Tarzán made in Del Toro

"Arnot le enseñó una barbaridad de cosas acerca de los refinamientos de la civilización, incluido el manejo del cuchillo y el tenedor. A veces, sin embargo, Tarzán soltaba los cubiertos, disgustado, cogía la carne con sus fuertes manos bronceadas y la desgarraba con los dientes como un animal salvaje."

Extraído de "Tarzan of the Apes"


Cuando oímos nombrar Tarzán a los de cierta generación se nos viene en mente enseguida el ciclo que protagonizaron el olímipico e inexpresivo Johnny Weissmuller y la sinuosa hasta cuando se pone modosita Maureen O'Sullivan, que juntos nos regalaron sábados de cine como Tarzán, el hombre mono -la primera película, en la que Tarzan conoce a Jane cuando llega a África para unirse a la expedición de su padre-, Tarzán y su compañera -con la polémica secuencia de Jane y Tarzán nadando desnudos, que originalmente fue eliminada en la versión cinematográfica-, La fuga de Tarzán, Tarzán y su hijo, El tesoro de Tarzán, y Tarzán en Nueva York. Todas de la MGM y rodadas entre los años 30. Más tarde se rodarían otras más en los 40, pero ninguna como estas seis. Para una generación más cercana quizá esté en su memoria infantil la respetable pero aburrida Greystoke, la leyenda de Tarzán, de Hugh Hudson -al que debemos Carros de fuego-. Casi que merece más para el cultivo de la vista la versión tórrida protagonizada por la neumática Bo Derek -y dirigida por su marido- en Tarzán, el hombre mono. Para los curiosos, cabe recordar que existe una película muda de Tarzán de 1918, dirigida por Scott Sidney, más desconocida para el público, pero que tiene la relevancia de que el propio Burroughs participara en la elaboración del guión sobre su novela Tarzan of the Apes.

El personaje de Tarzán, como sabéis todos, antes de ser fotograma ya era novela de la pluma del escritor de ciencia ficción Edgar Rice Burroughs, también célebre por una tira de historietas ambientadas en Marte y titulada Barsoom. Llegaría a publicar desde 1911 a 1946 unas 28 novelas del nombre-mono. Al instante el personaje se haría famoso y pasaría a ser el comic de cabecera de todo niño norteamericano de los años 20. La historia era ideal para el ciudadano medio sobreviviente en las florecientes junglas urbanas de la América capitalista.

El protagonista es John Clayton, Lord Greystoke, cuyos aristocráticos padres son abandonados en la costa oeste de África por malvados navegantes. Lady Alice muere tras enfermar y su marido fallece a manos de un gran gorila llamado Kerchak. Tarzá
n es alimentado y cuidado por otro gorila, Kala, y crece convirtiéndose en un líder de la manada de gorilas debido a su inteligencia y habilidades para la lucha. Tarzán aprende a leer en la jungla cuando encuentra un libro que había pertenecido a sus padres. Por supuesto, con la ayuda de los animales Tarzán se convertirá en el rey de la jungla y conseguira la inmortalidad mediante la fórmula secreta de un brujo. A lo largo de su vida en la jungla, encontrará sus raíces aristocráticas, se casará y tendrá un hijo con Jane Porter y se enfrentará a los alemanes, japoneses y comunistas. Y sin caérsele nunca el taparrapos. El mito está servido.

No es de extrañar que Guillermo Del Toro haya tomado a este personaje como protagonista de su nueva cinta, de la que esperamos sea fiel al espíritu decimonónico y oscuro de Burroughs. Por suerte no compró los derechos Sam Raimi, que hubiera hecho del nombre-mono un Spiderman exhibicionista, glamouroso y plastificado. Si acaso se lo permitiríamos a Peter Jackson, rezando para que los fáusticos efectos especiales no se coman el encanto del mito.

Al parecer tiene pensado para el guión a John Coelle, que ya ha hecho guiones tan suculentos como el de Master & Commander. Es casi seguro que primará en la narración la crudeza del hecho de cortar en seco la infancia de un niño, soltándolo a pelo en plena selva, con la consiguiente necesidad de servirnos de la libre imaginación para sanar las heridas de la salvaje adultez. Un tema éste por cierto ya reflejado en la mágica El laberinto del fauno. Además, Del Toro, profundo fagocitador y coleccionista de comics e historietas, intentará de seguro volver a las fuentes literarias y gráficas del personaje, mucho más crudas y tenebrosas que las que nos pintó el cine de Weissmuller. Así que nadie espere recuperar la memoria visual de la infancia con esta resurrección. Si no queréis quedar defraudados, pillad antes de que salga la película un buen comic de Tarzán de los de entonces, publicados aún hoy de la colección sesentera original de Novaro o de la ochentera de Marvel. Y si no, siempre nos queda degustar alguna de las novelas de Burroughs, nada fáciles de digerir pero sugerentes para el aficionado que quiera ir a las fuentes del personaje.

Nos vemos en el cine...


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