-¿Puedo ayudarla? Una arenilla en un ojo, un cruce de miradas y el Piano Concerto nº2 de Rachmaninoff. Así empieza una de las historias de amor más bellas del cine: Breve encuentro. Un hombre y una mujer se conocen fortuitamente en una estación de tren. La relación entre ambos empieza como una amistad; pero muy pronto desemboca en un romántica historia de amor que les saca de su rutinaria existencia. El dilema que se han de plantear está claro, aunque la decisión no es fácil: seguir juntos y romper sus respectivos matrimonios... o dejar de verse para siempre. Celia Johnson y Trevor Howard no son actores. Son los desconocidos en el andén. La historia de amor se desenvuelve de forma tan natural que la infidelidad se presenta como algo casi razonable, inevitable; y a pesar de todo los protagonistas nos hacen ver que el hombre se rige por los principios morales que él mismo se ha impuesto, y que en el amor todo vale, pero en la vida real no. Breve encuentro está basada en una pieza teatral de un solo acto, Still Life. Verdaderamente revelador. El guión lo escribió el dramaturgo inglés Noel Coward, cuya maestría a la hora de retratar con sutileza la vida cotidiana de la sociedad británica dió maravillas como La vida manda o este encuentro, breve como la vida misma. Y David Lean, antes de sus superproducciones, la dirige. Una estación de ferrocarril, dos adultos que ya no esperan ningún tipo de aventura existencial y la posibilidad de coger, por última vez, un tren que les dé un nuevo rumbo a sus vidas. Pero el miedo, la fragilidad y el desamparo son obstáculos imposibles de sortear. En esta obra de arte, intimista y triste, tan imitada como inimitable, David Lean supo dar lo mejor de sí mismo antes de lanzarse a aventuras más ambiciosas, aunque nunca de una intensidad semejante, quizás porque allá donde en sus grandes producciones los rostros de los actores se perdían entre multitudes y escenarios de ensueño, en Breve encuentro a la cámara le bastaron los pequeños detalles para que lo real fuese más real. Los años pasan, pero todavía seguimos conteniendo la respiración ante tal torrente de emociones. Nunca hemos disfrutando tanto gastando pañuelo tras pañuelo. Personajes, fondo, vivencias, porqués, explicaciones... Vida en estado puro. |
Breve encuentro
escrito por
Raquel
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temas: David Lean, escenas, Noel Coward, películas
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Rebanada de biopics musicales
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escrito por
Ramón Besonías Román
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temas: biopics, musical, películas
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El truco final (El prestigio)
Esta feroz dependencia de la tecnología se hace patente como una verdad de perogrullo en el arte cinematográfico, que muy lenta pero fatalmente irá desplazando de su trono al teatro (incluida la magia de salón), que no posee ni de cerca la capacidad de asombro que destila en cada fotograma el cine. De hecho, el séptimo arte se revelará como un espectáculo mágico para los primeros espectadores de inicios del siglo XX, que absortos no saben aún separar la ficción de la realidad debido al desconocimiento de esta nueva técnica. Este arte, al que muchos se entregarán con denodada pasión, se convertirá muy pronto en un palomitero producto de mercado globalizado en manos del viento que mueven las grandes multinacionales del audiovisual, y cada vez más afín a los nuevos descubrimientos técnicos en esta materia (véanse si no todos los avances en animación digital y efectos especiales).
ciencia es benévola cuando no se entiende como un poder, sino como sabiduría. Pero el emergente mundo tecnificado y capitalista no podía nunca entender esta premisa. Por eso, Tesla busca en el arte el último reducto de representación de su descubrimiento, ya que en manos del oportunista Edison hubiera sido objeto de negocio para las masas. Para los que no lo sepan, hay que decir que el personaje de Tesla no es inventado, sino que muy por el contrario está representado muy fielmente. Nikola Tesla existió –este pasado año se cumplieron los 150 años de su nacimiento- y fue un prolífico inventor; entre sus artilugios cabe destacar un sistema de iluminación fluorescente, el motor de corriente alterna, sistemas de generación y transmisión de energía, un generador de corriente de alta frecuencia. Sin embargo, fue en 1891 que Tesla patentó lo que un día podría convertirse en su más famosa invención: la base para la transmisión inalámbrica de corriente eléctrica, conocido como la Bobina Transformadora Tesla. Consistiría en la alimentación eléctrica sin cables. De este modo cualquier dispositivo dentro del radio de acción del sistema recibiría la energía necesaria para funcionar sin necesidad de cable alguno. Ya se le denomina wireless energy.la bobina de Tesla A él le debemos también que hoy tengamos en nuestros enchufes corriente alterna, y no continua como defendía Edison –gracias a Dios, la propuesta de Tesla era más barata para el contribuyente-. Edison se encargó durante mucho tiempo de desprestigiar a Tesla, diciendo que era peligrosa y que podía electrocutar con facilidad a cualquiera. En 1888 el gobernador de Nueva York firmó el decreto que establecía la silla eléctrica como método legal de ejecución de criminales. Y se eligió la corriente alterna. Esto indignó a Westinghouse (que le compró la patente a Tesla), quien se negó a prestar sus aparatos para matar delincuentes. No quería que su sistema quedara asociado con la muerte. Hasta el propio Marconi le debe a Tesla su radio, y ya tenía preparado un invento similar al televisor actual. En 1912 le otorgan el premio Nobel de Física, pero amargado por que este había sido otorgado antes a Marconi por ¿su? invento lo rechazó. Pero lo más sorprendente es que Tesla no era un inventor al uso, más bien se trataba de un ingeniero místico, obsesionado con acercar al ser humano a sus raíces naturales a través de la tecnología. Nada más alejado del uso actual de los sistemas tecnológicos, cada vez más nocivos para el medio ambiente. Según Tesla, en el Universo todo es energía, y así todo está íntimamente ligado, o puede estarlo, si el ser humano lo quisiera. No es el caso de nuestros protagonistas. Igualmente, Tesla soñó que llegaría un día en el que todo ser humano dispondría de electricidad gratis –versus el sueño mercantilista de Edison y sus secuaces, tan sucinta como meridianamente retratados en la película-. Otro sueño de ciencia-ficción. Si no, mirad vuestras facturas de Endesa. El mismo Tesla llegó a decir en cierta ocasión: “El conocimiento absoluto en manos de aquel que no tiene tierno el corazón, se convierte en un arma terrible.” Por eso quizá eligiera Nolan el sacrificio del amor como ingrata contrapartida al prestigio que da un buen truco, no como una triste pero bonita historia romántica, sino como catarsis que nos desvele lo crueles que nos hemos vuelto desde que Prometeo robara ¿para nuestro bien? el fuego a los dioses.
De la prometeica ingenuidad de Tesla quedan estas palabras: "En un futuro próximo veremos una gran cantidad de aplicaciones de la electricidad: Podremos dispersar la niebla mediante fuerza eléctrica. Centrales sin hilos se utilizarán con el propósito de iluminar los océanos. Se conseguirá la transmisión de imágenes mediante hilos telegráficos ordinarios (transmisión sin hilos de inteligencia y energía). Otra valiosa novedad será una máquina de escribir operada mediante la voz humana. Tendremos eliminadores de humo, absorbedores de polvo, esterilizadores de agua, aire, alimentos, y ropa. Se convertirá en imposible contraer enfermedades por gérmenes y la gente del campo irá a las ciudades para permanecer allí. Transmisión de energía sin hilos (producida por generadores ambientalmente compatibles) para que el hombre pueda solucionar todos los problemas de la existencia material. La distancia, que es el impedimento principal del progreso de la humanidad, será completamente superada, en palabra y acción. La humanidad estará unida, la guerras serán imposibles, y la paz reinará en todo el planeta." En el fondo, El truco final defiende la tesis no menos ingenua, pero temporalmente consoladora, de que sólo el arte -cuando es tomado sólo como lo que es- se convierte en un arma prodigiosa contra los absurdos. Ójala sea cierto, y nunca despertemos del embrujo que genera sobre nuestra mente la magia de este buen truco. web oficial TRAILER Nos vemos en el cine... |
escrito por
Ramón Besonías Román
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temas: Christopher Nolan, películas
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BANDERAS DE NUESTROS PADRES de Clint Eastwood
Segundo, relacionado con lo anterior, es la elección de la forma narrativa. La historia la tenemos, es buena, porque, como dije antes, Clint siempre se ha distinguido por aparecer en o dirigir buenos guiones (creo que menos Mediodía en el jardín...). Pues bien, tenemos una buena idea, una buena historia, incluso con una interesante carga social y política, y ahora a ver cómo la contamos. Ha podido elegir diversas formas y creo que se ha equivocado de pleno en la seleccionada. Me explico. La película, en el plano narratológico, se basa formalmente en el conocido recurso del flash-back o relato hacia atrás. No es original, es clásico, de acuerdo. Pero una cosa es eso y otra abusar de él porque el flash-back es continuo y a dos niveles: el del relato del viejo contándole al hijo del amigo la historia y el de los continuos flash-backs de los protagonistas que, mientras están en su tour por el país recaudando dinero, recuerdan lo que les sucedió en Iwo Jima. Resulta reiterativo y enormemente pesado. Se queda ya sin recursos y sin variedad de fundidos, tal es el número de ocasiones en que recurre al flash-back. De hecho, cada vez que se ilumina un foco o hay algún destello o pasa un tren se recurre al flash-back, resultando definitivamente pesado. Tercero, los actores. ¿Pero de dónde se han sacado ese casting? Hay que rascarse el bolsillo, señor Spielberg (que es el productor). ¿Acaso no se rodea él mismo de excelentes actores en, por ejemplo, Salvar al soldado Ryan. ¡Hombre!, pues proporciónale al bueno de Clint un buen reparto, solvente. Fijaos, si no, en el actor indio cuando hace de borracho, totalmente histriónico (no te preocupes, que nos enteramos de que estás borracho; podría aprender del Nicholas Cage de Leaving Las Vegas), o la escasa expresividad de los otros dos héroes. ¡Por favor! Cuarto y último, las escenas bélicas. Agudeza visual: ¿A qué película recuerda el desembarco de Iwo Jima? ¿Quién las ha rodado, Clint Eastwood o el productor, Steven Spielberg? ¡Pero si son igualitas que los primeros 25 minutos de Salvar al soldado Ryan!, que es lo mejor que se ha hecho en cine bélico (en batallas estoy hablando) en la historia del cine: mismas acciones, mismos cuerpos mutilados, misma ralentización y, sobre todo, idénticas técnicas fotográficas con ese realismo sucio azulado. No puede ser. Con razón se dice que Clint se mueve mejor como director en los espacios cerrados e íntimos que en los abiertos. En la campaña bélica lo único que ha hecho es subirse a las espaldas de un gigante, como hacían los escritores de la Edad Media, y en este caso el gigante es Spielberg. No me sorprende, por tanto, que por ésta no le hayan dado nada en la ceremonia de los Globos de Oro. Habrá que ver la versión japonesa, que seguro que mejorará la presente, sobre todo teniendo en cuenta que ha sido premiada en los Globos de Oro por delante de películas extranjeras realmente interesantes. No quiero quedar tan mal sabor de boca al personal. A pesar de todo la película es interesante por el tema que plantea, muy bien tratado y convenientemente resuelto. Lo que falla es la factura. No quiero concluir sin señalar y destacar una escena que me parece memorable, y es cuando, al comienzo de la película, mientras van los soldados en un acorazado rumbo a Iwo Jima, uno de ellos se cae del barco accidentalmente mientras saluda a los aviones que les escoltan. Todos los soldados se ríen en un primer momento de la torpeza del compañero, pero los gestos cambian cuando ven pasar uno tras otro los acorazados y ninguno se detiene a recoger al soldado caído. “No van a parar”, dice uno de ellos. Resulta escalofriante que una flota de cientos de barcos abandone a un hombre...Un cordial saludo a todos.... Tanhausser. |
escrito por
Tanhausser
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temas: cine bélico, Clint Eastwood, películas
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Si me necesitas, silba
Nos vemos en el cine... |
escrito por
Ramón Besonías Román
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temas: actores, Bogart, cine negro, fetichismo
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Babel
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escrito por
Tanhausser
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temas: cine mejicano, Iñárritu, películas
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