Soy leyenda

Sobrevivir al 11-S
La generación de Matheson (novelista) y Lawrence (director y productor) leía libros, además de ver películas. Ambos, como el que escribe estas líneas, se inoculaban en sus ratos libres inquietantes relatos de terror y ciencia-ficción, y películas de serie B que hoy -muchas de ellas- se reconocen como referentes culturales. En aquellas historias encontrábamos buenos ratos de acción y miedo, además de sugerentes metáforas sobre el mundo y nosotros mismos. Sin embargo, la generación para la que está narrada la historia de I am legend es una generación que ya no lee (o apenas), pero que devora fotogramas de cine made in USA siempre que puede. Y eso se nota en el ritmo y falta de valentía con la que se manejan los guiones de producciones como esta de la que hablamos.
Soy leyenda es una producción eficiente, como muchas tantas con las que se nos pretende hacer vivir unas Navidades más llevaderas. Para ello se toma como referente un reclamo literario que conozca el espectador, y si no sabes quién era Richard Matheson pues no te preocupes, añadimos como gancho publicitario la presencia de Smith (en plan nuevo héroe americano) y su estilazo hiphopero, deslizando su tipazo de gimnasio por una Nueva York apocalíptica pero digna, acompañado de su perrita Sam. El resto lo hacen unos efectos especiales que hipnotizan al más escéptico. Y ya está. Éxito asegurado.

Soy leyenda no será un producto perdurable en la memoria del espectador español, y mucho menos como aportación al género de terror o ciencia-ficción. Pero esto no desmerece un trabajo técnico inmejorable, algunas escenas inquietantes, y deja de contar. Si intentamos apoyarnos en su referente literario las comparaciones se revelarán más que odiosas. En la novela corta de Matheson no hay ni héroe científico, ni más supervivientes donde apoyar la trama, ni vampiros con cerebro, ni final made in USA. Matheson subraya la soledad del personaje, sin metáforas políticas post 11-S. Se centra en los aspectos psicológicos de Neville y aprovecha el icono del vampiro para dotarlo de mayor realismo científico y sugerir una jugosa reflexión sobre el concepto de normalidad social y sus efectos perversos.
En la versión de Lawrence no hay apenas enfoque psicológico, pese a que el guión comience sugiriendo lo contrario. En ese sentido destaca la escena del videoclub. Pero pronto la acción deviene en lo que nunca debió de simular no ser: puro espectáculo excesivamente aderezado de una tramposa propaganda política con un nada ligero colorido conservador.

Cierto es que el director podría haber aprovechado el potencial del libro de Matheson para sugerir una potente metáfora sobre la aceptación del otro en situaciones de miedos o prejuicios socialmente aceptados. Pero no. Va más con el estilo de la era Bush acabar administrando a todo bicho viviente la vacuna del liberalismo conservador.
¿Dónde está entonces la novedad de Soy leyenda? Pues nada menos que en la curiosa relación que establece el guión entre el supuesto escepticismo del ciudadano neoyorquino tras los atentados del 11-S y una historia de terror y ciencia-ficción convencional. "Me llamo Robert Neville. Soy un superviviente en la ciudad de Nueva York. Si hay alguien ahí, por favor... No estás solo". Este es el mensaje desesperado que lanza por radio el protagonista a quien pudiera quedar vivo. El doctor Neville sobrevive en una ciudad fantasma, desolada, una zona cero perpetua, amenazada por seres infectados, deshumanizados. "Vengo a poner luz a la oscuridad", afirma un spot promocional.
Y por lo menos se permite dar el papel secundario (a modo de ángel anunciador de esperanza) a un personaje brasileño (¿un guiño diplomático a Lula?), que si bien servirá de Viernes a un Crusoe deprimido por la soledad, no deja de ser mero beneficiario de las bendiciones del sacrificado amigo americano.

El director, Francis Lawrence, dibuja con esto una no tan tenue (y por supuesto de una corrección política que pone los pelos como escarpias a todo espectador atento) metáfora sobre el supuesto estado de ánimo de todo estadounidense que se precie como tal (patriótico, para ser más exactos), amenazado por la desesperanza del terrorismo en su propia casa. Y a su vez reproduce por enésima vez la megalómana iconicidad del héroe redentor americano, siempre dispuesto a dar su último aliento en pro de un mundo libre.
No temas, americano. La ciencia y nuestra fe inquebrantable en nuestro estilo de vida nos harán resistir y al final ganar la guerra a este virus. Para esa empresa contamos con el mejor, un héroe que pese a ser humano, no se deja llevar por el desaliento y sus esfuerzos al final darán su fruto. El objetivo es levantar la moral a una América desencantada por tanto discurso crítico, que más que ayudar genera descontento y apatía. Dejémonos de patrañas comunistas y confiemos en papá Estado, que vela con amorosa justicia los designios de un país nacido para triunfar (con la ayuda de Dios, por supuesto).

Pero ¡qué puede importarnos a los espectadores europeos una lectura política de lo que es mero espectáculo! Mejor tomarse Soy leyenda como una más de palomitas, pero sin chica enseñando curvas (la perra Sam no cuenta). Y que siga todo igual, que para eso tenemos a USA protegiendo el mundo libre y ofreciendo diversión a nuestras tardes de Navidad. Cuando entres en el cine, deja el cerebro fuera.

En fin, siempre nos quedarán las estupendas novelas de Matheson. Para quienes no hayan leído a este autor emblemático de la ciencia-ficción de los cincuenta, quizá les interese saber que numerosas obras suyas han sido llevadas al cine con mayor o menos acierto. Cabe destacar El diablo sobre ruedas (Spielberg, 1971) -ambas de corto formato pero eternas en la memoria-, El increíble hombre menguante (Arnold, 1957) -quizá la más sugerente de todas y la más cercana a la temática de I am legend-, El último escalón (Koepp, 2000) -una película inquietante, pero absorbida por el fenómeno El sexto sentido-, Más allá de los sueños (Ward, 1998), En algún lugar del tiempo (Szwarc, 1980).
Comentarios
http://es.youtube.com/nodigasnadapeli
¿Por qué no un Robinson apocalíptico? ¿Por qué no el día a día de ese único hombre vivo sobre la faz de la tierra? ¿Por qué haber desterrado el tono existencial cuando es lo más importante? ¿Qué hacen con nosotros, los amantes de la ciencia-ficción, que esperamos estas cosas existenciales? Tiene más delito aún cuando te venden la película diciendo que es pura ciencia-ficción, sin aderezos ni paños calientes. ¿Qué narices va a ser ciencia-ficción esto? La ciencia ficción es una cosa seria, existencial, y si hay que morirse se muere hasta el apuntador, da igual. Y si al final dominan la Tierra los bichos, los simios, los marcianos o los robots pues no pasa nada. Hemos perdido los humanos, pues hemos perdido, a joderse y para casa.
Porque si no, cómo nos vamos a tomar en serio esos zombis, o por qué los perros zombis, superrabiosos, sólo atacan a los perros y las personas no contagiadas; si fuesen tan violentos atacarían a personas y perros infectados. O se atacarían entre ellos. En fin, una lástima teniendo en cuenta las enormes posibilidades del film.
Quiero subrayar también las semejanzas de esta película con 28 días, del director de Transformers, aunque me quedo con Soy Leyenda por el despliegue de medios y por ser Nueva York, que es más cinematográfica que Londres.
Una última cuestión: un guión serio hubiera consistido, a mi juicio, en describir la organización de la vida del héroe y sus aventuras por la ciudad (sin zombis, ¿o es que no puede haber aventuras sin enemigos localizados, a ver, a estrujarse el cerebro, guionistas, vid. Náufrago, por ejemplo, no hacen falta antagonistas para haber aventuras en este tipo de contexto?) alternándolo con imágenes en flash-back de los primeros días de la epidemia. Fíjate qué sencillo, qué efectivo y qué respetuoso con los amantes de este noble género. Si ya lo aderezas con un mensaje existencial, miel sobre hojuelas.
En fin, una pena,aunque admito que por momentos disfruté de la magia hipnótica de las imágenes de esta película.
He ido también a ver La brújula dorada, y estoy escribiendo algo para una entrada, pero esperaré un poco a ver si se me pasa la indignación y le puedo quitar alguna crítica a la película pues no logro ensartar dos ideas sin intercalar un insulto. ¡Ay! En fin, siempre nos quedará Ridley Scott. Estoy contando los minutos para el estreno de American Gansters. Tengo buenas vibraciones.
Un fuerte abrazo a todos y un año de cine para todos.
Tanhausser
Yo no me he leido el libro y la película me ha gustado. Sin dejar de tener el sello "made in USA" contemporaneo, me pareció un análisis interesante sobre la soledad. Podía haber ido más lejos, pero por otro lado viene bien que no lo haga. Así se puede o te pueden descubrir después, que la soledad del Dr. Neville, más que el resultado de una catastrofe, es su autoconvencida elección personal.
Se puede ver desde aquí o bien descargarla.
http://www.archive.org/details/the-last-man-on-earth