Escenas memorables

Hay películas que logran resumirse en una escena, y ésta logra impregnar en esencia lo que recuerdas de ella cuando la viste por última vez. Esto mismo me sucede con la escena final de Senderos de gloria (Kubrick, 1957), en la que por cierto aparece la única mujer de la película, la actriz Susanne Christian, que después sería esposa de este excelente realizador.

La película está ligeramente basada en la Batalla de Verdun, librada entre alemanes y franceses por el Fuerte Douimont en 1916. A esta misma batalla se hace referencia en el clásico de Jean Renoir La gran ilusión (1937).

Por entonces tenía el realizador 28 años, y ya se vislumbraba su mirada pesimista sobre el mundo. Recordemos que los instigadores triunfan, los soldados son fusilados y el coronel Dax (Kirk Douglas) debe ser triste testigo de todo (aunque no aliente moralmente la injusticia) sin poder hacer nada. En esta escena, seguimos al coronel hacia el cuartel en lo que parecía ser un final oscuro y escéptico para una historia de guerra desoladora. Pero la mano de Kubrick decide montar un final emotivo que nos deja sin habla. Cuando el coronel va camino del cuartel, oye un bocerío de soldados en el salón. Dax se acerca a ver qué sucede, se asoma tímidamente al quicio de la puerta y observa en silencio. Tras ella puede ver cómo los cansados soldados bociferan al presentador del espectáculo para que les dé algo de carnaza que les haga reir o calentar el alma. Pero sólo queda entre bambalinas una prisionera alemana, que asustada entonará forzosamente una canción en su idioma ante un grupo de soldados franceses. Es entonces donde el absurdo de la guerra y las miserias humanas se desnudan, y los soldados no pueden evitar que las lágrimas empiecen a resbalar por sus mejillas. Sin esta escena no cerraríamos un significado tan rotindo de defensa de la dignidad humana frente al horror de la guerra. En los rostros humedecidos de los soldados, que la cámara sigue en unos lentos pero rotundos planos cortos uno a uno, se refleja la necesidad de esperanza y paz. Tras las guerras sólo quedan hombres, sólo hombres y nada más. El coronel observa llorar a sus soldados y se va reflexivo de allí para volver al cuartel. La puerta se cierra detras de él cerrando un contundente THE END (ya vemos un final similar en Centauros del desierto, donde una puerta se cierra también de espaldas a un triste y solitario vaquero que nada más puede hacer porque ya hizo todo lo posible).

Senderos de gloria fue prohibida por el gobierno socialista francés de la época que, bajo las presiones de las asociaciones de excombatientes, consideraría el film como un atentado contra los valores nacionales. La película de Kubrick no se estrenaría en Francia hasta el 1972. En España y Suecia tampoco se estrenó. En España fue prohibida durante más de veinte años y se exhibiría por primera vez en el Festival de Cine de San Sebastián de 1980 en el marco de una retrospectiva-homenaje a su director.




"No permitáis que la ambición se burle del esfuerzo útil de ellos / De sus sencillas alegrías y oscuro destino; / Ni que la grandeza escuche, cono desdeñosa sonrisa / los cortos y sencillos hechos de los pobres. / El alarde de la heráldica, la pompa del poder y todo el esplendor, toda la abundancia que da, / espera igual que lo hace la hora inevitable. Los senderos de la gloria no conducen sino a la tumba".

Humphrey Cobb se inspiró en este poema del escritor Thomas Gray para titular su novela Paths off glory (1935), escrita a partir de sus vivencias en el frente durante la Primera Guerra Mundial, en la que se basaría la película.

"El patriotismo es el último refugio de los canallas"


Os animo a que también vosotros dejéis vuestras escenas. Seguro que tenéis un puñado jugoso.

Nos vemos en el cine...

1 comentarios:

VSancha dijo...

Yo me quedo con el patetico y brillantisimo final de El Tercer Hombre como una de las grandes escenas de la historia del cine.

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