JOHNMERRICK PROPONE

“Me gustó más el libro”

¿Cuántas veces hemos escuchado o pronunciado esta frase después de haber asistido a la proyección de una película?
Habitualmente, existe un conflicto entre la literatura y el cine, entre una novela y su adaptación cinematográfica. Un desencuentro casi irremediable pues hablamos de dos formas de expresión totalmente distintas, de las que en realidad, no nos engañemos, deberíamos esperar cosas muy diferentes. El conflicto real suele existir entre las expectativas que tiene el lector y la adaptación de esa novela que logró conmoverle.
Gabriel García Márquez opina que… “He visto muchas películas buenas hechas sobre malas novelas, pero nunca he visto una buena película hecha sobre una buena novela”.

JOHNMERRICK propone: llevar la contraria a Mr. Gabo.

Aprovechando el estreno de El Perfume. Historia de un asesino, busquemos en nuestra memoria adaptaciones cinematográficas que no nos defraudaron. No es necesario que hablemos de obras maestras -aunque si es así, mejor que mejor-, es suficiente con que logremos recordar una ocasión, aquella ocasión, en que con la llegada de los créditos finales y todavía en la oscuridad de la sala, no surgiera de inmediato la sombra de aquella jodida frase... “Me gustó más el libro”.

JOHNMERRICK espera...

2 comentarios:

Ditirambo dijo...

A bote pronto se me ocurren dos títulos: Dublineses, mi película favorita de John Houston, basada en mi cuento favorito de Joyce, y Campanadas a medianoche, mi película preferida de Orson Welles, inspirada en varias obras maestras de Shakespeare. En ambos casos son películas maravillosas sobre libros maravillosos, en las que no importa conocer o no el referente literario, porque el disfrute es siempre el mismo. Por otra parte, mis simpatías personales de inclinan hacia Epílogo, de Gonzalo Suárez, la película que quizás mejor representa su mundo interior. Y es que tomando como punto de partida dos de sus libros (divertidísimos, fascinantes, pero también algo amanerados) Gonzalo Suárez fue capaz de ir más allá de ellos, como si sólo detrás de una cámara hubiera sido capaz de transmutar los artificios de su obra literaria en hallazgos visuales, como si sólo en compañía de los actores y del equipo técnico que escogió hubiera sido capaz de traspasar la frontera que separa al ingenio del genio, en un ejercicio de análisis personal que, lejos de destruir sus cimientos, dio un fruto a la vez reconocible y diferente.

ojo de buey dijo...

OjO de buey contesta:

Buen tema este de las adaptaciones, y de imposible acuerdo, ya que al gusto literario de cada cual se ha de sumar el cinematográfico. Lo que sí me parece razonable es pensar que de una nueva novela es difícil extraer una buena película, y que cuando este milagro se produce tenemos por lo general dos obras de arte diferentes.

Otra regla que normalmentre creo que se da es que es más fácil hacer una obra maestra de una novela menor o mala, ya que una buena obra literaria presenta un tema, unas situaciones, un tempo que está pensado para el papel, no para un lenguaje audiovisual. Así, ha menudo vemos cómo directores consagrados deciden hacer adaptaciones de novelas desconocidas de dudosa retupación entre la crítica, o best sellers para un público general. Ejemplo de esto es el maestro Hitchcock, cuyas películas se basaban a menudo en guiones adaptados de novelas de misterio o negras de consumo fácil.

Por lo tanto, desde el punto de vista del director de cine el uso de un guión adaptado no tiene porqué limitar su creatividad, ni exige ceñirse a la letra y motivos que animaron al escritor. Una película adquiere vida propia desde que comienza a gestarse en la mente del director y hasta su estreno. Incluso adquiere significaciones variadas con el tiempo y para cada espectador. No es justo esperar resultados mágicos de una película basada en una novela o una obra de teatro, o en un comic. Y ayuda mucho ir al cine un tanto desintoxicado de la obra literaria, aunque sea difícil, ya lo sé.

A veces el milagro sucede, pero no porque cine y literatura generen un obra similar, mágicas en igual sentido. No, el milagro es ver de pronto que una novela muta -a veces irreconocible- en una película impagable. Entonces, no nos acordamos de la novela en la que se basa. ¿Acaso importa? A mí me ha sucedido algunas veces: El Padrino (Mario Puzo), El halcón maltés (Dashiell Hammett), 2001: odisea del espacio (Arthur C. Clarke), Otra vuelta de tuerca (Henry James), Sin City (Frank Miller), El señor de los anillos (J. R. R. Tolkien), Viaje a la Luna (Julio Verne), y decenas más que mi memoria recuerde. Y no todas me gustan por lo mismo.

En otra ocasión podríamos centrarnos en una y destripar la adaptación y su referente.

OjO de buey ha dicho...

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