El truco final (El prestigio)

Prometeo begins
Christopher Nolan nos sitúa no se sabe bien si a finales del siglo XIX o ya entrado el iluminado siglo XX, pero uno sabe desde el principio que el dominio de la tecnología se apoderará muy pronto de toda actividad humana, incluida el aún virginal por entonces séptimo arte, precedido por las escénicas ilusiones de los magos de salón. Aunque la magia se diferencie de la ciencia en que aquélla se concentra en la ilusión creada en el espectador de que lo que ven va más allá de la ciencia, el saber científico basa su poder en el desvelamiento impúdico del truco, revelado ya como una ley más de la naturaleza. Sin embargo, en manos del saber tecnológico ambas disciplinas, magia y ciencia, devienen en puro y banal artificio a mayor gloria del mercado, muy a pesar de la el ilusionado optimismo del mago o del científico. Y es ahí donde esta película se presta con acierto a una nueva reflexión acerca de los efectos perversos del progreso tecnológico –incluida la posibilidad de clonar humanos-, a través de la mirada de estos dos magos, entregados hasta la muerte a la pasión irracional con la que sienten su arte. La competitividad entre ellos es tan voraz que fagocita como un agujero negro todo lo que se menea a su alrededor, amplificada aún más por la dependencia que tienen de los sistemas tecnológicos emergentes en los que basan la innovación de sus trucos.
Esta feroz dependencia de la tecnología se hace patente como una verdad de perogrullo en el arte cinematográfico, que muy lenta pero fatalmente irá desplazando de su trono al teatro (incluida la magia de salón), que no posee ni de cerca la capacidad de asombro que destila en cada fotograma el cine. De hecho, el séptimo arte se revelará como un espectáculo mágico para los primeros espectadores de inicios del siglo XX, que absortos no saben aún separar la ficción de la realidad debido al desconocimiento de esta nueva técnica. Este arte, al que muchos se entregarán con denodada pasión, se convertirá muy pronto en un palomitero producto de mercado globalizado en manos del viento que mueven las grandes multinacionales del audiovisual, y cada vez más afín a los nuevos descubrimientos técnicos en esta materia (véanse si no todos los avances en animación digital y efectos especiales).
Nolan se hace eco de este hecho, abordando el conflicto trágico entre arte y técnica a través del devenir de estos dos magos. Como Prometeo, poseen un entusiasmo casi infantil en lo que hacen, sin apreciar que un fáustico enemigo los devorará como castigo a su atrevimiento. De hecho, no es exactamente el arte lo que buscan los magos de esta película: es el conocimiento, el árbol de la ciencia, el desvelamiento del truco, la llave que fascine al mundo. Y por ello pagarán un triste tributo. Si Nolan hubiera sido malo, malo, ni siquiera hubiera permitido que el padre (no sabemos si el biológico) recuperara a su hija. Pero ya se sabe que las productoras (en este caso, Touchstone y Warner Bros.) no quieren que la gente salga del cine despotricando contra un final jodido. Para tragedias ya tenemos este mundo y sus telediarios.

A él le debemos también que hoy tengamos en nuestros enchufes corriente alterna, y no continua como defendía Edison –gracias a Dios, la propuesta de Tesla era más barata para el contribuyente-. Edison se encargó durante mucho tiempo de desprestigiar a Tesla, diciendo que era peligrosa y que podía electrocutar con facilidad a cualquiera. En 1888 el gobernador de Nueva York firmó el decreto que establecía la silla eléctrica como método legal de ejecución de criminales. Y se eligió la corriente alterna. Esto indignó a Westinghouse (que le compró la patente a Tesla), quien se negó a prestar sus aparatos para matar delincuentes. No quería que su sistema quedara asociado con la muerte.
Hasta el propio Marconi le debe a Tesla su radio, y ya tenía preparado un invento similar al televisor actual. En 1912 le otorgan el premio Nobel de Física, pero amargado por que este había sido otorgado antes a Marconi por ¿su? invento lo rechazó.
Pero lo más sorprendente es que Tesla no era un inventor al uso, más bien se trataba de un ingeniero místico, obsesionado con acercar al ser humano a sus raíces naturales a través de la tecnología. Nada más alejado del uso actual de los sistemas tecnológicos, cada vez más nocivos para el medio ambiente. Según Tesla, en el Universo todo es energía, y así todo está íntimamente ligado, o puede estarlo, si el ser humano lo quisiera. No es el caso de nuestros protagonistas.
Igualmente, Tesla soñó que llegaría un día en el que todo ser humano dispondría de electricidad gratis –versus el sueño mercantilista de Edison y sus secuaces, tan sucinta como meridianamente retratados en la película-. Otro sueño de ciencia-ficción. Si no, mirad vuestras facturas de Endesa. El mismo Tesla llegó a decir en cierta ocasión: “El conocimiento absoluto en manos de aquel que no tiene tierno el corazón, se convierte en un arma terrible.” Por eso quizá eligiera Nolan el sacrificio del amor como ingrata contrapartida al prestigio que da un buen truco, no como una triste pero bonita historia romántica, sino como catarsis que nos desvele lo crueles que nos hemos vuelto desde que Prometeo robara ¿para nuestro bien? el fuego a los dioses.
Nolan toma su película de la famosa novela "El Gran Truco", de Christopher Priest, quien utiliza el personaje de Tesla convirtiéndolo en inventor de un ingenioso (y mortal) aparato eléctrico utilizado por uno de los ilusionistas que protagonizan la historia. Y hoy en día incluso la comunidad científica ha terminado por rendirle honores dando su nombre (“el tesla”) a la unidad de medida de densidad de flujo magnético, que se emplea para calibrar las máquinas visualizadoras de resonancia magnética.
De la prometeica ingenuidad de Tesla quedan estas palabras: "En un futuro próximo veremos una gran cantidad de aplicaciones de la electricidad: Podremos dispersar la niebla mediante fuerza eléctrica. Centrales sin hilos se utilizarán con el propósito de iluminar los océanos. Se conseguirá la transmisión de imágenes mediante hilos telegráficos ordinarios (transmisión sin hilos de inteligencia y energía). Otra valiosa novedad será una máquina de escribir operada mediante la voz humana. Tendremos eliminadores de humo, absorbedores de polvo, esterilizadores de agua, aire, alimentos, y ropa. Se convertirá en imposible contraer enfermedades por gérmenes y la gente del campo irá a las ciudades para permanecer allí. Transmisión de energía sin hilos (producida por generadores ambientalmente compatibles) para que el hombre pueda solucionar todos los problemas de la existencia material. La distancia, que es el impedimento principal del progreso de la humanidad, será completamente superada, en palabra y acción. La humanidad estará unida, la guerras serán imposibles, y la paz reinará en todo el planeta."
En el fondo, El truco final defiende la tesis no menos ingenua, pero temporalmente consoladora, de que sólo el arte -cuando es tomado sólo como lo que es- se convierte en un arma prodigiosa contra los absurdos. Ójala sea cierto, y nunca despertemos del embrujo que genera sobre nuestra mente la magia de este buen truco.
TRAILER
Nos vemos en el cine...
Comentarios
El primer tercio está muy bien, con la presentación de los personajes, su interrrelación y el truco que desencadena la cruenta y bastante estúpida guerra entre los dos protagonistas.
Y cuando parece que el espectador quedará arrebatado ante la curiosa y rica historia, comienza una narración oscura, como he dicho antes, farragosa, donde todo se confunde y la credibilidad brilla por su ausencia.
Y es que, tal y como sucedía en la superior "El ilusionista", en este tipo de filmes, el envoltorio puede ser más importante que lo que hay dentro, pero cuando hay sobre todo humo (envuelto en muchos rayos debido a la electricidad, invento de finales del siglo XIX, que tanta importancia tiene en el filme y en la historia de la Humanidad), la historia se resiente, dejando toda la fuerza y razón de ser en el truco final, en la finalización de la historia. Y esta no puede ser más desilusionante. Algo que se escapa a la magia y entra en lo cotidiano, en lo estrictamente real y humano. Algo, por otra parte, bastante previsible pues no podría ser otra cosa, aunque se la haya revestido anteriormente con ropajes de fantasía y ciencia ficción.
Estéticamente hay escenas bellísimas, como el momento de la introducción de un ataúd en un nicho. En cuanto a la ambientación, se nota un esmerado trabajo en cuanto a la dirección artística, así como en el vestuario y peluquería y maquillaje.
Sin embargo, el guión tiene bastantes agujeros y la dirección de Nolan, toma un impulso respecto a su anterior filmografía, pero para atrás. El ritmo comienza siendo bueno pero más tarde todo se supedita a preparar al espectador a un final "abracadabrante", ilusionándole en vano, visto su bastante menor resolución.
En el capítulo interpretativo, las tres actrices se comen con patatas a los protagonistas, con un Hugh Jackman, especialmente mediocre, muy por debajo de su, por otra parte, difícil papel.
En defintiva, en lo que a mi respecta, "The Prestige" me ha supuesto un menor entretenimiento, que no me ha aburrido, eso no, pero sí decepcionado, hasta el punto de que se me habrá olvidado dentro de una semana o así. Como si no hubiera visto nada.
Travis
Le tenía muchas ganas a esta película. Me atraía la temática, el director y el reparto. Y la verdad que no me ha defraudado.
La estructura temporal es un poco ambigua, eso sí, pero llegas al final de la película sin haberte perdido casi nada.
Es verdad, tanto rizar el rizo es un recurso que acaba perjudicando la impresión general de la película, pero el amigo Nolan merece la pena.
Saludos.
La interpretación de Bale es siempre de agradecer, aunque esta vez esté más bien escasita de registros dramáticos. Lo mejor sin dudas se concentra en los personajes de la mujer de Bale -una Piper Perabo que por fin sale de subproductos para adolescentes-, el siempre correcto con sólo respirar Caine, y la revelación de un Bowie magníficamente contenido en el corto papel de Tesla. La Johannson no me convence; será que mi mente se nubla más allá de sus enaguas.
Por lo demás, es evidente que la fuerza de la película recae sobre la factura técnica y artística. Su ambientación es fascinante, y es quizá ahí donde debía Nolan haber subrayado el montante del guión. Por eso quizá sea de esas películas que sugieren más de lo que dan, y obligatoriamente nos remiten a otras cintas de mayor calado. No dejo de pensar por ejemplo en la clásica Frankenstein de James Whale (incluso si me apuras al Frankenstein de Kenneth Branagh), que ya toca el tema de la fascinación por las emergentes tecnologías del recién nacido siglo XX y sus peligros éticos. Lo grande del cine es que se enebra en nuestra mente como una red tupida de relaciones que te llevan más allá de lo que ves, no sólo como películas aisladas que te fascinan. Por eso esta película me gusta; porque me hace recordar otras que me encantaron o me hace pensar en cosas que he olvidado o creí saber.
Por cierto, os recomiendo el estupendo blog de TRAVISMAGEE "filmsencajatonta.blogspot.com"
Nos vemos en el cine...
Ojito y coautores, me gustaría que comentéis algo acerca de la siguiente peli: THE HUNGER EE.UU 1983 DIRECTOR TONY SCOTT. Si no la habéis visto os invito a ello.
Un saludo y hasta muy pronto.
Nos vemos en el cine...