Deborah Kerr

América pierde -todos perdemos- a una de sus niñas adoptivas (premio honorífico de la Academia en 1994), traída de Escocia hasta Hollywood para suerte nuestra. Deborah Kerr es Deborah, la devoradora, una hembra rubia de esas que inventó el cine de los cincuenta para lubricar nuestros sueños, pero es también Kerr, la madre, la esposa, la modosita (como la Deneuve, pero sin tan mala leche). Deborah Kerr es aquella madre curvilínea de aquel amigo al que todos envidiábamos tener en casa a alguien así, que te castigara las nalgas o arropara por las noches...
En la pantalla la Kerr no es nadie sin la Devorah, pero sin la Kerr, la Devorah sería una rubia más sin mirada ni diccionario, como la Harlow. Y si no revisitad Narciso negro (1946), con una Kerr monjita que se suelta el hábito, dejando salir la Deborah que lleva dentro. Y cito Narciso negro porque De aquí a la eternidad ya está clavaíta en nuestra retina, y pa' qué decir na'. Pero para reflejar esa contención sexual nada como Sospecha (The inocents), en el papel de esa Mary Poppins a lo James (no el Joyce, sino Henry) y con guión de Capote. Yo me quedo con esa imagen tuya de puritana que ni la Kidman supo superar en Los otros.

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