Dios Spielberg

Soy Tanhausser, de nuevo. En una de las entradas de más abajo, firmada por Matías, se habla por primera vez en este blog de Spielberg. A mi juicio, es el mejor director de la historia del cine. Es al cine lo que ha sido Jordan al baloncesto, para que se entienda. Sólo hace falta que se muera para que todos lo reconozcáis. Ha realizado obras maestras con millones de dólares pero también sin un duro (EL DIABLO SOBRE RUEDAS, TIBURÓN, ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE). Los muy snobs siempre arguyen que no es para tanto, pero en la soledad y la inconsciencia de sus sueños no se les presentan los héroes de sus películas favoritas, sino los tiburones, los tiranosauros, las piedras rodantes, los camiones diabólicos, los puentes colgantes y los nazis y los malos espíritus de las pelis de Spielberg.

No sé quién se inventó la falacia de que una película no puede ser buena si va a verla medio mundo (no es una hipérbole, medio mundo). Creo que sus detractores padecen de una falta de perspectiva histórica alarmante. Estoy con Matías en que, de su generación, es el que mejor ha evolucionado con los tiempos, porque él marca el tiempo. Véase, si no, esa reciente trilogía existencialista de ciencia-ficción formada por INTELIGENCIA ARTIFICIAL, MINORITY REPORT y LA GUERRA DE LOS MUNDOS, o esa última obra maestra del realismo y la austeridad que es MUNICH, con la cual una vez más ha vuelto a quedarnos con la boca abierta y el corazón encogido. Con ella, por cierto, ha logrado lo que nadie: ser criticado por judíos e islamistas simultáneamente, quizá porque presenta las miserias de ambos bandos.

Spielberg reinventó el cine de aventuras en nuestro tiempo y nos ha dejado y sigue dejándonos ángulos de cámara y perspectivas realmente originales como la cámara subjetiva de TIBURÓN o los primeros planos de muchas de sus películas; tiene los mejores veinticinco minutos de cine bélico (el inicio de SALVAR AL SOLDADO RYAN); la película más tierna, E.T.; la mejor película de aventuras (la trilogía de INDIANA JONES); y, por supuesto, los mejores bichos (TIBURÓN, JURASSIC PARK). En este sentido, no puedo dejar de referir que este verano les puse a los amigos de mi hijo (7 años) TIBURÓN y estuvieron una semana nerviosos y no se bañaron ni en la piscina. Nadie como él ha logrado introducirme en la ficción y tiene, además, dos de las tres películas con las que no he podido no llorar: EL COLOR PÚRPURA y LA LISTA DE SCHLINDER (la tercera es de Kubrick, SENDEROS DE GLORIA).

Yo también tengo mis gustos dentro de su filmografía, y prefiero el Spielberg adulto al niño, pero me interesa todo. Como todos los genios, Spielberg también patina o no está a la altura: AMISTAD, ATRÁPAME SI PUEDES, ALWAYS, HOOK, los cinco últimos minutos de SALVAR AL SOLDADO RYAN y de LA LISTA DE SCHINDLER, donde le traiciona su condición de judío-rindiendo-cuentas-a-la-tribu, cosa que ya parece que ha superado con MUNICH. También reconozco que sobran en sus películas algunos niños, especialmente los que resaltan su condición de huérfanos o hijos de divorciados, resentidos con sus padres y con todo el mundo. Pero estas pequeños errores y resabios biográficos se los perdono porque nadie como él logra conducirme a la ficción como el hilo de Ariadna o de Penélope o del minotauro, si es que a eso se refiere el título de nuestro blog.

Ojalá Spielberg nos dure muchos años y tardemos en revivir esa extraña sensación que experimentamos cuando fuimos a ver Eyes Side Out de Kubrick, cuando sabíamos ya que no volveríamos a ver más estrenos del maestro. Que nadie se moleste en contradecir o replicarme porque no atiendo a razones tratándose de Spielberg. Y bienvenido, Matías, y gracias a Ojo de Buey por regalarme en su día una biografía de Spielberg.

Dios salve al rey.

Saludos cordiales. Tanhausser.

2 comentarios:

ojo de buey dijo...

Os lo dije, Tahausser saltaría brincando tras la linde lanzada por el acertado Matías para deshojar margaritas panegíricas a mayor gloria del dios Spielberg. Y cuidado, que en tales religiones Tanhausser es fiel devoto y más aún aguerrido protestante. Quien se atreva a profanar, o si quiera maldecir, la virginal filmografía de este cineasta, verá la furia de su más fiel escudero.

Fuera de bromas, creo que casi todos compartimos cuando menos la acertada y gloriosa a ratos trayectoria de Spielberg como realizador. Negarlo es a su vez negar gratos momentos de buen cine a quien aún no se haya convertido a este club de devotos, más o menos practicantes. Aún así, sería injusta fidelidad la del amante que no corrige, cuando el sentido común o la moral más llana se presta con evidencia a ello, los desatinos de su amado.

Spielberg es un buen realizador en un sentido doble: por su factura técnica y artística, y -aquí está su mayor logro- por ser rabiosamente "comercial" sin por ello reducirse a este odiado (entre los críticos progres) calificativo.
Por esta razón ya merece una serena parada en sus películas. Y sin embargo, es esta combinación la que le ha hecho meter en más de una ocasión la pata. Spielberg no es tonto, y se ha hecho el inteligente propósito de ganar dinero y disfrutar de su trabajo a la vez. Su puesta en escena es rabiosamente efectista, en los dos sentidos, el de espectácular y el de "quiero quedar bien" (si no, no llego a toda la familia, y eso resiente la taquilla).

Por otro lado, Spielberg ha elegido un género esencialmente familiar y palomitero, como es el cine de aventuras. Su filmografía pretende ante todo hacer disfrutar al espectador, hacerle saborear cada fotograma como un chiquillo. Incluso cuando se pone serio -"La lista de Schindler", "El color púrpura", "Salvar al soldado Ryan" o la reciente "Munich"- es espectacular (aunque deje a algún miembro de la familia en casa). Su obsesión por agradar es su mayor virtud y a la vez su mayor defecto, obligándonos a tragar de golpe una desatinada retaila de moralinas y panfletudos diálogos de un terrorífico conservadurismo. Y es en este punto donde Spielberg no me agrada, me patina sin control, al ceder en exceso a la maquinaria de consumo globalizada, apesar de tanto talento. Intuyo que él mismo está últimamente haciendo esta reflexión desde sus últimas películas, buscando un hueco decente para su portentosa creatividad, sin amoldarse a religiones de moda. Todo está por ver; estamos ante un realizador que aún tiene mucho que ofrecer.

Mientras tanto, me quedo con Kubrick por la honestidad de su cine, sin ceder a gustos o disgustos, y dando sin caer en el tedio intelectual -no siempre, lo sé, 2001 es a ratos pastosa- un gran espectáculo. Pero dejémoslo, este es otro director y otra batalla.

Nos vemos en el cine...

Raquel dijo...

Spielberg es un dios terrenal... y cinéfilo.

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