Salas de cine digitales


La revolución digital tarde o temprano hará sucumbir a las salas de cine tradicionales. Y digo tarde o temprano porque los costes de un cambio de tecnología como éste supondría para la exhibidora un presupuesto desorbitado que sólo las grandes empresas del ramo pueden permitirse. No es extraño que este fenómeno tecnológico y cultural acabe convirtiendo las salas tradicionales de barrio en un museo entrañable para cinéfilos.

El cine digital lleva consigo una serie de beneficios que no debemos olvidar:

- Ahorro en rollos de película tradicionales: Hollywood podría ahorrarse hasta 3.000 dólares por cada copia (el 10% del presupuesto de producción de una película).

- Rebaja de los costes de manipulación: el fabricante de los rollos de películas, envía las copias a los centros regionales de distribución de los estudios desde donde se cargan en camiones hasta cada sala de cine. Una película completa se divide normalmente en 6 carretes de unos 60 centímetros de diámetro y con un peso de unos 150 kilos. Aunque el mismo tratamiento se aplicaría en el caso de la grabación en discos ópticos, la transmisión vía satélite eliminaría este paso. Además, un procedimiento seguro para borrar las películas después de su proyección eliminaría la necesidad de devolver las películas para su destrucción.

- Respuesta más eficiente a la demanda: las distribuidoras no tendrán que adivinar la demanda de la audiencia para una determinada película. Si alguna empieza a ser un gran éxito, las copias digitales se pueden distribuir rápidamente vía satélite a más cines para cubrir la demanda y los cines que tienen ya las copias digitales pueden presentar la película en más salas.

- La construcción de las salas será má
s barata: las redes de banda ancha reemplazarán los complejos y difíciles sistemas de transporte de película que hay ahora en los cines con varias salas entre los diferentes sistemas de proyección. Aun así los empresarios dueños de las salas sólo empezarán a ahorrar cuando todas las películas se distribuyan de forma digital ya que mientras tanto deberán conservar ambos.

- Calidad de imagen: los rollos de película de 35 mm. envejecen mal. El cine digital permite disfrutar de la misma calidad de imagen que en un estreno.
- Sonido mejorado: La capacidad de grabación de sonido digital en un medio digital es muy superior a la codificación de audio existente en los rollos tradicionales.

- Nuevas opciones en el estreno: los promotores de esta te
cnología dicen que con este sistema se podrán hacer estrenos de películas a nivel global facilitado por el sistema de distribución que no dependerá de un formato físico.

- Nuevas oportunidades de negocio para los empresarios dueños de las salas: una vez que la infraestructura basada en satélite esté instalada, los empresarios podrán aprovecharla para emitir otros tipos de contenidos audiovisuales como conciertos o acontecimientos deportivos.

Los cines Kinépolis, en Brujas (Bélgica), han secundado esta revolución y ya ofrecen un modelo de multisala con servicios paralelos a la proyección tradicional. El espectador potencial puede disponer de 15 salas, tráilers promocionales a la entrada, taquillas automáticas, sensores en las butacas, alquiler de salas para juegos PSP por horas, proyectores Barco (la nueva generación de proyectores que prometen una sensación de movimiento natural, sin cortes ni grietas), y un proyecto piloto de cine en 3D. Los empresarios se han puesto las pilas y saben que un cine pelado y mondado no da dinero, y eso que sólo los refrescos y golosinas dejan un 16,4 % de los beneficios globales de una proyección. Si a esto le uniéramos unos servicios audiovisuales afines de actualidad, atraeríamos nuevos espectadores a los centros comerciales. A su vez, la película pudiera convertirse no en el centro de atención principal para asistir al complejo de ocio, desplazándose hacia nuevas formas de entretenimiento (especialmente adolescente).


Esto contrasta con la creatividad de otros países, otros continentes, donde para atraer a espectadores no ya potenciales sino vírgenes, se idean proyectos como el desarrollado en Mali, Níger y Benin con
pantallas ambulantes de tres por cuatro que van de aldea en aldea llevando el cine a ciudadanos que siquiera saben qué significa su nombre.








Bergman: la imagen que nos habla


Bergman está entre nuestros clásicos más recientes (ya a título póstumo), pero él mismo bebe con avidez de esos otros clásicos no tan recientes que, desde el teatro griego y para tejer el volumen vital de una trama, invocaban no al poder de la physis (la pura imagen) despojada del logos –recurso teatral preteatral y de raigambre dionisíaca-, sino a ese diálogo interior que todo ser humano mantiene consigo hasta que la muerte le cierra la boca.

En Bergman esa misma muerte nos calla y a su vez nos hace hablar (a modo de lamento indignado), como diría ese otro trágico llamado Miguel de Unamuno. La tragedia griega inventó la voz interior, la conciencia, el fluir de nuestro vivir a través de la mediación del lenguaje. Y esta tentativa metafísica es ya de por sí un intento fracasado de revivirnos sin el dolor que sentimos por ser mortales y con la ira ahogada de quien sabe que la muerte gana siempre (y no sólo al ajedrez, a todos los juegos), pese al intento eterno del héroe –griego o moderno- por engañarla a través del lenguaje, a través en definitiva del arte, de la belleza.

El arte, más concretamente su séptimo hijo (el cine), ha buscado anestesiar con la belleza esta determinación humana, invocando con ello una contingente eternidad disfrazada. El cine comercial ironizó ingenuamente con la posibilidad de servir de droga pueril al espectador adormilado por el sueño moderno de Peter Pan. Con el cine nunca moriremos, por lo menos durante el metraje de la película. Cine, palomitas y Coca-C
ola servirán de fábrica de ilusiones efímeras que entronizan la pura imagen como ídolo opiáceo de las masas satisfechas occidentales. Bergman vivió en las antípodas del culto posmoderno a la imagen cinematográfica. Para él era casi una demanda ética desmitologizar al ser humano enfrentándole en seco con sus determinaciones. “Conócete a ti mismo”, reza el oráculo. Para ello invoca, como lo hicieron los dramaturgos griegos, al logos, la palabra sincera que nace de nosotros no para comunicarse con los otros, sino para ser salvados por ellos. En el cine esos otros son evocados a través de fantasmas pretéritos o situaciones límite que despiertan imágenes borrosas, olvidadas para engañarnos o no sufrir.

Decía Sartre que el ser humano es una ilusión imposible, y nada puede hacer por dejar de serlo. Sin este atributo esencial y existencial el arte, y con él el cine, no sería posible. Todo arte –el de Bergman de manera explícita, casi pornográfica- es metafísica, rebelión contra la contingencia de los cuerpos, que saben que aun viviendo, a cada aliento saben que ya están muertos. El cine según Bergman es una lucha trágica (perdida) contra nosotros mismos, una expresión de la incomodidad que se asienta en nuestra mente desde que nacemos.

Woody Allen firmaría esta tesis, aunque con una metáfora más hilarante y hedonista. Por eso al cine debe incomodarle la realidad, resistirse a ella, y sólo apoyarse en ella como sustrato de la memoria, esa memoria personal, biográfica, que nos mantiene vivos, con una misión. El pasado, no como huella de lo que ya no es pero fue, sino como ruina que nuestra imaginación reconstruye como puede, es el material del que se vale Bergman para engañar a la muerte, o engañarse a sí mismo (para ser más justos). Sin esa estética (y ética, pero sin moralejas ni sotanas) misión de deconstruir nuestro pasado, la vida sería aciaga, un valle de lágrimas.

Aquí os dejo una escena que no tiene desperdicio. Woody Allen ha firmado en su carrera escenas similares, pero nunca con el tono desgarrado de su maestro. En manos de Allen la narración se hubiera diluido bajo un tono de humor consolador. Bajo la mirada de Bergman no caben redenciones posmodernas. Estamos obligados a mirarnos cara a cara. Por eso quizá la obra más bergmaniana de Allen sea si acaso Otra mujer.

El orfanato


Tras el visionado de El orfanato uno no puede menos que felicitar a los encargados de promocionar la cinta, por la labor inestimable que han realizado -nada envidiable con la que las mayors norteamericanas nos fustigan cada semana en la taquilla- al presentarnos un producto de calidad y supuesto entretenimiento asegurado al público genérico de cine y palomitas y, en concreto, al ávido cinéfago de los géneros de terror o de thriller con fantasma incluido.

Sin embargo El orfanato nos ofrece (si acaso) una estimable factura técnica y -eso sí- una Belén Rueda que confirma su fuerza expresiva y potencial dramático en cada plano donde quepa su rostro bello, a la vez que rasgado por no sé qué duelos interiores. Da gusto verla, y sólo por esos primeros planos en los que la cámara capta su rostro merece echar a perder el rato. Por lo demás, El orfanato no da mucho más, y sí prometía mucho.

En primer lugar está el asunto del relamido homenaje a los géneros, tan del gusto del cine anglosajón y que tan suculentas cifras suele darle de cara a la recaudación. Y es que ese homenaje no tiene nada de reactualización o de anécdota cinéfila con intereses que si no enriquecen el conjunto, por lo menos sirvan de mirada cómplice a los maestros de las que se nutren. No, son un mecano orquestado con la única intención de gustar. Lo que funcionó, porqué no repetirlo matizando detalles de relleno, escenarios, algún que otro personaje retocado. El resto lo hace una promoción generosa, un guiño al sentimiento de culpabilidad del espectador patrio por no ir a ver cine nacional y el acabado se remata con la guinda de una nominación de la que todo el universo conocido pueda hablar (y el nihil obstat del mismísimo Guillermo del Toro). El estofado está a punto para ser presentado y degustado al módico precio de una entrada.


En segundo lugar está el difícil equilibrio que exige mezclar -sin caer en la resulta de un frankeinstein tragicómico- un género tan entronizado en el imaginario cinéfilo popular como es el de terror con un tono emocional que disloque sin distorsionar los caminos transitados del género que lo circunscriben en los tópicos del efecto facilón, la partitura ruidosa, el gore sanguinario o las situaciones recurrentes que rodean a personajes-tipo tan fácilmente enumerables por todo aficionado (psicópatas, adolescentes sin miedo pero con ganas de marcha, edificio siniestro, la noche como fondo pictórico,...

El orfanato prefiere tomar como referentes narrativos y exclusivamente fílmicos delicatessens del género más cercanas a la literatura fantástica y de terror decimonónica, incluido el recurrente eco a Henry James y su Otra vuelta de tuerca (tan del gusto de todo realizador formado en la vieja escuela), y también obras cinematográficas consagradas por público y crítica que aseguren la efectividad de la escena y a su vez sirvan de guiño al espectador
avezado y al crítico contumaz. El orfanato, se mueve así más cercana al drama sobrenatural que al thriller fantasmal al uso. Busca más subrayar las emociones de sus personajes bajo el velo del miedo que asustar sin más (aunque esos portazos, ese niño embutido en un saco,...). Véanse otros casos: Frágiles, Ellos, El internado,...


Y la intención es digna, pero... Bayona
(que antes dirigió videoclips a OBK o Camela) pretende con su primogénito dotarlo de entidad y talento sin destilar la mezcla en barricas consistentes. Uno intuye, como ya dijo al principio, que en el fondo el recurso a un producto de fácil salida a un mercado globalizado, sin concesiones a una autoría exigente, han vertebrado este proyecto made in Spain desde antes de su idealización. Para ello es fácil valerse de la mirada inocente y necesitada de un realizador novato, aunque sobradamente preparado.

Lo que uno espera es que experimentos como éste, importados de la madre USA, sean lucrativos para quienes los llevan a cabo, y de paso muevan el mercado audiovisual español hacia un público renegado. Pero, por favor, ¿es mucho pedir un guión más jugoso y consistente? El orfanato arranca bien, sereno, sin prisas, dosificando información, creando ambiente, pero con el tiempo deviene en la duda de ser o no ser un sucedáneo de Poltergeist, un calco de Los otros
(vía El sexto sentido), El espinazo del diablo, Los sin nombre, Los abandonados... Y al final sale como puede del embrollo decantándose por el ya transitado sendero de sus referentes, pero sin entidad propia.

Cosas de imitar a los hermanos mayores.

La luna en botella

Sabemos por nuestros estupendos colegas de lo difícil que resulta en España sacar adelante un proyecto cinematográfico, cuanto más para una película como La luna en botella, que intenta como puede hacerse un hueco ya desde su fase de promoción. Nos cuentan desde Muchocine que "con el inminente cierre de Sogecine (50% de la producción de la película, junto con Ikiru Films), la peli se ha quedado huérfana de distribución y saldrá con muy pocas copias y sin apenas promoción."

Grojo, director y guionista de la cinta, nos anima a que veamos el tráiler que han colgado en YouTube. Nos cuenta: "Es fácil, es gratis, y es la única manera que tenemos ahora mismo de movernos. Si superamos las 250.000 visitas, seríamos el tráiler español más visto de la historia de YouTube. ¿Para qué? Para hacer ruido, para que la peli suene, para que se vea y sea el público el que decida si ha merecido la pena. Y para eso necesito tu ayuda. El poder de la red se ha demostrado innumerables veces, pero casi siempre en Estados Unidos. Sería interesante comprobar cómo funciona la blogosfera española ante una situación viral de este tipo. No se ha hecho nunca."


La luna en botella es su primera película, y confiesa haber tenido la suerte de haber trabajado con actores como Edu Soto, Bárbara Goenaga, Dominique Pinon, Leigh Zimmerman, Pep Jové, Paco Algora y Federico Luppi. La banda sonora es de René Dupéré, compositor de la música del Cirque du Soleil, y el póster lo está haciendo Dave McKean (Sandman). La cinta se estrena el próximo 16 de noviembre de 2007.

"La luna en botella es un cuento coral de personajes que intentan conseguir lo imposible, y dicen NO a sus vidas, lo que puede resultar tan difícil como meter la luna en una botella. Pero el que lo intente, como dice uno de los personajes en la película, será un valiente, no un loco."

Oro negro


¿Sabéis lo que cuesta una taza de café?

Una de las razones por la que desde hace unos años ha rebrotado en el séptimo arte el interés por el gén
ero documental es que una temática habitual en él consiste en hacer visible al gran público problemáticas globales de fuerte calado ético. Un ejemplo interesante es el de Oro negro (Black gold, Marc Francis & Nick Francis), un documental británico que denuncia los abusos del sector comercial del café (el otro gran oro negro es evidentemente el petróleo) en lo referente a las condiciones en las que trabajan sus empleados, a menudo subcontratados por grandes empresas como Starbucks que se desentienden de las condiciones humanas (¿de comercio justo?) en las que viven estos empleados.


E
l resultado del documental es fruto de una investigación meticulosa por parte de los hermanos Francis en busca de datos que vinculen a las grandes empresas vendedoras del producto final con los empobrecidos productores y los parias que confeccionan el café que nosotros consumimos, de origen en su mayoría africano (Etiopía). "El café es uno de los ejemplos más claros de quién gana y quién pierde en la economía global", afirma Nick Francis, citado hoy por el diario The Times. "En los últimos diez o quince años, empresas como Starbucks, Kraf, Nestlé y Procter & Gamble, han obtenido beneficios récord mientras que los cafetaleros atraviesan graves dificultades".

Los directores de Oro negro visitaron varios países productores de café, incluido México, donde entrevistaron a campesinos, agentes del gobierno y empresas internacionales como Starbucks.

Películas como Oro negro ayudan no tanto a generar en los países industrializados una falsa conciencia culpable, como la voluntad de generar en sus ciudadanos una mayor lucidez y crítica a las multinacionales, demandando a sus gobiernos medidas de control internacionales que impidan estas bolsas de pobreza a perpetuidad, expresión evidente de una nueva forma de colonización.

Oro Negro
(Black Gold)
Reino Unido-Estados Unidos, 2006
Dirección: Marc Francis y Nick Francis

Ojos [Tanhausser]


El cine es un ojo, en efecto, un ojo privilegiado, pues la cámara nos acerca la mejor visión de los hechos, y a veces, incluso, se muestra parcial para engañar al espectador (léase la entrada Promesas del Este). Como espectador, me resulta fascinante dejarme llevar por el ojo de la cámara porque de algún modo siento la forma de ver la historia del director a través de ella, del mismo modo que uno vislumbra la mente de los escritores por sus giros verbales.

Y como nuestros ojos son la cámara me voy a quedar con tres momentos sublimes de movimientos de cámara: uno es la cámara subjetiva de Tiburón de Steven Spielberg, donde por primera vez vemos a la víctima desde los ojos del bicho (¡aterrador!); otro momento es la cámara de Uno de los nuestros de Scorsese cuando el protagonista, Ray Liotta, entra en el restaurante por la puerta de atrás acompañado de su novia; la última cámara que me ha quedado a cuadros es el movimiento de 360º de la cámara virtual de Matrix. Pocas veces en la historia del cine forma y contenido han ido tan de la mano como en esta obra maestra moderna.

Son momentos que forman parte de mi historia sentimental del cine, yendo volado tras las cámaras, tras esos ojos privilegiados del relato cinematográfico.

Salud, amigos.

Escrito por Tanhausser [desde OjO de buey]

Ojos [Corten!!!]

Los ojos, tanto en la vida como en el cine, son el espejo del alma. Con ellos, se pueden expresar una gran variedad de emociones las cuales darán vida propia a los personajes de esas historias que tienen a bien relatar los cineastas.

Pero si hay alguien que, a lo largo de su carrera cinematográfica, ha sabido retratar los ojos de una fenomenal manera, ese ha sido el genial Sergio Leone. Difícilmente olvidables son esos planos interminables a los ojos de Charles Bronson y Henry Fonda en el duelo final de Hasta que llegó su hora, o en el desenlace de El Bueno, el Feo y el Malo, con un montaje frenético formado por planos de los ojos y de las armas de Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef.

Ese nerviosismo en los duelos por parte de algunos personajes, la seguridad en sí mismos de otros, el miedo a la muerte de algunos más… Y es que nadie ha sabido darle tanta importancia en el cine a planos de los ojos como se la supo dar Leone a sus fenomenales westerns.

Escrito por Sergio Galietero [desde el blog Corten!!!]

Ojos

Todo el cine es un ojo, todo el cine es mirada, una mirada fugaz, susceptible de perderse o quizá perdurar a través de nuestra memoria. En esa fragilidad reside su belleza y fascinación. El cine nació como un ojo, el enorme ojo lunar de Méliès atravesado por un primitivo cohete humano. Porque el cine está hecho de imaginación y técnica, magia y ciencia. Mirada y lente. El cine es humano, sueño y realidad, distancia y solidez, utopía e historia.

El cine es un ojo, miles de ojos que te miran, en los que te miras. Y sin alguien que mira y alguien que se deja mirar no hay cine. Todo cine es un acto de comunicación, de ampliación de nuestra experiencia vital. Toda sociedad podría verse reflejada en el estanque de sus películas. Todo individuo, tú, yo, nos reflejamos a través de la mirada de un personaje, el suceso de una escena, la emoción de un instante en la pantalla.

Todos somos los ojos de Bogart soñando en aquel hangar el amor que no puede ser pero siempre será, todos somos Telly Malloy en aquel puerto, todos corrimos junto al doctor Jones tras el arca, o miramos con deseo a Jessica Lange sobre la mesa de una cocina, o derribamos puertas por volver a ser quemados por la mirada de Kathleen Turner...

Nuestros ojos estuvieron allí sin necesidad de recorrer el camino. Y sin embargo nuestro camino no sería el mismo sin esos ojos, esa mirada que nos emocionó y nos instó a vivir con pasión más allá de la pantalla.



"El arte no reproduce lo visible, hace visible" (Paul Klee)

Promesas del Este: el arte del relato


(Se detallan escenas de la película)


Promesas del Este es una magnífica película por muchos aspectos, pero lo que más me ha impresionado es la sintaxis de su narración. Tras la aparente linealidad se esconden varios trucos narrativos de considerable maestría y de sorprendente efecto. Me refiero sobre todo al uso intencionado de las elipsis. En un momento de la película Viggo Mortensen se encamina a ejecutar una orden: asesinar al tío de Naomi Watts. Vemos el comienzo de la acción, cuando Mortensen se dirige hacia su futura víctima. Después sabemos por varios personajes que la presunta víctima ha desaparecido y damos por hecho que el asesinato se ha llevado a cabo. Así transcurre un buen periodo de la película hasta que descubrimos –con la protagonista- que no es así, que el presunto asesino aconsejó a la desvalida víctima que desapareciera de la ciudad.




Estas elipsis de información se repiten en la película, al menos, un par de
veces más (el caso de la prostituta y, sobre todo, el carácter de infiltrado del protagonista) de una forma magistral. Al menos, el que esto escribe no había sospechado nada al respecto. El espectador está en las manos del guionista y es zarandeado por estas elipsis narrativas, sufre con la situación de Naomi Watts o respira aliviado cuando le perdonan la vida al tío Stephane.


Lo que resulta más paradójico es que el espectador cree ser omnisciente con respecto, por ejemplo, a Naomi Watts, pues sabe más que ella y por eso sufre por ella; y simultáneamente es un espectador al que se le escamotea información relevante; nunca s
e le engaña, pero no se le da toda la información. Esta incertidumbre entre exceso y defecto de información constituye uno de los grandes atractivos de la película y, por qué no decirlo, una de las grandes aportaciones de este film a la extensa y rica tradición del género de gánsters en el que se inscribe. Pues hay que decir que Promesas del Este debe situarse entre las grandes películas del género junto con El Padrino de Coppola (la matriz del género), Uno de los nuestros de Scorsese y Donni Brasco de Mike Newell, probablemente la fuente de la que más bebe a nivel argumental.


Hay que añadir que, además, viene a sumarse a una reciente tradición de indagación en otras mafias y otras nacionalidades a través de películas la mayoría muy estimables como Camino de perdición de Sam Mendes, Amor a quemarropa de Tony Scott, Cerdos y diamantes de Guy Ritchie, Sospechosos habituales de Bryan Singer o la premiada Infiltrados, de nuevo de Scorsese.

Me ha impresionado el trabajo de los actores. Viggo Mortensen está sencillamente genial, en la cumbre. La escena de lucha en el baño turco es antológica. Los demás actores, comenzando por Vicent Cassel, Armin Mueller-Stahl y Naomi Watts, no le van a la zaga. Ca
da uno de ellos compone un personaje con las aristas muy bien definidas. Quiero añadir -y en esto contrariaré a los fans de Cronenberg- que Promesas del Este y su anterior película, Una historia de violencia, me parecen con mucho lo mejor de su producción.


Creo que se trata de dos obras maestras que superan ampliamente su trabajo anterior (al menos, lo que he visto, Inseparables, Videodrome, Crash, Cromosome, Scaners). Está, a mi juici
o, en el mejor momento de su carrera. Además, creo que sigue siendo el mismo en lo bueno que ya tenía: la reflexión sobre la violencia, las paradojas existenciales. Pero ahora, a todo ello, añade una forma de filmar fascinante, lenta pero precisa, donde cada escena parece que va engranada causalmente a la siguiente, un método clásico y moderno, respetuoso y a la vez transgresor con el género. En fin, una obra maestra, que ya son palabras mayores en el contexto de un género con tan brillantes muestras.

Dejad lo que estéis haciendo (si es que se puede dejar por la mitad…) e id a verla, compañeros. Tras los Oscar, lo mejor del año junto a Zodiac.

Un saludo.
Nos vemos en el cine...


Tanhausser

Deborah Kerr


América pierde -todos perdemos- a una de sus niñas adoptivas (premio honorífico de la Academia en 1994), traída de Escocia hasta Hollywood para suerte nuestra. Deborah Kerr es Deborah, la devoradora, una hembra rubia de esas que inventó el cine de los cincuenta para lubricar nuestros sueños, pero es también Kerr, la madre, la esposa, la modosita (como la Deneuve, pero sin tan mala leche). Deborah Kerr es aquella madre curvilínea de aquel amigo al que todos envidiábamos tener en casa a alguien así, que te castigara las nalgas o arropara por las noches...

En la pantalla la Kerr no es nadie sin la Devorah, pero sin la Kerr, la Devorah sería una rubia más sin mirada ni diccionario, como la Harlow. Y si no revisitad Narciso negro (1946), con una Kerr monjita que se suelta el hábito, dejando salir la Deborah que lleva dentro. Y cito Narciso negro porque De aquí a la eternidad ya está clavaíta en nuestra retina, y pa' qué decir na'. Pero para reflejar esa contención sexual nada como Sospecha (The inocents), en el papel de esa Mary Poppins a lo James (no el Joyce, sino Henry) y con guión de Capote. Yo me quedo con esa imagen tuya de puritana que ni la Kidman supo superar en Los otros.

La Kerr estaba casada con Peter Viertel -el guionista de La Reina de África o El viejo y el mar- y se la veía lucir glamour por Marbella. Cuentan que en principio quiso ser bailarina, pero la cosa tuvo que quedarse en saber moverse por un escenario. Por suerte, su tía -veterana en la radio y profe de actuación- la animó a pisar el tabláo escénico y quitarse así la timidez (esa que nunca la abandonó en su mirada).


A nosotros siempre nos gustaste así, remilgada pero con posibles.



Doris (Lessing)

Doris, sí, a ella creo que le agradaría más Doris a secas, aunque suene a niña repipi (cosas de la iconografía cinéfila). Lo de Lessing se debe más bien al mal recuerdo de su segundo marido, del que se despidió sin remordimientos pero sacudiéndose el polvo de sus dilatados pies. Porque a Doris no se le dio nunca bien eso de saludar inclinando la cabeza o agradecer premios con sonrisas de catálogo de Ikea. No, Lessing va a las claras, y después mira a otra parte o se aleja despacio, para dar de comer a sus gatos.

El título de su última novela, ya posnobel (publicable en España para Navidad), se las calza con el nombre de The cleft, algo así como la grieta, o la raja para ser más meridianos. Sí, esa raja en la que tú y yo estamos pensando ahora (y que a la correctora de su novela le ha hecho abandonar la empresa). Al parecer la novela va sobre cómo hipotéticamente la humanidad provendría de mujeres subacuáticas que no necesitan de los hombres para parir y que, para su sorpresa, un día una de ella engendra un varón; la Doris lo llama squirt, algo así como un pene venido a menos. No en vano las clefts intentarán deshacerse del pene-móvil, abandonándolo a su suerte en el bosque. Con esta obra parece trasgredir (y espero que incomodar) el calado feminista de su obra más conocida, El cuaderno dorado. Habrá que leerla y opinar. Pero lo cierto es que la Doris ha salido escaldada de tanto extremismo del pasado siglo, que no es de extrañar que con sus últimas obras esté limpiándose la mirada, ahora que con la edad le da igual ocho que ochenta. Esperemos que así sea.

Por lo pronto, espero que algún director se digne a leer y a transformar el argumento de The cleft en una buena película. Lo cierto es que algunas obras de Doris ya tuvieron sus adaptaciones al cine y la televisión, nada menos que cuatro, aunque hayan quedado en el rincón de lo olvidable. Aquí en España nunca han sido vistas en TV y ni siquiera se han publicado en DVD (zona 2).

  • - Rue de retrait, Rene Feret (2001)
  • - Un hombre y dos mujeres, Valerie Stroh (1991), con un joven Michael Vartan (Touch me, Nunca me han besado, Retratos de una obsesión) en la piel de uno de los personajes.
  • - Memoirs of a survivor, David Gladwell (1981)
  • - The grass is singing, Michael Raeburn (1981)
Por cierto, aquí os dejo algunas frases de Doris que demuestran lo buena boxeadora que es:
  • - «Hay algo abrasivo en mí porque a menudo hago enfurecer a la gente».
  • - «Piensa incorrectamente, si así lo deseas, pero en todos los casos piensa por ti mismo».
  • - «Ya no creo en esos sueños perfectos y maravillosos».
  • - «Cuando dicen frases como que he sido capaz de retratar la «épica de la experiencia femenina», no sé a qué se refieren con eso».
  • - «Yo creo que me lo han dado porque ya estoy muy mayor».
  • - «Éste es el premio más glamouroso, porque todo el mundo lo conoce, pero esto no quiere decir que sea el mejor».
  • - «No sé a lo que se refieren con eso, los hombres y las mujeres no son tan diferentes».

Clerks: la serie animada

Uno de los atractivos del grupo irreverente que rodea a Clerks (1994) es no sólo su gamberrismo malhablado, sino la línea generacional que retrata, esa que simula ser aún jóvenes pero teniendo que enfrentarse a las contingencias de la vida adulta. Así, no es de extrañar que la película de Kevin Smith atrajese a todo un club nada selecto de peterpans, objetores insobornables del concepto de responsabilidad más allá de los treinta.

Tampoco es de extrañar que Clerks sea fácilmente transmutable a la estética y patrones narrativos del comic más o menos adulto. Es el caso de esta serie animada, situada a mitad entre la trama que rodea a la película y la estética friki del comic underground estadounidense. Firma el guión el propio Smith, pero con una ayudita de monstruos de la talla de (guionista de series animadas como Jem, GI Joe, Batman, Superman), Paul DiniDavid Mandel (Seinfeld, Saturday Night Live) y Brian Kelley (The Simpsons, Futurama, Saturday Night Live). En fin, es de esperar que la serie ponga sobre la mesa toda la mala leche e incorrección política propias de sus padres literarios.



La serie (publicada en 2000) se clausuró en la ABC (medio para el que nació) después de la emisión de sólo dos capítulos, según parece por no tener muchos ratings. Y ahora está en DVD, pero en zona 1. Una pena, aunque a medias, ya que rueda por internet la serie entera subtitulada. 130 minutos con estos personajes sin futuro que parecen más irreales de lo que en principio aparentan. La vida misma, lejos de la farándula del american way of life.

"Dante Hicks, el escéptico empleado de una tienda. Randal Graves hace lo propio en un videoclub de al lado. Dante odia a su trabajo, odia a los clientes, y de alguna forma u otra, siempre termina trabajando en su día libre. Randal dedica la mayor parte de su tiempo a enloquecer a los socios del videoclub y a elaborar teorías de conspiraciones, que de alguna forma u otra terminan por volverse en contra de Dante. Acompañan a Dante y Randal en su rutinaria vida Jay y Silent Bob, un par de individuos que se dedican a vender fuegos artificiales ilegales frente a la tienda."

Aquí tenéis un fragmento subtitulado:



Y aquí unas escenas de la película de 1994:









Y por último, un continuador del gamberrismo de Smith (más tímido, quizá) pero aquí en España. Adivinad:




Diccionario Sentimental del Cine

¿Os hace una proposición?

Desde OjO de buey se nos ocurre que entre todos los blogs y lectores cinéfilos que poblamos el ciberespacio podríamos crear un (llamémosle así) "Diccionario Sentimental del Cine", que consistiría en enlazar entradas a vuestros blogs referidas a una palabra, concepto o expresión que os sugiera referencias de vuestra experiencia cinéfila.

No se trataría de algo técnico, abigarrado, ni siquiera con un interés crítico. Más bien se busca que dejemos que nuestra memoria sentimental del cine nos dirija por el teclado del ordenador, dejándonos llevar por imágenes, sensaciones, disgustos, y otros flashes que nos sugiera una determinada expresión o palabra. Igualmente, no es necesario, ni aconsejable, que sea una entrada larga. Sólo un adagio, una pincelada breve que refleje nuestra pasión por el cine.

Desde vuestros blogs podríais, si lo deseais, enlazar a vuestro modo esta iniciativa, con el fin de que el diccionario crezca también desde ellos y no sólo desde OjO de buey.

Para empezar y si nadie se anima antes, desde OjO de buey dejaremos en breve una entrada de "Ojos", una palabra que puede a priori inspirarnos miles de sugerencias acerca de nuestra visión del cine, escenas, detalles, personajes, etc.

Desde aquí nos comprometeríamos a enlazar vuestras entradas, cuando nos las enviarais ya sea desde esta misma entrada o vía email. Asimismo, sería un detalle y una manera de difundir nuestros blogs que los demás blogs de cine enlazaran igualmente aquellas entradas del diccionario que fueran encontrando en OjO de buey o en otro blog.

Todas las entradas del diccionario las iremos enlazando en una sección especial a la derecha del blog, aunque también las podrás encontrar en la etiqueta "diccionario". En todas las entradas irá indicado el autor y/o blog al que pertenece.

Espero que os guste la idea y que os animéis a secundarla.

Nos vemos en el cine...

Dobladores made in Spain


A menudo, cuando pensamos en la industria del cine, se nos descuelga de la lista la labor excelente de los dobladores, denostados por los puristas de la V.O. (con o sin subtítulos), aunque agradecida por la mayoría de los que no saben idiomas o no quieren leer además de ver.

Desde la estupenda web ElDoblaje he podido comprender algunos de sus problemas y peticiones. Entre ellas defienden la no injerencia de los famosos, sean o no del mundo del cine, en la labor profesional de los dobladores. Desde hace tiempo, los productores o los directores ven con agrado el doblaje de personajes
en voz de famosos a través de los cuales creen atraer con más seguridad al espectador. Desde esta web, los dobladores piden al espectador empatía con la labor de estos profesionales, así como una mayor conciencia de que un buen doblaje asegura una calidad artística mayor. Aquí os dejo un enlace para que os unáis a su petición.

Por otro lado, también reivindican la calidad del doblaje
original de una película cuando es transformada en DVD. No es raro encontrar un DVD con doblaje de pésima calidad, o sin criterios artísticos dignos. Esta petición busca aumentar la calidad y originalidad debida al autor (director) de la obra, así como asegurar a los espectadores una copia fidedigna con todos los criterios deseados por su autor en el momento de su creación.

Todos aquellos que queráis apoyar estas reivindicaciones o alguna de ellas, pinchad en las peticiones y leed más atentamente las reflexiones que los dobladores hacen acerca de la calidad artística dentro del cine. No está de más pensar que cuando vamos a ver una película no sólo nos ofrecen un modo de entretenimiento, sino una obra de arte (más o menos agraciada, pero a fin de cuentas un arte).

Youtube Proyect: Direct


Mercado y cultura se dan de la mano en una iniciativa orquestada por dos grandes firmas, Youtube (comprada por Google, al igual que hiciera con Ebay) y HP (no necesita presentaciones): su primer concurso internacional de cine en cortometraje, Proyect: Direct.

Cualquiera puede inscribirse (leed primero las bases) y mandar su corto entre el 7 de octubre y el 9 de noviembre. Jason Reitman, el director de
Gracias por fumar, y otros expertos más serán los encargados de elegir 20 finalistas de entre todos los trabajos recibidos. Desde el viernes 23 de noviembre hasta el domingo 2 de diciembre, la comunidad de YouTube emitirá sus votos sobre estos seleccionados y los ganadores se darán a conocer el 5 de diciembre.

Los vídeos deberán durar de entre 2 y 7 minutos, y cumplir con los requisitos propuestos por Jason Reitman.

Las condiciones para participar son curiosas (y todo indica que durante y después del concurso se hará un uso comercial de los vídeos):

  • Usar la frase de diálogo: “I demand an explanation for these shenanigans! What do you have to say?” [“¡Exijo una explicación por estas travesuras! ¿Qué tienes que decir?”]
  • Mostrar el acto de pasar una fotografía de una persona a otra; o a una persona pasando / transfiriendo una fotografía a un aparato electrónico (por ejemplo, una persona conectando una cámara digital a una impresora o un ordenador).
  • Hacer que el papel del actor principal refleje (en todo o en parte) un comportamiento típico de otros grupos de edad mayores (es decir, de más edad) que el suyo.

Además, todos los proyectos deben estar en inglés (no estaría de más iniciativas así para difundir el español), o al menos tener subtítulos en este idioma.
Y los participantes deben ser mayores de 18 años y ser residentes legales de uno de los países siguientes: España, Brasil, Canadá, Francia, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.

El 5 de diciembre se anunciarán los ganadores. El primer premio consiste en un viaje de 10 días-9 noches para dos personas al
Festival de Sundance 2008, donde además se podrán reunir con productores ejecutivos de Fox Searchlight, algo así como la vertiente de la Fox para acceder a un mercado más friki (independiente, que se dice ahora). Un segundo premio, una tarjeta regalo valorada en 5000 dólares. Un tercer premio, una tarjeta regalo valorada en 2500 dólares. Casi que mejor te toque el dinero, ¿no?

Aquí os dejo el vídeo promocional, presentado directamente por
Reitman e indicando las singulares condiciones de los cortos participantes.

Si alguien se anima ruego nos deje su enlace para colgarlo en OjO de buey.



Shoot 'Em Up (En el punto de mira)


Vuelve el hombre

Hace ya tiempo que la corrección política se inoculó en las entrañas del cine contemporáneo, reforzando la entronización de personajes estandarizados que, sin cuestionar ningún prototipo social, hacen más amenas nuestras tardes de cine. Pero autores como Tarantino y Rodríguez lograron atraer la atención del público especializado y de los escépticos productores, haciendo posible unir incorrección política y calidad artística (por supuesto, asegurando sin necesidad de quinielas o sibilas éxitos en taquilla).
Así, el macarrismo naïf, el macho-ismo de anuncio de colonia y la salvaje coreografía de hemoglobina virtual se venden con relativa facilidad en productos como este que nos toca.

La figura del héroe honrado en las películas de antaño, el cínico sensible ochentero, el 007 elegante y ligón (con perdón del Bond de Campbell) que corre sin despeinarse, todos dejan paso a Clive Owen, el macho que gusta a todas (y a todos). Lancôme ha visto el filón que supone ponerle esta cara (tallada con barro) a su firma. Sabe que los tiempos que se avecinan duplican su sabio cinismo, dejando todo como está, pero permitiéndose estéticas licencias de macho-ismo y defensa del gatillo facilón. ¡Cómo echa uno de menos a Harry, aunque no se lavara! ¡Cuánto!

Shoot 'Em Up es un producto eficaz, de estética metalizada, en torno a la figura del Sr. Smith (todos podemos ser Smith, como en un videojuego de primera persona), un impersonal asesino inteligente e hiperactivo que matará a decenas de indeseables sicarios a las órdenes de su antagonista, un Paul Giamatti gracioso (que no agraciado) en su papel de malo, padre de familia agobiado, y pistolón personalizado. Todo sucede de forma frenética, sin aliento desde el que tragar su agradecido metraje (86 minutos). Los personajes, caricaturas al servicio de esa acción: el duro desgarbado (a lo McClane), la devorahombres sensible (una Bellucci neumática, que pone al servicio de quien lo desee sus pechos de Circe), el malo simpático, el atrezzo de cadáveres sembrado sin pudor allá donde pisa el ¿héroe?, una música omnipresente, estridente en los momentos de orgía testosterónica, coreografiada a lo John Woo...


En fin, pasen y vean. Sucede rápido y se olvida mejor aún.


Lo mejor:

La escena erótica entre Owen y Bellucci, esquivando las balas (Eros y Thanatos al estilo Hollywood)
La presencia no tan subliminal de las zanahorias de Owen
Esa central lechera llamada Mónica




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