Infiltrados, de Martin Scorsese

Gozoso y esperado regreso de Scorsese al cine con mayúsculas. Y lo hace como mejor sabe: recuperando sus temas preferidos, sus personajes de difícil digestión, de moral difusa y dilemas shakesperianos. Ya en Uno de los nuestros nos mostraba a mafiosos que disfrutan de lo que hacen y salen ilesos del intento. Quién no salió de esa película diciéndose: ¡joder, qué bien se lo montan estos tíos, quién fuera uno de los suyos! Una voz en off que comienza diciendo «que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, quise ser un gángster» nos mostraba la entrada, auge y decadencia de un joven mafioso, hijo de padre irlandés y madre siciliana, testigo de la vida de poder, honor y respeto que llevan los gangsters que habitan en su barrio, en una zona de Brooklyn donde son mayoría los emigrantes, y que está bajo la protección del patriarca de la família Pauline, Paul Cicero. Y es desde esta fascinación del niño inmigrante por el padre poderoso e inmoral desde la que vuelve a arrancar una historia de los nuestros igual y diferente a la película de 1990. Sin embargo, la de ahora es una narración más psicológica y de múltiples lecturas, aunque igualmente física y voraz. Reaparece la figura del padre todopoderoso y fagotizador de la mano de un Jack Nicholson soberbio y por suerte exagerado. Y reaparece también la figura del niño-apadrinado que sigue el rastro del que manda a cambio del poder que le brinda estar entre los buenos, pero seguir siendo de los nuestros (los malos).

¿O es al reves? Porque en esta historia la moral es confusa. Frank Costello es el malo, pero sin embargo parece un ser íntegro, entregado a su lógica desmadrada con una disciplina matemática. Por el contrario, los infiltrados son ratas de ciudad, que mienten por mantener su identidad. Hay en esta transmutación moral un juego de apariencias que es parte integrante del cine de Scorsese, empeñado en todas sus películas -recordad La edad de la inocencia o Al límite- por desvelar lo alienante que puede llegar a ser la sociedad moderna, embruteciendo cualquier alma inocente. Sólo los seres sin arma pueden recuperar su alma. Esta es la historia de EE.UU., frente al pensamiento conservador de la nueva América de la era bushiana.

De ahí que Infiltrados adquiera de inmediato el tono de una determinista tragedia griega, donde la muerte se asume como fatal, fruto de los actos acumulados por los hombres. La imagen final de una cúpula dorada coronando el cielo de la ciudad,
la misma cúpula que tanto fascinaba al niño-inmigrante ya convertido en un hombre al servicio del poder, es una simplista pero aplastante demostración de que Scorsese quiere ser maduro, mostrar y también demostrar la lógica del poder norteamericano, su fascinación en una generación de inmigrantes que decidieron caminar por el lado oscuro de la vida. Esta tragedia es parte de la historia de EE.UU., como ya se encarga Scorsese de destacar en la edulcorada Gangs of New York, o como en gran parte de la historia del cine de gansters norteamericano (El Padrino, Érase una vez en América, el Scarface de Brian de Palma, etc.) Quién no recuerda esa bienvenida de la Estatua de la Libertad a un puñado de inmigrantes tan hambrientos como ilusionados en El Padrino de Coppola. El mismo escritor Mario Puzo fue hijo de inmigrantes italianos pobres. Sin la elegancia del padrino de Coppola, Brian de Palma replantea el mismo tema, la misma situación, pero desde el exilio alentado por Castro de miles de cubanos -la mayoría de ellos repudiados por delincuentes, homosexuales o disidentes políticos- a las puertas de un Nueva York del que sueñan un futuro próspero. Pero pronto la ensoñación se torna en una pesadilla de la que saldrán por la puerta grande. El sueño del capitalismo produce monstruos. Esta es la lección del género. Y el cine ha hecho de esta tragedia arte, pura belleza extrema.

TRAILER



BANDA SONORA

1. Let It Loose - The Rolling Stones
(Impresionante el inicio con un Nicholson haciendo de maestro de ceremonias)

2. Comfortably Numb - Rogers Waters feat. Van Morrison & The Band
3. Sail On, Sailor - The Beach Boys
4. Sweet Dreams - Roy Buchanan
5. One Way Out - The Allman Brothers Band
6. Baby Blue - Badfinger
7. I'm Shipping Up To Boston - Dropkick Murphys
8. Nobody But Me - The Human Beinz
9. Tweedle Dee - LaVern Baker
10. Sweet Dreams (Of You) - Patsy Cline
11. The Departed Tango - Howard Shore Featuring Marc Ribot
12. Beacon Hill - Howard Shore Performed by Sharon Isbin

2 comentarios:

Tanhausser dijo...

Brillante comentario el de nuestro amigo Ojo de Buey. Scorsese es uno de los grandes, y como genio tiene sus buenas y sus malas tardes (Gangs of New York, El aviador). Entre sus buenas Taxi Driver, Uno de los nuestros, Casino e Infiltrados. Salvo Taxi Driver (quizá la más existencial), las demás presentan un tema común: los gánsters. Da igual que sean de origen italiano, americanos o irlandeses; dan igual los protagonistas (De Niro, Liotta o Di Caprio); incluso dan lo mismo las localizaciones (Nueva York o Boston). Cuando uno controla el género esas minucias son imperceptibles; tan sólo ayudan a modular, ensayar variaciones o aportar leves innovaciones sobre un patrón común que se conoce como la palma de la mano. Y cuando eso ocurre disfruta el espectador porque se ve también disfrutando al director en la realización, en el montaje, en las licencias de los actores, en los meandros del guión.
En cuanto al final, yo lo hubiese dejado tres minutos antes, con el disparo a Di Caprio, sobre todo para fastidiar a los amantes de los protagonistas, pero comprendo perfectamente el final que propone Scorsese; es legítimo y lo amparan la tradición del género y cierto tono de final trágico shakesperiano que creo que se perfila bien en la peli.

En cuanto a los actores, están a la altura. Di Caprio hace el mejor papel de su carrera, tanto que se come a Damon. Por encima de todos está Nicholson, en su mejor interpretación tras Mejor imposible. Es una película de actores y no de actrices. El único papel de cierta relevancia es el de la amante simultánea de Di Caprio y de Damon, que tiene cara de secundaria, yo creo que aposta por parte del que realiza el casting a las órdenes de Scorsese.
Yo veo como tema principal la mentira, que está por todos lados, afecta a todos los personajes y es la verdadera protagonista de la historia, como en las grandes tragedias, que siempre hay un tema subyacente común que se apodera de los personajes y de las voluntades.
En fin, que hemos disfrutando con una buena ración de buen cine.
Un cordial saludo.
Tanhausser

ojo de buey dijo...

Gracias por tu comentario, Tanhausser. Yo también disfruté, y de lo lindo. Tienes razón y comparto ese placer morboso que es ver a Di Caprio muerto, y a lo grande -en Titanic su muerte es de un romanticismo plastificado-. Ese actor se está creciendo. Hasta prontísimo.

OjO de buey

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