Bandas sonoras emblemáticas

Hay películas que recordaremos siempre por su música. No es solo que su banda sonora tenga un peso incuestionable en ellas, sino que se convierte en su seña de identidad. Toda ella en su conjunto o, más frecuentemente, uno de sus temas. Querría proponeros que hablásemos de estas películas: las que quedan en la memoria e incluso en la historia del cine vinculadas definitivamente a su música, las que recordamos por una melodía, un tema concreto, una canción, antes incluso que por su director.

Para empezar, hay un nombre en el que pienso nada más plantear el tema: Henry Mancini. Como sabéis, Mancini compuso la banda sonora de la maravillosa Desayuno con diamantes (adaptación de la novela de Truman Capote que realizó Blake Edwards en 1961). La inolvidable Moon River, (letra de Mancini y John Mercer) la identifica en la memoria cinematográfica de todos. Ningún amante del cine dejará jamás de deleitarse y de emocionarse con la escena que abre la película: Holly Golightly (Audrey Hepburn) pasea al amanecer por una amplia y solitaria avenida de Manhattan. Lleva un traje negro de noche, y una bolsa de papel de la que extrae un vaso de plástico y unos bollos. Se detiene ante el escaparate de Tiffany´s, mordisquea el bollo, bebe del vaso. La melodía de Moon River inunda la escena, y entonces se produce la magia: el escenario urbano se convierte en mítico, la trivialidad del desayuno improvisado, en la descripción exacta del glamour. Cine en estado puro, gracias a la música.



Sin duda Blake Edwards conocía bien el poderoso atractivo de la actriz que quedaría inmortalizada, más que en ningún otro, en el papel de Holly Golightly; sin duda sabía que Mancini era el mejor compositor que podía ponerle música a su película (fue precisamente Edwards quien rescató al músico de un desolador periodo de desempleo, al encomendarle la banda sonora de Breakfast at Tiffany´s). Pero seguramente nunca imaginó que la mezcla Hepburn-Moon River habría de convertirse en un hito imprescindible en la historia del cine, ni que había creado una escena legendaria, para abrir una película legendaria.

Henry Mancini ganó dos Óscar por la banda sonora de esta película (canción y partitura). Después, también de la mano de Blake Edwards, vendrían Días de vino y rosas (que le supuso un nuevo Óscar en 1962), La pantera rosa (1964), trabajos magníficos con Stanley Donen, como Charada (1963), Dos en la carretera (1967), etc.

La lista de títulos se prolongaría y llegaría a los años 80, (
Víctor o Victoria, 1984, una vez más con Blake Edwards, y nuevo Óscar para el músico). Y en cada caso, el milagro se produciría una y otra vez, indicador preciso de que la flauta no había sonado por casualidad: Mancini podía convertir en mítica cualquier película que musicase.

Precisamente Charada es un caso tan significativo como el de Desayuno con diamantes. En esta ocasión, Mancini alcanza por completo el ideal de toda banda sonora cinematográfica: que la música evoque el contenido íntegro de la película. Y no era fácil en esta historia, que conjuga la trama de espías con la relación amorosa entre los protagonistas (una magnífica Audrey Hepburn, nuevamente, y un maduro Cary Grant, para quien los años no son más que un modo de aumentar su gallardía). Sería fantástico poder volver a ver Charada por primera vez, sin un solo dato previo sobre su argumento, sorprendernos de esa primera toma de la película, anterior incluso a la presentación de la misma (un cadáver arrojado al campo desde un tren en marcha) magistralmente tratada desde el punto de vista sonoro: el pitido del tren que se aleja rápidamente, y la percusión que comienza justo después, y da paso a la presentación del filme. En ese momento Mancini atrapa al espectador. Mancini, en efecto. Luego serán el director y los actores, pero ahora es la música de Mancini la que le dice al espectador: “Prepárate, ahí va una dosis mezclada de intriga y de romance”. Se lo dice con la percusión y las cuerdas iniciales, la melodía que ocupa la primera parte de esta pieza y nos remite de un modo al cine clásico de espías. Pero luego entran en escena los metales y los violines, y se produce una insólita mezcla musical (además de grandiosa) que da paso a la evocación romántica.



El tema de la música emblemática en el cine daría para muchos artículos. Si os apetece, podemos pasear por este tema. Propongo nombres soberbios, como el de
Morricone, un accidente sin duda alguna en la historia de la música cinematográfica, un compositor muy diferente a Mancini, pero igualmente atrevido en la mezcla de géneros y de instrumentación, y capaz de dejar establecidos para siempre los vínculos entre su música y la película para la que la escribió. ¿Cómo recordar La misión, Érase una vez en América o Cinema Paradiso sin su música? Propongo también el nombre de Sakamoto, a quien no hace mucho se ha recordado en este blog a través de El cielo protector. ¿Qué me decís de la soberbia banda sonora de El último emperador?

6 comentarios:

Tanhausser dijo...

Muy ilustrativa la entrada de Golightly. Me sumo con entusiasmo a tus propuestas musicales y, sobre todo, a cómo deben ceñirse a la cinta, y especialmente cuándo deben ser oídas, en qué momento.

En cuanto a mis gustos, quiero romper una lanza por la calidad de las bandas sonoras de algunos músicos españoles como José Nieto (El bosque animado, la Pasión turca), Alberto Iglesias (muchas de Almodóvar y también El jardinero fiel) o Javier Navarrete, el que ha hecho la espléndida banda sonora original de El laberinto del fauno, injustamente no premiada, sobre todo por la canción Nana, una de las más dramáticas escritas en los últimos años.
No voy a ser original, por lo demás, pues la música me impresiona fácilmente y carezco de criterio. Pero al menos os diré que he logrado estremecerme con la música de La misión de Ennio Morricone por encima de todas; con El piano de Michael Nyman; con la de La Lista de Schindler de John Williams, que te pone los pelos de punta acompañando las imágenes; con la de Sin perdón, del propio Eastwood, una banda sonora esquelética que se ceñía como un guante al género; con la música de Blade Runner a cargo de Vangelis, que supo sugerirnos un futuro sórdido, sin dioses e implacablemente tecnológico; con la Gladiator, de Enya, tan sugerente, e incluso con la de El Rey león, de Hans Zimmer, mi favorita entre las muchas infantiles con calidad. Muchas veces me sorprendo a mí mismo tarareando la música de El Padrino (de Nino Rota y Carmine Coppola) y, por supuesto, con la de Dos hombres y un destino (de Burt Bacharad) y El violinista en el tejado (cuya adaptación musical corrió a cargo de John Williams).
Se me hace muy difícil no emocionarme con esta lista que tarareo mientras escribo. Así que me iré a silbar por los parques.

Un brindis por la música.

Y un saludo.

Tanhausser

Golightly dijo...

La música de El Padrino es también una de esas obras que recogen todo el contenido de la película, como si contaran el argumento con otro lenguaje. La de El violinista en el tejado, inolvidable, la de Dos hombres y un destino, otro ejemplo perfecto de cómo una canción puede evocarnos una película de modo automático.

Tanhausser cita a los músicos españoles. Hablando de ellos, ¿qué os parece la música de Amenábar en sus propias películas?

Saludos a todos

Raquel dijo...

Además de todos los que habéis citado, me quedo con las bandas de James Newton Howard en las películas de Shyamalan, especialmente la de El bosque. Maravillosas.

ojo de buey dijo...

Comparto vuestras impresiones y esas emociones que os provoca dejaros llevar por los acordes musicales que no sólo acompañan, sino también arropan y engrandecen grandes momentos de buen cine. También comparto, Tanhausser, esa debilidad que provoca que la música me impresione fácilmente y carezca de criterio para mirarla con rigor crítico. Y es que la música en muchas ocasiones es una emoción más, independiente de los personajes que las alientan. Es como el aire que respiran, la ropa que visten o los pensamientos que les pasan por la cabeza. La música es a veces el guión, los diáslogos, la letra chica que esconde una intención, un deseo,...

Me viene a la memoria esa escena final de "Cinema Paradiso", en la que unj hombre, ya adulto, visiona los besos robados por la censura, y a través de ellos se ven -envuelto por la música de Morricone- los deseos, las ilusiones infantiles pero nobles del niño que fue o que aún es a través de esos fotogramas...

O la música envolvente y melancólica en "La belleza de las cosas", con esa pieza del Rinaldo de Haendel repitiéndose durante todo el viaje iniático del joven protagonista hacia el dulce veneno que acompaña a hacerse adulto.

Sería infinitesimal seleccionar momentos musicales que aupan de energia y vida el cine. Espero dedicar algún articulillo sobre escenas o películas que me hayan hecho erizar más pelos dce los que tengo.

Nos vemos en el cine...

rododendro dijo...

Me interesa mencionar aquí un compositor que apenas conocía y que en la actualidad me tiene fascinado por su marcado carácter sinfónico. Se trata de Jerry Goldsmith. La inquietante música de "Alien" lleva su firma. Recordad la banda sonora en el comienzo de la película cuando el ordenador "Madre" detecta la presencia de vida alienígena en un planeta cercano y va activando sigilosamente todos los componanetes de la nave y despertando a la tripulación.O el dramatismo que impone a la escena del aterrizaje en el planeta de donde les viene la señal. Una verdadera obra maestra. Interesa mencionar también en su producción la banda sonora de "Poltergeist" y la primera versión de "El Planeta de los simios".

Chuspi dijo...

Un estupendo trabajo.

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