Querido Clint:


Querido Clint:

Ya tenía yo ganas de escribirte y de decirte cuatro cosas desde la pe
rspectiva de un friki que, como buen admirador, se ha estremecido con algunas de tus películas y, también como buen admirador, se ha sentido defraudado hasta el límite por otras. Confieso que estos cambios de ánimo me lo produce más tu faceta de director que la de actor, en la que siempre te he visto más equilibrado, eficaz, contundente, seductor, el más bueno de los buenos y el más malo de los malos, pues tus villanos siempre escondían una perla, aunque ésta se confundiera con la venganza, mientras que tus héroes siempre escondían algo políticamente incorrecto, sea la misoginia, la falta de piedad o el desprecio por todo lo que no fuera tu ego. Cierto es que tus últimos personajes se han endulzado, cosa con la no estamos demasiado de acuerdo buena parte de la legión de tus seguidores, pero luego hablaremos de ello.

Saco por la impresora el listado de películas que has realizado, como director y/o actor, y me percato, así de buenas, de ocho cosas: primero, eres un trabajador infatigable; segundo, has participado en películas claves de la historia del cine en cada una de las últimas cuatro décadas; tercero, buena parte de todas tus películas han tenido muy en cuenta los gustos del espectador (lo que es más bueno que malo); cuarto, has seleccionado participar en películas que, en general, han contado con buenos guiones, por encima de cuestiones técnicas; quinto, tus películas se narran linealmente, se intenta adoptar el ángulo más cómodo para el espectador; sexto, eres un artista preocupado por la innovación y por la invención de personajes; séptimo, introduces paulatinamente mayor carga política en tus películas; octavo, lo he visto prácticamente todo.


Por empezar por algún sitio, y al margen de tus pelis consagradas por crítica y público (Sin perdón, Mystic River, Ruta suicida, la trilogía central del spaguetti western, etc.), mencionaré aquí varias películas tuyas que me gustaría rescatar y aconsejar a los demás blogueros que las desconozcan o las hayan olvidado. Se trata, en primer lugar, de El Seductor, de 1971, dirigida por Don Siegel, tu director fetiche. Me consta que a Ojo de Buey (dicho así parece el ojo triangular ese de Dios, omnipresente, que todo lo ve, immisericorde con la debilidad por el pecado, que aparecía en las cartillas de religión en los setenta) también le seduce. Tan sólo diré que tras la cartel de la película, que parece invitar a una de pistoleros, se halla en realidad una historia claustrofóbica de amores impíos, desconfianzas y pasiones neuróticas de mujeres que hubiera firmado el mejor Almodóvar.

Querido Clint, ahí estás sencillamente genial. La considero tu mejor interpretación junto con Dos mulas y una mujer y Sin perdón. También me gustaste mucho en El jinete pálido, con ese escupitajo antológico a un escarabajo del desi
erto, pero ahí, seamos rigurosos, no cambiaste el gesto en toda la peli, mientras que en las otras sí, y mucho. Por lo demás, ha pasado un pelín el tiempo por esa cinta --sigo refiriéndome a El Seductor-- (ya sabemos, esos primeros años de los setenta), pero nada que no se pueda contextualizar y descontextualizar por amor al arte.

La otra película secundaria que creo que debemos reivindicar es Poder absoluto, de 1996, para mí un prodigio de administración narrativa y climática, una película que te atrapa desde el primer minuto, con esa especie violación-asesinato accidental, no premeditado, ejecutado por un imponente Gene Hackman haciendo el papel de un presidente de los EE.UU., total nada. Anda por ahí también Judy Davis, en el papel de secretaria del presidente, una de las mejores actrices de nuestro tiempo que, no sé por qué, no tiene más fama. Puede vérsela también en algunas cintas de Woody Allen como Maridos y mujeres. De las últimas, yo me quedo desde luego con Mystic River, que es a la que tenían que haber dado el Oscar a la mejor película en lugar de a Millon Dollar Baby. Sinceramente, tratando el mismo tema, me gustó más nuestro Mar adentro de Amenábar.


En cuanto al ciclo de Harry, qué quieres que te diga. Siempre me gustó. Inventaste un personaje e hiciste varias buenas películas de acción. O sea, hiciste lo que luego han querido hacer todos los actores (con más o menos éxito) que han asomado notoriamente la cabeza, interpretar a un personaje (detective casi siempre) de acción, desde Bruce Willis a Harrison Ford, desde Tom Cruise a Matt Damon, en fin. Pero qué quieres que te diga, me quedo con tu Harry, mucho más sucio, repulsivo a veces, con una moral dudosa y con una ideología para echar de comer a los perros. Ahí está, para odiarlo y amarlo a partes iguales, y eso es lo que lo hace grande.


Ahora vienen los palos, querido Clint, siempre desde el c
ariño, desde la ternura del friki. Tienes películas verdaderamente inquietantes –en el peor sentido de la palabra-- como eso de Cowboys del espacio (para mayor gloria de tus amigos jubilados), Cazador blanco, corazón negro y Medianoche en el jardín del bien y del mal (quizá lo peor de lo peor, si hasta está mal el bueno de Kevin Spacey). Dios mío de mi vida, vaya terna de películas. Soy, además, de quienes no estuvieron totalmente conformes con la premiada Million Dollar Baby, ya lo he dicho, y no porque fuese mala, sino porque no nos pareció tan buena. Pero lo que no te perdono, querido Clint, como otros admiradores de tu obra, sólo tres años después de Sin perdón, con ese Oscar todavía brillando en tus manos, con tus admiradores aún levitando por esa cumbre del cine, por esa superación de los géneros habidos y por haber, por la sorpresa de esa sutil música que salió de tu mano serenando el aire como en la oda de Fray Luis, por ese noviazgo del western con la inteligencia, lo que no te perdonamos, querido Clint, es tu papel en Los puentes de Madison, ahí llorando, enamorado hasta los huesos como cualquier enamorado, sufriendo como un caballero del amor cortés medieval, y, lo peor, lavando los platos y tirando fotos a las flores. Eso es lo que no soporté. Para ver la realidad me hubiera quedado en casa. Los frikis del mejor Clint esperábamos que le hubiese puesto una carga de dinamita al dichoso puente de Madison y le hubiera hecho volar por los aires, pero en fin, no quiero ir por ahí que me caliento. Y que alguien me explique corriendo qué tienen de bonito los tales puentes. Se ve que no han visto el de Alcántara. Pero en fin.


No voy aquí a iniciar de nuevo mi crítica sobre tu último bodrio, querido Clint, Banderas de nuestros padres, que articulé en cuatro ejes críticos: el clasicismo mal entendido, los errores de casting, el abuso de la técnica del flash-back y, por último, las similitudes técnicas con los mejores 25 minutos bélicos de la historia del cine, que están en una película que, por cierto, pertenece a la del productor de Banderas de nuestros padres, es decir, Salvar al soldado Ryan de Spielberg (¿agudeza visual?).

Como no podía ser de otra forma, querido Clint, tú te reinventas, y Cartas desde Iwo Jima vuelve a ser una película extraordinaria, en técnica y en guión, con escenas memorables y momentos líricos de extrema intensidad. Alguien tiene que decir de una vez que tú, Clint,
eres un director duro pero romántico, que precisamente muestras el pequeño destello de amor en un valle de lágrimas, como aquel que se cae al abismo pero aún, mientras cae, logra estremecerse con la belleza de una flor en la estéril pared del acantilado. Sigue, Clint, sigue ahí por muchos años, y vuelve, vuelve siempre, clásico y moderno, violento y tierno, político o apolítico, tradicional o revisionista, western o contemporáneo, serio o irónico, solo o con Spielberg, Gene Hackman, Hillary Swank o Morgan Freeman, tierno o despiadado, relativo o absoluto, lírico o trágico, desde el lado americano o desde el lado japonés, pero vuelve. Con tal de que vuelvas, hasta estamos dispuestos a perdonarte que un día, tras comer con Meryl Streep, le lavaste los platos para camelarla, y que ese mismo día le tiraste unas fotos a unas cursis flores amarillas y, lo que es peor, a unos puentes anodinos, en lugar de volarlos.

Recibe un cordial saludo.

Siempre tuyo,

Tanhausser
.

7 comentarios:

Miski dijo...

No me canso de ver "Sin perdón"...es pura acción y suspense el momento en el que William Munny entra al local (en cuya puerta tienen expuesto el cadáver se su amigo) y se enfrenta al sheriff y a sus ayudantes...Es un monstruo como actor y como director y desde las primeras películas supo comerse a la cámara por lo que pronto pasó de los papeles secuandarios a los de protagonista. Sólo le reprocharía una cosa: que no se llevara a la prostituta agrediada en "Sin perdón" y se casara con ella.

ojo de buey dijo...

Si te acercas un poco al rostro de Eastwood verás su cine, adherido entre las grietas de su piel, impreso en el gesto espartano, escéptico que se adivina en sus ojos, en su ceño adusto y cabreado con la vida. Pasa como cuando uno mira con atención el rostro de Spielberg. Se puede ver claramente un niño optimista que malcreció y se resiste tras esa barba ya de abuelito a ver el mundo arruinado por la falta de imaginación.

Agradezco -supongo que casi todo el que te lea, Tanhausser- tu cariño a Eastwood. Tus requiebros son míos también, aunque añadiría otros piropos y otras delicias que en su momento yo también degusté sin miedo a que se acabasen. Entre ellas recuerdo "Bird", un dulce amargo que no me agoto de ver (claro que a los que nos gusta el jazz, esa querencia es algo que sale innato).

Y "El sargento de hierro", y "La jungla humana", y "Escalofrío en la noche", y... Pero sobre todo "El sargento de hierro", una película que cada vez que la revisito me sorprende más, quizá porque entiendo de otra forma a como lo hacía de adolescente ese ñoño sentido del malutilizado concepto de autoridad, y por supuesto porque me encanta esa dulce amargura con la que Eastwood retrata sus personajes venidos a menos, con pocas tablas de salvación, pero nobles, deslenguados con la necedad humana.

Se podría dedicar cientos de líneas en las que desgranar a gusto la psicología de los personajes que este gran director (y actor) creó un día para hacernos ver que el mundo puede ser mejor pero no a costa de perder la lealtad que todo ser humano se debe a sí mismo.

Nos vemos en el cine...

Golightly dijo...

Hace tiempo que no me acerco por aquí, y bien que os echo de menos. Así que me busco un ratito de esta tarde para visitaros y me encuentro las siempre lúcidas palabras de Tanhausser. Con muy leves excepciones, yo firmaría la misma carta, sobre todo en lo que se refiere a dos películas, cada una en un extremo: el bodrio de Los puentes de Madison, y la magnífica Mystic River. ¿Cómo pueden venir de la misma mano? La una almibarada y lacrimógena, la otra, la mejor reflexión sobre el dolor que he visto en los últimos años. Por cierto, inolvidable en ésta última la interpretación de Tim Robbins, que me deja en el sitio, cada vez que la veo. Pedazo de actor el que consigue transmitir ese punto de inquietante ambigüedad y a la vez, inspirar tanta compasión, y todo ello sin aspavientos. En fin, películas como esta nos permiten ser indulgentes con otras mucho menos afortunadas. Y es que las luces y las sombras conviven en el talento...

ojo de buey dijo...

Bienvenida de nuevo, Golightly. Tus ausencias sólo aumentan nuestras ganas de verte por aquí.

Viendo que tanto tú como Tanhausser menoscabáis los talentos que sólo en parte (ya lo sé, es una obra menor de Eastwood) posee "Los puentes de Madison". Tan sólo querría destacar tres detalles que me gustan: uno, la forma de rodar los instantes cotidianos entre los dos protagonistas; dos, el final, nada desdeñable y de una delicadeza que también está presente en "Million Dollar Baby".

Y tres -quizá lo que más ha quedado impreso en mi memoria-, su banda sonora. Supuso para mí descubrir a un jazzman de voz cavernosa pero dulce llamado Johnny Hartman. Os recomiendo su disco "I Just Dropped by to Say Hello" (algo así como "pasé por aquí para decirte hola"), editado por el sello Impulse! Es para degustar lento y si se puede, acompañado de buena conversación y algunos líquidos excitantes del sistema nervioso (y otros sistemas).

Nos vemos en el cine...

Golightly dijo...

Vale, vale, Ojo de buey, me has convencido (pero solo en lo que se refiere a esos tres detalles). Mi vehemencia (rasgo que comparto con Tanhausser, aunque sospecho que él es más difícil de convencer que yo) quizás me ha hecho dejar a un lado la banda sonora, y la lluvia del final. Por lo demás, esa película me sigue pareciendo lacrimógena, y de argumento facilón. Pero te agradezco tus puntualizaciones. Volveré a pasear por la banda sonora.

Mateo Lusa dijo...

Visita mi blog, será de tu interés

http://leonemorricone.blogspot.com

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo en la radiografía que haces del cine de Eastwood. Es duro y a la vez compasivo, como buscando la belleza y la sensibilidad en medio de la tormenta, Eastwood es el último gran refugio que nos queda de cine con mayúsculas, lo más parecido a John Ford, con esa extrema sensibilidad en sus personajes y ese lirismo puro y auténtico.

Genial el texto salvo dos excepciones, la de Banderas de nuestros padres que sin ser de sus mejores películas me gustó mucho y Million dollar baby que me estremece cada vez que vuelvo a verla.

De esta última, de Sin Perdón, Mystic River o Cartas desde Iwo Jima mejor ni hablamos, porque son como de otro mundo.

Últimas noticias


La opinión