El cielo protector

"Mientras miraba el jardín en calma tuvo la impresión de que por primera vez desde su infancia veía claramente los objetos. De pronto la vida estaba allí; ella no la miraba a través de la ventana, estaba adentro. La dignidad que nacía de sentirse parte de su poder y de su grandeza le era familiar, pero hacía muchos años que no la sentía. (...) Pensó: 'Jamás volveré a ponerme histérica'. Pensó que nunca más en la vida volvería a sentir ese tipo de tensión, ese grado de preocupación por sí misma."
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Esta poesía existencial, aderezada del encanto de un país exótico como Marruecos, atrajo a personajes como Visconti, Capote, Kerouac o Ginsberg, que terminan inmersos en crisis de identidad bajo la inmensidad del desierto y de la mano de Bowles como cicerone. Pero sólo llega al público mayoritario a finales de los ochenta, de la mano del entusiasta del paisaje y otros mundos, Bernardo Bertolucci, que la adaptó al cine con la aprobación del Bowles. Éste incluso prestó su voz para el narrador en off.
"Creo que los dos tenemos miedo de lo mismo. Y por una misma razón. Nunca hemos conseguido, ninguno de los dos, entrar en la vida. Estamos colgando del lado de afuera, por mucho que hagamos, convencidos de que nos vamos a caer en el próximo tumbo.
(...)
Estaba en algún lugar; para regresar de la nada había atravesado vastas regiones. En el centro de su conciencia había la certidumbre de una infinita tristeza, pero esa tristeza lo reconfortaba porque era lo único que le resultaba familiar."
Para quien tenga un día poco receptivo a mensajes profundos o sea enemigo del cine donde se nota demasiado la mano nada inocente del libro de referencia, El cielo protector no es su película. A mí cuando la vi me debió coger sin defensas o en la edad susceptible a recalar en las angostas aguas del existencialismo. Lo cierto es que me encantó (ésta es la palabra más ajustada). Años más tarde volvería a pasear por sus paisajes y diálogos como quien degusta a placer sensaciones aún no perdidas en la memoria y que sabe que en su día fueron dulces. Ya no fue lo mismo, pero no por ello dejé de disfrutar, sólo que con el paso del tiempo y pocos pero decisivos años, la película se me hizo más amarga, menos narcótica que en mi primer visionado. Y creo que la voy entendiendo, aunque lo suyo sea verla cuando los años pesen y el tiempo pierda la elasticidad de la juventud. El cielo protector es una obra adulta, que requiere cuando menos sentir el peso de la experiencia propia, con su aciaga crueldad y su insolente (de tan breve) felicidad. Entonces uno se torna viajero, y menos turista.
No dejéis de verla. Es una película para dejarse posar sobre ella, sin prisas, y a su paso releer en nosotros las grietas de la memoria, con sus dobleces y sus desiertos, inmensos, donde perderse y creer durante un instante que somos dioses, o que lo fuimos.
"Apoyando la cabeza en el regazo de Kit, contempló el cielo claro. De vez en cuando, muy suavemente, ella le acariciaba el pelo. El viento subía cada vez con más fuerza. Lentamente, la luz del cielo perdía intensidad. Kit echó una mirada al árabe; no se había movido. De pronto le dieron ganas de regresar, pero se quedó absolutamente inmóvil mirando con afecto la cabeza inerte en la que se posaba su mano.
-Sabes –dijo Port, y su voz sonó irreal, como ocurre después de una larga pausa en un lugar perfectamente silencioso-, el cielo aquí es muy extraño. A veces, cuando lo miro, tengo la sensación de que es algo sólido, allá arriba, que nos protege de lo que hay detrás.
Kit se estremeció ligeramente.
-¿De lo que hay detrás?
-Sí.
-¿Pero qué hay detrás? –preguntó Kit con un hilo de voz.
-Nada, supongo. Solamente oscuridad. La noche absoluta."

Y atención a la banda sonora, de Ryuichi Sakamoto,que ya trabajara con Bertolucci en El último emperador o El pequeño buda, o en Tacones lejanos de Almodovar. Contribuye a esta música también Richard Horowitz, recreando músicas del norte de África. Pero lo que nos deja boquiabiertos es la siempre deslumbrante fotografía del maestro Vittorio Storaro. Recordemos que detrás suya están delicias visuales como Apocalypse now, Dick Tracy, Flamenco y Tango de Saura, o la enciclopédica Novecento. Podríamos prescindir del guión, podríamos ver la fotografía y escuchar su música sin saber qué dicen sus personajes, y la belleza –objetivo perseguido en toda la filmografía del italiano- brillaría sola. El desierto, ese espacio sin origen ni meta, es el personaje sobre el que caminan los personajes, como el horizonte dorado de los campos de Castilla o los ríos que van a dar a la mar de Manrique. Será por eso, como sentenciaba la Yourcenar, que los dioses le tienen envidia a las obras de los hombres, porque rutilan fugazmente pero no antes de iluminar e iluminarse con soberbia energía...
"A partir de cierto punto, no hay retorno posible. Ése es el punto al que hay que llegar"
Aforismo de Kafka usado por Bowles como epígrafe en El cielo protector
Nos vemos en el cine...
Comentarios
Saludos.
No es redonda, y reconozco que no la recuerdo con excesivo cariño, pues cuando finalizó yo ya estaba un poco hartito de ella, pero reconozco también que posee imágenes bellas. Y la lección interpretativa de la pareja protagonista es de altos quilates.
Un afectuoso saludo.
Travis (Iñaki)
Buena idea la de un especial sobre la música en el cine, aunque ya hay algún que otro artículo que aborda el tema de refilón o por referencias. Te animo a que pienses en alguna película que te parezca representativa en ese sentido y escribas algún artículo.
Veo que escribes siempre en respuesta a artículos ya publicados. Si deseas escribir como articulista, enviame un email a rbesonias@telefonica.net y te haré una invitación. Anímate, y si no seguiremos disfrutando de tus jugosas sugerencias.
Nos vemos en el cine...