entonces lo entiende todo. No hacen falta más palabras. Ella se quita el abrigo sin dejar de mirarle. Ya está en casa. Él reparte con entusiasmo. En ningún momento dejan de mirarse. THE END.

Sobran los comentarios. Si me atreviera a decir que soy romántico, sólo en esta escena me arrodillaría para confesarlo.



Nos vemos en el cine...

Escenas memorables

Hay películas que logran resumirse en una escena, y ésta logra impregnar en esencia lo que recuerdas de ella cuando la viste por última vez. Esto mismo me sucede con la escena final de Senderos de gloria (Kubrick, 1957), en la que por cierto aparece la única mujer de la película, la actriz Susanne Christian, que después sería esposa de este excelente realizador.

La película está ligeramente basada en la Batalla de Verdun, librada entre alemanes y franceses por el Fuerte Douimont en 1916. A esta misma batalla se hace referencia en el clásico de Jean Renoir La gran ilusión (1937).

Por entonces tenía el realizador 28 años, y ya se vislumbraba su mirada pesimista sobre el mundo. Recordemos que los instigadores triunfan, los soldados son fusilados y el coronel Dax (Kirk Douglas) debe ser triste testigo de todo (aunque no aliente moralmente la injusticia) sin poder hacer nada. En esta escena, seguimos al coronel hacia el cuartel en lo que parecía ser un final oscuro y escéptico para una historia de guerra desoladora. Pero la mano de Kubrick decide montar un final emotivo que nos deja sin habla. Cuando el coronel va camino del cuartel, oye un bocerío de soldados en el salón. Dax se acerca a ver qué sucede, se asoma tímidamente al quicio de la puerta y observa en silencio. Tras ella puede ver cómo los cansados soldados bociferan al presentador del espectáculo para que les dé algo de carnaza que les haga reir o calentar el alma. Pero sólo queda entre bambalinas una prisionera alemana, que asustada entonará forzosamente una canción en su idioma ante un grupo de soldados franceses. Es entonces donde el absurdo de la guerra y las miserias humanas se desnudan, y los soldados no pueden evitar que las lágrimas empiecen a resbalar por sus mejillas. Sin esta escena no cerraríamos un significado tan rotindo de defensa de la dignidad humana frente al horror de la guerra. En los rostros humedecidos de los soldados, que la cámara sigue en unos lentos pero rotundos planos cortos uno a uno, se refleja la necesidad de esperanza y paz. Tras las guerras sólo quedan hombres, sólo hombres y nada más. El coronel observa llorar a sus soldados y se va reflexivo de allí para volver al cuartel. La puerta se cierra detras de él cerrando un contundente THE END (ya vemos un final similar en Centauros del desierto, donde una puerta se cierra también de espaldas a un triste y solitario vaquero que nada más puede hacer porque ya hizo todo lo posible).

Senderos de gloria fue prohibida por el gobierno socialista francés de la época que, bajo las presiones de las asociaciones de excombatientes, consideraría el film como un atentado contra los valores nacionales. La película de Kubrick no se estrenaría en Francia hasta el 1972. En España y Suecia tampoco se estrenó. En España fue prohibida durante más de veinte años y se exhibiría por primera vez en el Festival de Cine de San Sebastián de 1980 en el marco de una retrospectiva-homenaje a su director.




"No permitáis que la ambición se burle del esfuerzo útil de ellos / De sus sencillas alegrías y oscuro destino; / Ni que la grandeza escuche, cono desdeñosa sonrisa / los cortos y sencillos hechos de los pobres. / El alarde de la heráldica, la pompa del poder y todo el esplendor, toda la abundancia que da, / espera igual que lo hace la hora inevitable. Los senderos de la gloria no conducen sino a la tumba".

Humphrey Cobb se inspiró en este poema del escritor Thomas Gray para titular su novela Paths off glory (1935), escrita a partir de sus vivencias en el frente durante la Primera Guerra Mundial, en la que se basaría la película.

"El patriotismo es el último refugio de los canallas"


Os animo a que también vosotros dejéis vuestras escenas. Seguro que tenéis un puñado jugoso.

Nos vemos en el cine...

DERSU UZALA

[Cortesía de nuestro compañero Alacrán, del blog SIN PASAR POR TAQUILLA]

Revisar este clásico de Akira Kurosawa me ha servido para tres cosas:

La primera: Conceder un margen de confianza al cine asiático, porque había llegado a un punto en el que me cerraba en banda a estas películas. Y me comenzaba a parecer a un compañero de piso que dice que lo único que odia en el mundo es a la gente intolerante y a los holandeses. Y no quiero parecerme a él, vaya.

La segunda: Aprender a salvarme de un vendaval en mitad de la estepa siberiana. Aunque no nos engañemos, si me perdiera una sola noche en las montañas que se ven desde mi casa de Pamplona, probablemente moriría de frío o de hambre, o me comería el oso Camille (toda una institución por estos lares). Por eso seguiré aplicando mi política de ir sólo a lugares adonde se pueda llegar en coche.

La tercera y más importante: Saber a ciencia cierta porqué cuando entrevisto a agricultores sobre temas como la oliva, el pimiento o el espárrago me miran raro. Ellos saben que no tengo ni puta idea de lo que estoy hablando, y al igual que Dersu -y ahora yo también- se saben al dedillo el segundo punto. "Eso en lo que trabajas es una mariconada", parecen decir sus curtidos rostros.

Ahora en serio, un peliculón. Y el Dersu, menudo crack. Esa historia de amistad es tan sencilla, tan profunda y tan sincera, que parece imposible que nos pase a cualquiera de nosotros, pobres animales domésticos.

Nota: Sobresaliente

Bleid Raner

Soy nuevo en este blog (gracias OjO de buey), y no sé si ya se ha hablado de "BLEID RANER". Sí, es inevitable que salgan defensores de un "gran" (epíteto que acertadamente podemos cambiar por "viejo") clásico. Pero también es necesario que alguien diga algo con sentido respecto a ese intento fallido de hacer "cine adelantado a su tiempo" y sea justo de una vez por todas sin caer en las ya tan "típicas críticas tópicas".

Entended mis intenciones; no pretendo ofender a nadie, tan sólo tratar con justicia una película que suele salir bien parada (demasiado, si se analiza con seriedad) en una discusión, quizá por el hastío y la desidia de seguir hablando de lo de siempre y cambiar rápidamente de tema.

Inicialmente Bleid Raner fue discutida y puesta en entredicho por múltiples razones. Especialmente defraudó e incluso disgustó a su autor original la adaptación hecha para convertirla en guión cinematográfico. Cosa lógica, y cabría preguntarse si en este caso (como en muchos otros) la primera impresión resultó la más atinada. La respuesta, por supuesto, es que sí.

Pero en esto pasa como en el fútbol. Todo el mundo puede ser experto, aun sin tener ni idea de lo que está hablando. Y como "a gustos colores", como reza la versión corta del dicho (aunque los hay que merecen palos, como apunta su agudo corolario), pues no tardaron en salir aficionados (y aficionadillos, pues los separa una gran barrera) que supieron ver y apreciar como delicias y magistrales intenciones las horteradas más descaradas o los intentos fracasados... (¿de qué?).

Esto se evidencia al leer cosas como que la película invita a una reflexión profunda de su contenido y a una permanente admiración por su continente, aunque sean ya más de veinte años los que han pasado desde que se realizó.

O que Bleid Raner es rica en simbología y ofrece gran multitud de interpretaciones.

O ya la más: Que es posible iniciar su estudio desde variadas perspectivas, siendo una de las más destacadas un posible desarrollo de la historia muy cercano a las novelas de Franz Kafka.

Así te puedes encontrar con estupendas síntesis que te cuentan que los Replicantes muestran su incapacidad de poder resolver su empresa con normalidad. Y que rechazados por su metamórfica naturaleza, los Replicantes luchan permanentemente por poder llegar al castillo para entrevistarse con Tyrell, y así resolver su proceso que discurre incomprensible
e impotentemente ante ellos, pero sin nada que hacer ante un destino
oscuro y cruel que se distingue al final de sus vidas.

Bonitas palabras. Y ya el culmen, cuando se hace transposición entre los Replicantes y los seres humanos. ¿Quién es quién? Los primeros podrían pasar perfectamente por los segundos, con todas sus complejidades. Y los segundos por los primeros. Incluso los hay que no conocen su realidad.

En fin, el debate está abierto, y eso que no hablo de la (de nuevo) horterada de vestuario. Por supuesto, hay quien, a posteriori, ha sabido ver una conjunción perfecta, y casi artística se atreve a asegurar, entre la ropa punk y el retro. Increíble.

Pero bueno, a gustos colores...

Y digo lo mismo que TanH., podéis estar de acuerdo e incluso rebatir mis palabras, pero... Ahí queda eso, replicantes.

Sin embargo quiero ser considerado y hasta generoso con los amantes de BR. En la siguiente dirección podéis encontrar los mejores ensayos (sí, habéis leído bien, ENSAYOS. No dejo de sorprenderme. La gente se aburre mucho) en castellano sobre Bleid Raner. He de reconocer, a pesar de mi ya público escepticismo con todo este tema, que no tienen desperdicio.


Pincháis en los enlaces y listo. Que los disfrutéis.

Dios Spielberg

Soy Tanhausser, de nuevo. En una de las entradas de más abajo, firmada por Matías, se habla por primera vez en este blog de Spielberg. A mi juicio, es el mejor director de la historia del cine. Es al cine lo que ha sido Jordan al baloncesto, para que se entienda. Sólo hace falta que se muera para que todos lo reconozcáis. Ha realizado obras maestras con millones de dólares pero también sin un duro (EL DIABLO SOBRE RUEDAS, TIBURÓN, ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE). Los muy snobs siempre arguyen que no es para tanto, pero en la soledad y la inconsciencia de sus sueños no se les presentan los héroes de sus películas favoritas, sino los tiburones, los tiranosauros, las piedras rodantes, los camiones diabólicos, los puentes colgantes y los nazis y los malos espíritus de las pelis de Spielberg.

No sé quién se inventó la falacia de que una película no puede ser buena si va a verla medio mundo (no es una hipérbole, medio mundo). Creo que sus detractores padecen de una falta de perspectiva histórica alarmante. Estoy con Matías en que, de su generación, es el que mejor ha evolucionado con los tiempos, porque él marca el tiempo. Véase, si no, esa reciente trilogía existencialista de ciencia-ficción formada por INTELIGENCIA ARTIFICIAL, MINORITY REPORT y LA GUERRA DE LOS MUNDOS, o esa última obra maestra del realismo y la austeridad que es MUNICH, con la cual una vez más ha vuelto a quedarnos con la boca abierta y el corazón encogido. Con ella, por cierto, ha logrado lo que nadie: ser criticado por judíos e islamistas simultáneamente, quizá porque presenta las miserias de ambos bandos.

Spielberg reinventó el cine de aventuras en nuestro tiempo y nos ha dejado y sigue dejándonos ángulos de cámara y perspectivas realmente originales como la cámara subjetiva de TIBURÓN o los primeros planos de muchas de sus películas; tiene los mejores veinticinco minutos de cine bélico (el inicio de SALVAR AL SOLDADO RYAN); la película más tierna, E.T.; la mejor película de aventuras (la trilogía de INDIANA JONES); y, por supuesto, los mejores bichos (TIBURÓN, JURASSIC PARK). En este sentido, no puedo dejar de referir que este verano les puse a los amigos de mi hijo (7 años) TIBURÓN y estuvieron una semana nerviosos y no se bañaron ni en la piscina. Nadie como él ha logrado introducirme en la ficción y tiene, además, dos de las tres películas con las que no he podido no llorar: EL COLOR PÚRPURA y LA LISTA DE SCHLINDER (la tercera es de Kubrick, SENDEROS DE GLORIA).

Yo también tengo mis gustos dentro de su filmografía, y prefiero el Spielberg adulto al niño, pero me interesa todo. Como todos los genios, Spielberg también patina o no está a la altura: AMISTAD, ATRÁPAME SI PUEDES, ALWAYS, HOOK, los cinco últimos minutos de SALVAR AL SOLDADO RYAN y de LA LISTA DE SCHINDLER, donde le traiciona su condición de judío-rindiendo-cuentas-a-la-tribu, cosa que ya parece que ha superado con MUNICH. También reconozco que sobran en sus películas algunos niños, especialmente los que resaltan su condición de huérfanos o hijos de divorciados, resentidos con sus padres y con todo el mundo. Pero estas pequeños errores y resabios biográficos se los perdono porque nadie como él logra conducirme a la ficción como el hilo de Ariadna o de Penélope o del minotauro, si es que a eso se refiere el título de nuestro blog.

Ojalá Spielberg nos dure muchos años y tardemos en revivir esa extraña sensación que experimentamos cuando fuimos a ver Eyes Side Out de Kubrick, cuando sabíamos ya que no volveríamos a ver más estrenos del maestro. Que nadie se moleste en contradecir o replicarme porque no atiendo a razones tratándose de Spielberg. Y bienvenido, Matías, y gracias a Ojo de Buey por regalarme en su día una biografía de Spielberg.

Dios salve al rey.

Saludos cordiales. Tanhausser.

Ayuda para hallar el nombre de una película

Buenas, amigos del blog. Soy Tanhausser. En esta ocasión escribo para solicitar ayuda. Para unos asuntos personales necesito saber el nombre de una película. Os digo lo que sé de ella. Es española, y no de hace mucho, entre tres y seis años aproximadamente. Tiene una escena, creo que de las primeras de la peli, en la que se está realizando una especie de casting o entrevistas a diversas personas (jóvenes de ambos sexos) consecutivamente con el objeto de seleccionar a una para compartir piso. En la escena se ve a los entrevistados, no a los entrevistadores.

Me hace falta esa información. Gracias de antemano. Supongo que para este tipo de cosas también está el blog.

Nos vemos en el cine, piratillas...

MUJERES FATALES

No me he podido resistir. Sé que tarde o temprano saldría el tema, y por si el foro cinéfilo y (sobre todo) ginéfilo es tímido, salto yo al ruedo público y declaro mi fetichismo inocente pero de pétrea contundencia hacia las mujeres que desfilaron –todas las que se precien de fatales lo hicieron alguna vez, y ¡cómo lo hicieron!- por la pantalla para secarnos la garganta y lubricarnos los deseos.

Aclaro sin embargo que a mi entender una mujer fatal no se circunscribe al mero (aunque suficiente en sí mismo) reino de la carne. La fatalidad de una mujer cinematográfica requiere inteligencia además de evidentes dotes arquitectónicas, ya que como puede revisarse en cualquier película donde aparezca una, ésta posee un plan secretamente urdido para desgracia de su incauta víctima. Aunque decir víctima es decir poco de la capacidad cognoscitiva masculina cuando se le anteponen unas zigzagueantes piernas de mujer. Es lo que convierte en genial al noir con mujer fatal incluida: el incauto no lo es, sabe de antemano qué pretende la malvada sirena y qué le va a suceder si le sigue el juego. Es más, no puede decir que no; desde el momento en que ella paso a su lado, el veneno letal entro en sus venas sin antídoto posible. Y es aquí donde el cine negro traviste los roles sexuales: el macho se vuelve blandiblú y la hembra se ilumina de una lógica euclidiana. Hay que recordar que el noir nace precisamente en un momento en el que se estaba empezando a gestar en algunos países lo que hoy se reconoce como la liberación de la mujer, liberación ésta de las cadenas emocionales, culturales y económicas que en siglos atrás había tenido que soportar con la terrorífica humildad que de ellas se esperaba. La mujer fatal en el cine deviene así como una respuesta digestiva de terror masculino hacia esa nueva mujer que se estaba gestando a principios del siglo XX y que amenazaba con destronar al rey de su patriarcado ancestral. No hay que olvidar que la atracción que ejerce la femme fatale sobre los hombres y la envidia inconsciente que provoca en sus contemporáneas hace de este espécimen mitológico un arma políticamente incorrecta para la sociedad acomodada en los valores tradicionales de la familia y el trabajo.

Pero dejemos a un lado las elucubraciones sociológicas y entremos de una vez en la materia fetichista del asunto, que es lo que nos interesa (por lo menos a mí) y lo que desprende más feromonas. Como se trata de un asunto en el que el gusto manda con implacable ferocidad, es de justicia reconocer que nunca nos pondremos de acuerdo ni tenemos porqué acerca de cuál y en qué grado o ranking situamos a una mujer como fatal. En mi opinión de modesto fetichista, me quedo con las femmes del noir clásico, aunque añadiendo varias guindas vivas que despiertan mi hambre y mi admiración.

De entre las leyendas inmortales destacaría –sin sorprender a nadie que no posea un cierto sentido común- a la demoledora Phyllis en Perdición (1944), de Billy Wilder. Estoy hablando, por supuesto, de la Stanwyck, “la Reina”. La verdad es que si la miro como se mira a un bicho en clase de biología no es que sea un bellezón –ninguna mujer fatal es chica de calendario-; más bien es feota, respingona, con cara de vieja resabida, contestona y mala leche. Pero cuando camina, habla o mira a los ojos, eso es otra cosa. El cine suele transformar lo que la naturaleza nos ha robado, gracias al Dios Lumiere. A la Stanwyck le pasa lo que a la Hepburn -Catalina, por supuesto, no la virginal Audrey-, pero sin capacidad de atraer siquiera a un adolescente; ambas son del montón, pero el carisma las salva de ser escupidas por la cámara. La combinación Wilder-Stanwyck-Chandler hizo nacer el noir para nosotros en su más clásica concepción (chica mala, mala, chico locamente enamorado y fiambre seguro), y la jugada supo a gloria. Y el verbo de Chandler (el guionista, para los desinformados, bajo la novela de Cain, Double Indemnity) se hizo carne en Stanwyck gracias al ojo divino de Wilder. Por cierto, Robinson está extrañamente –recordemos que es prototipo de malvado- estupendo de marido mancillado.

Os dejo aquí el más celebrado diálogo entre la femme (Phyllis) y el primo (Walter), que hablan del marido de ella, antes de que decidan planificar su asesinato y así cobrar la póliza de su seguro de vida. Por supuesto, el guión no es suficiente; hay que ver las miradas, los gestos, esas minucias que lo son todo sin ser nada:

–Tiene usted interés en hablar con él, ¿no?

–Así era, pero… se me están pasando las ganas, créame.

–En este estado hay un límite de velocidad, señor Neff. Setenta kilómetros por hora.

–¿Y a cuál iba yo, agente?

–Yo diría que a noventa.

–Pues baje de su moto y póngame una multa.

–Mejor dejarlo en advertencia por esta vez.

–¿Y si no da resultado?

–Le daré con la regla en los nudillos.

–¿Y si me echo a llorar y pongo la cabeza en su hombro?

–¿Por qué no intenta ponerla en el de mi marido?

–Ya basta.

En otras ocasiones espero tener oportunidad, memoria e ingenio para hablar de esta estupenda película de Wilder (no la mejor a mi gusto, pero de órdago).

Y en otra ocasión dejaré una entrada más sobre este tema de las femmes fatales. Mientras tanto dejo carnaza para que mastiquéis:

Lana Turner en El cartero siempre llama dos veces (1946, dos años después de Perdición), de Tay Garnett. ¡Qué rubia, joder! Quienes visteis la película –no la descarnada pero eficaz de Bob Rafelson, con la entonces neumática Jessica Lange-, seguro que deseasteis ser ese pringado que se cruza, cual triste Fausto, en el camino de esa sirena sin cola. La primera escena es recordada y repetida en el cine hasta el aburrimiento: Cora (Lana Turner) aparece, como un fantasma hamletiano, a los ojos de un deslumbrado Frank (John Farfield), pero lentamente, al compás de una cámara que recorre su cuerpo de pies a cabeza. Al final del trayecto estás perdido. Lo sabes de inmediato. ¡Soy todo tuyo, nena!

Más contemporánea (1993) pero no por ello menos fatal, Linda Fiorentino en La última seducción, de John Dahl. El argumento se moderniza: aparecen las drogas por medio, el primo es un chavalín de pueblo, arrogante y aún más ingenuo; el marido no es tan calzonazos, y anta tras la chati para darle bien por cabrona. Sin embargo, el cliché del noir se repite. La Fiorentino nos pone a cien con su distante cercanía, su tira y afloja, y caemos como mosquitos. Y no es que la Fiorentino tenga cuerpo de playmate, ni siquiera tiene tetas; pero su mirada y sus andares son… ¿Qué cambia en este noir? Quizá la fisicalidad de las escenas, menos preocupadas de desatender los requerimientos de la celosa inquisición. Y quizá sea eso lo que daba gloria al noir clásico, su contención sexual, su erotismo de media pierna y mirada. De hecho, excepto contados ejemplos no se han retratado las femmes fatales con tanta magia como entonces. Y es que paradójicamente el sexo lo estropea todo en el celuloide.

Espero vuestros fetiches con ardor guerrero.

Mientras tanto, os dejo dos perlas, una majórica y la otra de tienda cien (aunque me ponga más cardíaco con esta última):

Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946)


Rebecca Romijn en Femme Fatale (Brian de Palma, 2002)



Nos vemos en el cine...

MUJERES EN PIE DE GUERRA


Siguiendo el debate social suscitado desde hace poco -aunque siempre latente- en torno a la memoria histórica de la reciente y aún hiriente Guerra Civil Española, la realizadora gipuzkoana Susana Koska dirigió en 2004 (es extraño que esceptuando los círculos cerrados y sin mucho alcance mediático, no hayamos sabido de su existencia mucho antes) un documental titulado Mujeres en pie de guerra, producido por su compañero José María Sanz “Loquillo”, quien además firma la banda sonora de la película en colaboración con el poeta y músico Gabriel Sopeña.

La película cuenta con el testimonio de 8 mujeres de diferentes tendencias políticas pero que tienen en común haber luchado primero contra el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 protagonizado por el General Franco y otros militares rebeldes y posteriormente contra el avance del nazismo en Europa y la dictadura franquista. Las protagonistas son Sara Berenguer, Rosa Laviña, Maria Salvo, Rosa Diaz, Neus Catalá, Teresa Buigas y Merçona y Carme Puig Antich, hermana ésta del anarquista catalán Salvador Puig Antich último ajusticiado en el garrote vil por el franquismo. Neus, resume muy bien el espíritu de estas mujeres, "el mundo de hoy no me vale, porque sigue habiendo guerras, cárceles, miseria y desigualdad, y yo luche por la paz y la igualdad de los hombres".

Susana Soska

Este documental me trae a la memoria un hecho del que ya se viene hablando en los círculos cinematrográficos desde hace años: el auge del género documental, especialmente aquel que aborda temáticas sociales. Por lo que se refiere a mi persona, el documental es un género al que entro casi siempre con reservas, sobre todo si lo visiono en una sala de cine. En casa es diferente; llegas, eliges el día y la hora, cortas si lo deseas, comentas lo que se dice, lo dejas por imposible... Ir al cine a ver un documental se me hace a veces como ir a ver un telediario o reportaje televisivo a lo Documentos TV. En pantalla grande el documental requiere un ejercicio voluntarista de quererse poner a tiro y abrir la conciencia, labor difícil si uno no es a priori un converso en las propuestas que te ofrecen. Sin embargo, sintonizo con la idea general de que el documental actual convence cada vez más y supone una puerta de concienciación social para un público amplio, sometido las más de las veces a lecturas políticamente correcta de este mundo.

Entre las últimas que me hicieron pensar:
Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11 de Moore, o Super size me, de Morgan Spurlock. Y espero ver en cuanto pueda Una verdad incómoda, de Davis Guhenheim.

¿Sois vosotros fieles devotos del sagrado documental, tan sólo tímidos creyentes, o quizá aguerridos perseguidores de esta religión audiovisual? Confesad...

Grabación en mp3 de la emisión del programa "La Ciudad Invisible", de Radio 3, RNE - la emisora pública y estatal del Estado Español - correspondiente al lunes 18.10.04:

Primera contribución y agradecimiento por la invitación

Al creador de OjO de buey le agradezco el haberme ofrecido participar en este blog donde, como en otros tantos, se habla de ese maravilloso mundo del que tanto nos gusta leer, escribir y debatir con indisumulada pasión. Siempre digo que la primera vez que comencé a ver las películas con otros ojos, distintos a los de un niño/adolescente que sólo buscaba en ellas el mero pasatiempo, fue tras el visionado de La lista de Schindler en una sala de cine. No soy nada original, pues supongo que la epifanía cinéfila le habrá llegada a más de uno por obra y gracia del maestro Spielberg. Por eso, quisiera recuperar una entrada de mi blog para esta primera y breve colaboración en OjO de buey. Suerte al creador del blog en su andadura.

Copio y pego el texto que escribí para prologar la secuencia y la adjunto a continuación:

"Quizá sea una de las mejores películas de Spielberg. Recuerdo que, tras salir del cine, fue difícil quitármela de la cabeza. Me impactó tanto este duro relato del holocausto que mi percepción de aquel horror histórico cambió por completo. Era demasiado joven y, aunque hubiera estudiado esta salvajada en clase, el filme me dejó impresas muchas y duras imágenes.

Esta secuencia, una de las más aplaudidas del filme, me parece brillante. Poco he de decir para describirla, pues seguramente todos la tengan localizada en su memoria: una niña avanza por las calles de Berlín mientras los alemanes matan, golpean y expulsan a los judíos de sus casas para concentrarlos en el gheto. Spielberg quiere destacar (de ahí el color rosa del abrigo de la niña) que Schindler, hasta ahora un empresario abruptamente enriquecido gracias a la guerra, comienza a ser consciente de la barbarie de la que está sacando tajada. En definitiva, un buen juego de antagonismos: la inocencia de los niños frente a la peor cara del ser humano".

Duración total del vídeo: 2:37 (la secuencia dura 2'22').

EL JOVENCITO FRANKENSTEIN


Aprovechando –sin ningún ánimo macabro, por supuesto- la reciente muerte a los 71 años del veterano y siempre apropiado actor de cine y televisión Peter Boyle, quisiera traer a la memoria de todos una de sus películas más recordadas, El jovencito Frankenstein, del histriónico director Mel Brooks. Es paradójico que todos conozcamos esta película, pero muy pocos al actor que enmascara el personaje del (atormentado) monstruo. Quizá también le recordemos cuando diga que aparece en el papel del comprensivo compañero de Robert de Niro en Taxi Driver, o en la estupenda adaptación libre de Sólo ante el peligro en versión futurista Atmósfera cero, o en productos más recientes como Monster's ball, Dr. Dolittle o Mientras dormías. Los lectores más televisivos le evocarán en series exitosas como Everybody loves Raymond, de la que Boyle fue candidato a los premios Emmy en siete ocasiones consecutivas, y que sólo obtuvo en 1996 como secundario en la serie Expedientes X.

El jovencito Frankenstein es quizás la mejor película del discutible maestro setentero del humor Mel Brooks. Los poco aficionados a la parodia dislocada y alocada de seguro que pasarán estas líneas con resignada y escéptica pasividad. Pero para los frikis de este entusiasta renovador del cine mudo de seguro que será un recuerdo siempre agradable. En esta ocasión, Brooks deconstruye un mito serio de la literatura romántica, llevado al celuloide con cierta fidelidad en muchas ocasiones, pero ninguna con este giro del drama a la parodia. La historia narra cómo el nieto del doctor Frankenstein intenta seguir los pasos de su abuelo, recreando al Monstruo paso a paso.

Esta idea partió al parecer del actor Gene Wilder, que ya había trabajado con Brooks en Los productores o en Sillas de montar calientes y había logrado cierto renombre gracias a Mundo de fantasía (primera versión de Charlie y la fábrica de chocolate). El guión acabó siendo nominado al Oscar en 1975.

La película de Brooks se basa en un humor muy físico, a veces mudo, caracterizado por numerosos y acertados gags, como por ejemplo: el relinchar de caballos al oír ¡Blücher!, la equivocación de Igor al llevar al laboratorio un cerebro anormal o la demostración de la satisfacción sexual de las féminas gracias al gran miembro del monstruo cantando “Oh, misterio de la vida, al fin te he encontrado”. Pero esto no sería posible sin un reparto de lujo: Peter Boyle como el monstruo, el histriónico Gene Wilder como el Doctor Frankenstein, el gran improvisador Marty Feldman como Igor –según cuentan fuentes cercanas al set de rodaje, Feldman se cambiaba de sitio la joroba de Igor sin que los responsables de la continuidad se percatasen-, Gene Hakman (sí, habéis leído bien) como el ciego, Cloris Leachman como Frau Blücher, Kenneth Mars como el inspector Hans Wilhelm Friederich Kempla, la cachondísima de Madeline Kahn y la actriz de comedia Teri Garr –presente en ¡Jo, qué noche! de Scorsese, Encuentros en la tercera fase de Spielperg, o El juego de Hollywood de Altman-, que convenció a Brooks para que la contratase hablándole con un exagerado acento alemán.

Estamos pues ante cine cómico en estado puro, sin requerimientos intelectuales o dobleces semánticas. Si se ríen y disfrutan, he ahí que lo que digo se confirma. Que no, pues prueben en otro mercado; los productos no son pocos.

Nos vemos en el cine…

[Algunos datos han sido tomados de: Periodista digital]


ALGUNOS DIÁLOGOS:

Frankenstein- Sus órganos deberán ser de un tamaño grande y tener todo el cuerpo proporcionado.

Chica- Entonces deberá tener un enorme... rabo.

Igor- Será muy popular por aquí.

Frau Brücher!

(relinchar de caballos)

Igor: -Usted debe ser el doctor... Frankenstein

Frankenstein: -Se pronuncia "Fron-kons-tin"

(...)

Frankenstein: -... y usted debe ser Igor

Igor: -Se pronuncia "Aigor"


ALGUNAS ESCENAS:

¡Se pronuncia... Aigor!

Peter Boyle, un secundario de primera

¿Cuál es la mejor película española de este 2006?

Supongo que podríamos buscar todo tipo de coartadas artísticas o muletillas intelectuales, pero lo mejor es que nos rindamos a la evidencia y admitamos que nos encantan las encuestas, las listas y debatir sobre si una película se queda o no fuera de ellas. Quizá sea por etiquetarlo todo, o quizá sea pura diversión, así que ahora que termina el año y entramos en epoca de capitulaciones, os preguntamos a todos vosotros cuál es la mejor película española de este 2006

(En unos días publicaremos la lista oficial)

pequeñoIbán!


¿Cuál es la mejor película española de este 2006?

1) Volver
2) Alatriste
3) El camino de los ingleses
4) El laberinto del fauno
5) Salvador
6) Remake
7) Azuloscurocasinegro
8) Un franco, 14 pesetas


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ROMA, de Adolfo Aristarain

[enviado por: Alacrán]


Todos ustedes habrán vivido épocas en las que es mejor instalarse en la soledad una temporada. Con esto no menosprecio a mis buenos amigos y mejor familia, pero hay momentos en los que hay que mirar hacia dentro. Sin embargo, siempre hay ilustres desconocidos que te lo hacen más fácil con sus películas o sus canciones.

Quizás no sea objetivo con "Roma", porque ustedes saben que la valoración de una película depende mucho del estado de ánimo . Pero quizás por eso me ha gustado, porque me he identificado con varias situaciones, porque contiene mucha de la experiencia vital de Adolfo Aristaráin, y porque, como siempre, brillan sus diálogos cargados de frases lapidarias a las que recurrir en las encrucijadas morales.

Al que no le guste su cine, aquí no va a descubrir (casi) nada nuevo. Trata los mismos temas (el amor, los conflictos generacionales, la muerte, los placeres, los sueños rotos, las raíces...) con ese aire de santidad de izquierdas que siempre practica, y además, con esa eterna sensación de que sólo sabe hablar de sí mismo.

Pero al menos aquí no es tan dogmático como en otras de sus películas y además habla de su infancia y juventud, lo cual le da un aire mucho menos severo al asunto, como dando a entender esa verdad universal de que uno aprende equivocándose, y que no merece la pena mirar atrás renegando del pasado. "Roma" es, por último, un hermoso homenaje a su madre, que comienza por el mismo título de la película.

No siento una empatía especial por los argentinos (tampoco ningún desagrado), pero entre las reflexiones de este señor y algunos crímenes perfectos de su compatriota Andrés Calamaro estoy encontrando unos confidentes estupendos.

Puntuación: Notable

web oficial

El coleccionista

Freddy Clegg es un joven introvertido, empleado de banca y afortunado jugador de quinielas que colecciona algo más que mariposas. Un día secuestra a la mujer de la que siempre ha estado enamorado en secreto con nobles intenciones: haciéndola caer en sus redes, sólo tiene el ingenuo propósito de que se enamore de él, pues su mente enferma concibe el rapto como declaración de amor. Es su sueño, largo alentado: guardar a su bella presa como a una mariposa en una vitrina. Ser correspondido por una mariposa.

El coleccionista, 1965. A título filosófico, lo que no se puede conseguir a fuerza de voluntad. Una película sorprendente y arriesgada, que padeció numerosas imitaciones con el tiempo, antecedente claro en cuanto al planteamiento para Átame, de Pedro Almodóvar, que ya no será lo mismo.

Dos buenos actores (Terence Stamp y Samantha Eggar) que no llegarán a ser estrellas dan aliento a este interesantísimo filme, aunque no del todo creíble, excelente retrato psicológico de la soledad y la necesidad de cariño. La trama, de marcado ambiente teatral, mantiene el suspense en todo momento, a partir de la entretenida novela de John Fowles, sobre un amor enfermo, imposible.

Lo verdaderamente sorprendente de la película es la dualidad a la que Wyler somete al espectador, despertando al enfermizo coleccionista que todos llevamos dentro. No nos es fácil aceptar nuestra creciente simpatía por un personaje que nadie consideraría normal, al tiempo que crece nuestra antipatía por un personaje arquetípico -la víctima de un rapto- que suele despertar compasión en el espectador.

Con El coleccionista, Wyler consigue ampliamente lo que pretendía, incomodar al público, hacerle pensar. No se trata únicamente de un thriller psicológico, también consigue fundir con una maestría fuera de lo común sentimientos totalmente opuestos. Una película que causa repulsa y atracción, de manera natural. Y es que la elegancia narrativa de William Wyler no se encontraba fácilmente, ya en el ocaso de su carrera.

La tensión se palpa y crece hasta que llega el clímax final, entre previsible e impactante. Y las últimas imágenes... -quizá por imposiciones del guión o por hacer más patente el carácter de Freddy- provocan un brusco cambio que derriba de un plumazo la atmósfera de romanticismo desbocado en que hasta entonces habíamos estado hipnóticamente inmersos.

Estimados lectores, véanla y juzguen por sí mismos.

Remakes Salvables


Estos días hemos hablado de gustos inconfesables, clásicos denostables y gazapos en las mejores películas. Le toca el turno ahora a los remakes salvables, que como sabemos, más bien suelen ser pocos. El remake mal entendido es sin lugar a dudas una de las estrategias más obscenas que el stablishement puede llevar a cabo. Se trata básicamente de un ejercicio de revisión que actualiza películas antiguas y occidentaliza éxitos de otras geografías, es decir que los pasa por el matiz del mainstream. O lo que es lo mismo los descarga y los vacía de contenido: lima sus asperezas estético-morales a través de la más brillante caligrafía del (foto)copista

El cine de terror es el ejemplo más gráfico. Del lado negativo están La niebla, La profecía, o The Ring (que Verbinski emplazó con energía pero también con piloto automático). En el positivo sobresalen dos trabajos capaces de mirar a los ojos a sus modelos y superarlos sin temor al vértigo, Amanecer de los muertos y Las Colinas tienen ojos (con sus chorros de sangre y sus eficaces dosis de angustia). Supongo que existirán muchos más ejemplos que merezcan la pena salvarse de la quema, y espero que los reivindiquemos por nuestro propio bien antes de que los nuevo acólitos de Hollywood aprendan a utilizar su más preciado (y castrante) regalo de navidad: la ampli(fic)adora.

No vaya a ser que se confunda nuevamente más grande con mejor. Y si no que se lo digan a Peter Jackson.

¿Se os ocurre algún remake más de hoy día que mejore el original?

(Saludos de pequeñoIbán!)

GAZAPOS DE CINE

Aqui podemos comentar los gazapos que hayamos detectado en cualquier pelicula.

Fobias sobre clásicos consagrados

Queridos amigos. Soy Tanhausser. Doy un paso más allá de los gustos inconfesables o dudosillos, que ya son de por sí bastante morbosos. Pero quiero ir más allá y abrir una nueva discusión: la fobia a clásicos absolutamente consagrados. Pondré tres ejemplos: uno de peli, otro de director y otro de actor.

Ojo al parche que esto sí que tiene miga pues hay que saber que te pueden echar del blog, retirarte la confianza y hasta la palabra, expulsar del club e impedirte la entrada a las salas de los cines si uno, por ejemplo, confiesa su absoluto desacuerdo con la entronización de Centauros del desierto, por ejemplo, para empezar no entiendo cómo puede considerarse moderna una película en la que a los indios se los presenta, una vez más, como idiotas; no entiendo los avances técnicos en decorados interiores patéticos; no entiendo la modernidad ni el existencialismo en esos personajes estereotipados que van en busca de nada y erre que erre; no puedo dejar de acordarme de ese jefe indio que se parecía al último entrenador portugués del Real Madrid. En fin, una auténtica tortura. (La he vuelto a ver hace pocos meses en edición súper-súper con miles de extras y casi me tiro por la ventana).



Otro __en este caso__ director consagrado por la historia pero detestado por mí es Fellini. Creo que tenía que haberse dedicado a la crítica literaria o a la filosofía o semiótica de su tiempo __que sí eran interesantes__ y no al cine, porque lo peor de todo es que se las da de listo e ignora que un director es un narrador y debe contar historias y no esas banalidades pseudo-teóricas o esas provocaciones semieróticas totalmente groseras y hoy ciertamente ridículas: 8 y medio y Amarcord respectivamente.



El actor que nunca he entendido cómo le gusta a la gente es John Wayne. Aquí no doy ni argumentos porque creo que donde hay luz no hace falta candil alguno. Todavía, cuando escucho a alguien defenderle (incluso defenderle en ciertas películas como El hombre tranquilo, por ejemplo, que se salen del western) no salgo de mi asombro. Es igual de malo siempre, no hay etapas en él (más hubiese querido el hombre de Dios), es un todo continuo, un solo personaje.

Ánimo, chicos, pronúnciense, que hay carnaza en este gran paisaje que se ve tras el OjO de buey.

Tanhausser. Continuará.

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