Zodiac

Retrato de una obsesión
Cuando uno ve esta película sospecha que una de las posibles razones que pudieran haber llevado a nuestros exhibidores a retrasar su estreno en muchos cines de España se debe a que -pese a lo esperado por un espectador poco informado, o simplemente confiado en la efectiva pero crematística motivación de quienes realizan los tráileres promocionales- no estamos ante uno de esos productos con asesino inteligente a lo Lecter y policía aún más avispado a su caza. Nada más lejos de lo que nos ofrece Zodiac, cuyo largo pero excelentemente montado metraje se dedica tan sólo en los treinta o cuarenta minutos iniciales a describir –sin sanguinolencia ni sadismos visuales, y sí con una pausada serenidad que inquieta e incluso pone los pelos de punta (¡eso sí que es sadismo premeditado!)- los asesinatos del Zodiaco, basados en hechos reales acaecidos en California a finales de los años sesenta.
Cinco víctimas, cuatro criptogramas, cartas a la prensa, revelaciones en directo a la televisión, más de treinta años de investigaciones, algún sospechoso pero ningún detenido. Un cóctel que hubiese dado para guiones jugosos de cara a la taquilla si se hubieran centrado en el punto de vista del asesino, o en la dialéctica del policía tras la pista de un ingenioso criminal. Pero no, Fincher decide apostar -ya lo hizo, aunque en un tono más oscuro, en Seven- por un guión más sereno, clásico si cabe, que va tejiendo sin prisas (como la propia investigación que describe) una trama teñida de pistas falsas y señales esperanzadoras que pronto nos vuelven a alejar de una verdad nunca aclarada del todo, y a la que sólo cree poder llegar quien persevera, aunque deje en el camino su vida privada y su salud.
Zodiac escapa del género de asesinos y policías, decantándose sin reparos por ofrecer un cine casi documental, frío aunque de trama inquietante (centrada en la obsesión de Graysmith y Toschi, y el cirrótico Avery), que analiza el puzzle que esos pocos hombres raros (es decir, arriesgados para lo que sus contemporáneos aguantarían) buscan desmadejar, pese a su dificultad, con el fin de poner nombre y apellidos a un esquivo asesino con ínfulas de showman del terror o Einstein de los acertijos. Esta opción de Fincher aburrirá a los aficionados del policíaco más y menos bizarro (teniente Callahan incluído), pero hará las delicias de todo aquel (incluido quien escribe) que esperaba un cine de investigación al estilo setentero de Pakula o Frankenheimer. Por cierto, el siempre correcto y muy discreto David Shire firma la banda sonora de Zodiac (hasta ahora Fincher se fiaba de Shore), como ya lo hiciera con Todos los hombres del presidente, o La conversación (Coppola, 1974).
Esa discreción narrativa y ese distanciamiento emotivo no quitan que el creador de Seven nos vuelva a encoger el estómago en esas excelentes escenas de los asesinatos, extraordinariamente planificadas con el fin de dejarnos sin aliento a la espera del (fatal) desenlace. Pese a la frialdad del proceso de investigación que plantea la película, el ritmo se mantiene y nos obliga a buscar con sus protagonistas si realmente es o no quien creemos el asesino del zodiaco. Ya no deseamos saber quién es por lo brutal de sus crímenes (que ya casi olvidamos a la hora y media de metraje), sino por la pura obsesión de cerrar la película en una certidumbre que nos consuele. Como es de esperar, tanto la realidad como la ficción son en este caso más obscuras y decepcionantes de lo que esperábamos.
Por otro lado, cabe destacar las estimulantes referencias cinéfilas que abonan Zodiac. De hecho, la misma película gira en torno a la ficción (los deseos, para ser más exactos) como detonante de las acciones humanas. La película de Fincher recrea las investigaciones noveladas en el libro del perspicaz dibujante (y boy scout) Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal bordando de nuevo el papel de rarito, tras esa joyita llamada Donnie Darko). El asesino del zodiaco trabaja de proyeccionista en un cine y queda impresionado por la película El malvado Zaroff (Pichel y Schoedsack, 1932), buscando más tarde reconocimiento mediático a través de la prensa y la televisión. El policía Toschi (un contenido y creíble Mark Ruffalo) acaba sirviendo de musa del sucio Callahan de Eastwood o el McQueen de Bullit (¿será por el pistolón?).
Fincher es pesimista. Los seres humanos buscamos fantasmas que quizá ni existan, y al final somos víctimas de nuestras propias pasiones, como el asesino del zodiaco, como los tres detectives, como el irascible personaje de Brad Pitt en Seven, como yo, como tú.
los sospechosos
Lo mejor:
- La forma de rodar los asesinatos .
- Los planos aéreos de la ciudad.
- La escena del encuentro con el (supuesto) proyeccionista.
- La escena del asesinato frustrado de la madre y su bebé, con esa terrorífica elipsis.
- Ese arranque con el tema Easy To Be Hard, de los Three Dog Night, y una ciudad iluminada, casi optimista, de unifamiliares y adolescentes que escuchan a Donovan o las baladas rosas de Lynn Anderson y su Rose Garden.
- La caricatura de los desnudos de Yōko Ono y Lennon en la redacción.
Nos vemos en el cine...
Comentarios
Me ha gustado lo que estoy viendo del blog, así que me volveré a pasar por aquí!!
Saludos y ¡¡hasta pronto!!
Me han dado ganas de ver, leyendo tu comentario.
Un saludo.
;)
Sumo mis pareceres: "...El género es casi parodiado en Zodiaco. Varios lugares comunes del policial son considerados y abandonados por una visión, para mi, más realista (y que, creo, puede generar cierta empatía con los espectadores argentinos). La policía y la justicia americana no tiene, en Zodíaco, la celeridad, organización y recursos a los que estamos acostumbrados por el cine y las series de TV. Fincher habla de burocracia a través del ridículo. Pero también son repensados y parodiados los clichés del periodista, del sospechoso, de las escenas de secuestro (la escena del asesino y la pareja junto al lago, una de mis preferidas)...".
En: http://frenecine.com.ar/2007/05/zodaco-de-david-fincher.html
Saludos.