La BELLUCCI regresa de nuevo

Al parecer se trata de la segunda parte de la sencillota y a ratos divertida Manuale D'amore. En la primera película se relata situaciones por las que pasan muchas parejas a lo largo de sus vidas. Es la historia de las supuestas cuatro fases del amor: «el flechazo», «la crisis», «la traición» y «el abandono». A mí me gustó por afinidad generacional la segunda historia, la de los treintañeros Barbara y Marco.
Manuale D'amore 2 relata también cuatro historias con el amor como hilo conductor. Monica Belluci es la fisioterapeuta de un joven que acaba de tener un accidente de coche. El chico se enamora perdidamente de esta bella mujer a pesar de tener novia. Elsa Pataki es una guapa española de origen italiano que vuelve a Roma para presentarle su hijo a su padre. Alli tendrá un romance con un hombre mucho mayor que ella, y casado. Las otras dos historias las ocupan la pareja gay que quiere casarse a pesar de la negativa de sus padres y otra pareja que no puede tener niños y que acaba inseminándose en una clínica de Barcelona. El cine italiano parece que quiere con estas cintas resucitar un realismo dulzón que sí le funcionó a mediados del pasado siglo. Supongo que al final nos gustarán más las guindas (Bellucci y Pataki) que el pastel.
En fin, lo importante es que la Bellucci está en activo. Y eso es buena noticia para los incondicionales de la italiana, aunque tengan que morderse las uñas hasta febrero de 2007.
Comentarios
Por alusiones (soy Tanhausser) me veo obligado a confesar mi admiración por la Belluci, que va más lejos de la pasión, el coleccionismo o lo friki. Se trata de otro concepto más sublime emparentado con el arte. Por desgracia, no sólo a mí, Tanhausser, le gusta la actriz italiana. También parece que le gusta a ese chico, Vicent Cassel, y antes a miles de actores y no actores franceses, italianos y americanos. Basta verla y poseer un mínimo de criterio estético para valorarlo pues su belleza va más allá de la lujuria: es un objeto hermoso en sí mismo. Los objetos bellos se cumplen cuando son percibidos (esse est percipi) como una obra dramática se realiza cuando es representada. Este tipo de objetos han nacido y existen para ser admirados como las grandes obras de arte. Umberto Eco define el criterio de la belleza como aquel en que se considera bello un objeto sin apasionamiento, sin desear poseerlo. Es imposible no desear tal cosa __al menos en sueños__, pero creo que aun así, sin deseo, podríamos los hombres y las mujeres de este mundo apreciar un objeto bello de la naturaleza sin el ansia mezquina de poseerlo, basta con contemplarlo. Del mismo modo ocurre con los fiordos, las simas, los abismos oceánicos, los desfiladeros, el mar o la Belluci.
Y otro día hablaremos de cine.
Pero bueno, esta característica en el fondo es aplicable a todo deseo, incluida la buena mesa. ¿Quién recuerda los platos que degustó en vida por los huesos que quedaron tras el festín? Nadie. Los recordamos impolutos, en toda su lozanía, invitándonos una y otra vez a ser devorados. Todos preferimos la virtual imagen de una carne sabrosa a la esmirriada presencia del hueso desnudo de su alma concupiscente.
Que así sea.
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