Gabo, el cineísta


García Márquez, como también le ocurriera a Terence Moix o Cabrera Infante –el libro de éste, Cine y sardina, es una recomendable delicatesen cinéfila -, además de darnos buenos momentos de lectura, son todos ellos unos contumaces devoradores de cine. En el caso de Gabo, su afición al séptimo arte no es circunstancial, y si se quiere casi antecede en el tiempo –él mismo relata que le encantaban los westerns protagonizados por un tal Tom Mix- a su pasión por ese otro arte que es la literatura. No en vano, el realismo mágico (fantástico, que diría Borges) con el que se le etiqueta bebe de las fuentes de su querencia por el neorrealismo italiano, especialmente de películas que marcaron su sensibilidad artística como Milagro en Milán o Ladrón de bicicletas, de De Sica. De hecho, en los años cincuenta estudia la carrera de cine en Cinecittá. Será el gran impacto que le causó este movimiento cinematográfico el que le impulsará a proyectarlo también sobre la por entonces casi inexistente industria cinematográfica latinoamericana. Por entonces Gabo también colaboraba en el periódico colombiano El Espectador, donde publicaría numerosos artículos sobre cine. Igualmente de su periplo por México se interesaría por la labor de guionista –ya iniciada mucho antes, con veintisiete años- en proyectos como Tiempo de morir del por entonces novato Arturo Ripstein (que en 1999 adaptaría El coronel no tiene quien le escriba, protagonizada por nuestra Marisa Paredes). Esta colaboración en guiones mexicanos y cubanos dura hasta hoy, pasando a lenguaje cinematográfico numerosos cuentos suyos. De hecho, algunos cuentos de Gabo tienen su nacimiento a partir de guiones que no pudieron crecer como películas.

De toda esta experiencia se derivaría el gran acierto de crear, junto a otros colegas, la Escuela de Cine de San Bartolomé de los Baños, en Cuba, que este año cumple exactamente veinte años. Allí impartirá durante años el curso Cómo se cuenta un cuento. La EICTV es un milagro hecho realidad que sirvió y sirve aún hoy para impulsar la cultura cinematográfica latinoamericana. Por sus cursos de cine pasaron realizadores como Coppola, Soderbergh, Costa-Gavras, Robert Redford, o Kusturica –por cierto, éste parece estar interesado en pasar al cine la obra El otoño del patriarca, como también lo estuviera antes Kurosawa-. Asimismo, la escuela ha servido de formación a numerosos futuros realizadores nacidos en países asiáticos y africanos, que encontraron en ella ideas e impulso a sus creaciones.

Pero Gabo siempre se ha resistido a ejercer la labor de realizador. Él mismo ha confesado en ocasiones: Esa vaina es muy complicada. Probablemente todo el entramado técnico y productivo que lleva implícita la creación de una película era una pesada losa sobre su prolífico ingenio, más decidido a entregarse con energía a la disciplina de escribir, no sólo su ficción literaria, sino también críticas, guiones y cursos formativos sobre cine.

No en vano y con justicia el Festival Internacional de Cine y Televisión de Cartagena (de Indias) le dedica por estos días un sincero homenaje, coincidiendo con su 80 cumpleaños, que por cierto lo celebra hoy mismo, seis de marzo. A este homenaje asisten realizadores y actores (incluída Marisa Paredes y Arturo Ripstein) que han pasado por su letra a lo largo de su dilatada aportación al mundo del cine, como el brasileño Ruy Guerra o el mexicano Humberto Hermosillo. A su vez, se celebrará el 25 aniversario de su Premio Nobel, los cuarenta años de Cien años de soledad y los veinte de la fundación de su Escuela de Cine, la EICTV. El homenaje es tan completo que se exhibirán todas las películas que toman sus guiones como base narrativa.

Igualmente, vemos en estos últimos años cómo prestigiosos cineastas se han interesado en pasar a película alguna de sus más conocidas novelas, como ya lo hiciera en 1987 Francesco Rosi con Crónica de una muerte anunciada. Es el caso de Del amor y otros demonios, que quedará bajo la dirección del costarricense Hilda Hidalgo. El amor en tiempos del cólera, dirigida por Mike Newell, con guión de Ronald Harwood (El pianista, Oliver Twist) y al parecer con Bardem como Florentino Ariza. Memoria de mis putas tristes, a cargo del danés Henning Carlsen y guión de Jean Claude Carriere, guionista habitual de Buñuel. Y El otoño del patriarca, como ya dijimos más arriba, será competencia de Kusturica. Sin embargo, de su Cien años de soledad Gabo diría:

“Tuve muchas ofertas para llevar la novela al cine, pero siempre me negué porque deseo que los lectores sigan imaginando a los personajes… No quiero que la filmen. Si lo hacen la destruirán porque el cine no permite esas identificaciones.”

¡Quién sabe si algún día caerá esta hermosa breva! Por ahora nos conformamos con que el húngaro Peter Gothar piense en rodar en Cartagena una película (cortometraje. más bien) sobre la novela, ambientada en los escenarios reales de la narración, como son los poblados de la zona bananera del norteño departamento del Magdalena, o el caserío Aracataca, cuna del escritor.

Por cierto, ¿sabíais que Gabo admira como guionista a Woody Allen? Camino de Japón hizo escala en Nueva York sólo para verle en persona y poder intercambiar impresiones y quién sabe qué más…

En fin, si todos retenemos aún en nuestras retinas algún pasaje o paisaje de sus novelas, quizá sea porque un día el niño Gabo entró en un cine y ya nunca ha vuelto a salir de él, por suerte nuestra.

De puño y letra (vía | sololiteratura.com)
Vídeo: entrevista (vía | Youtube)
Vídeo: taller de guión (vía | Youtube)


Nos vemos en el cine…

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