¿Quién quiere vivir para siempre?

La fuente de la vida es una odisea sobre la eterna lucha de un hombre a través del tiempo por salvar a la mujer que ama. Su peripecia épica empieza en la España del siglo XVI, donde el conquistador Tomas comienza su búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud, la legendaria quimera que se cree concede la inmortalidad. Un científico de hoy en día, Tommy Creo, lucha desesperadamente por encontrar una cura para el cáncer que está matando a su adorada esposa. Y, viajando a través del espacio, como un astronauta del siglo XXVI, Tom empieza a comprender los misterios que le han atormentado durante un milenio. Las tres historias convergen en una verdad, cuando los Thomas de todas las épocas (el guerrero, el científico y el explorador) aceptan la vida, el amor, la muerte y el renacimiento.

Darren Aronofsky es un director arriesgado. Después de Pi y de Requiem para un sueño, llega The Fountain. Presentada en el festival de cine de Venecia, Aronofsky espantó a la crítica con "un engendro místico", "su fiasco representa uno de los trastazos más espectaculares que se recuerdan en Venecia", "sólo es recomendable para fans acérrimos, pero mejor si van convenientemente drogados", o "un alud de memez y pedantería". Quién se fia de los críticos, más espectadores que gana La fuente de la vida. Ya está tachada como película de culto, incluso antes de su estreno.

Quizá se trataba de hacer un discurso sobre el anhelo del hombre por la inmortalidad, la búsqueda de la eterna juventud y la lucha por mantener el amor más allá de la muerte, pero se queda en las puertas. La historia resulta bastante confusa al espectador medio, y el recurso narrativo de las tres dimensiones temporales de la humanidad (pasado, presente y futuro) terminan por desquiciar al espectador. Todo se reduce a un ejercicio de experimentación (bellísimo, desde luego) visual. Cada fotograma está impregnado de la estética del director. La forma es lo que cuenta. Sólo eso.

Los actores están magníficos. Hugh Jackman gana en cada nuevo papel que interpreta. La escena en que se tatúa el anillo es verdaderamente sobrecogedora. Rachel Weisz está bellísima, pero no se luce lo suficiente. El papel de Ellen Burstyn es muy secundario. Fotografía, efectos y música -de Clint Mansell- son perfectos. Pero no llenan lo suficiente.


Quizá Darren Aronofski quería hacer una película de ciencia-ficción al estilo de Tarkovsky, como Solaris o Stalker. O simplemente reflexionar sobre nuestras preguntas existenciales. Y es que noventa minutos para concluir en que la solución al sufrimiento y miedo a la muerte es la aceptación de ésta como una etapa más de la vida... El espíritu sobrevive eternamente y nos fundimos con la naturaleza. Lástima que el descubrimiento sea tan poco original.



2 comentarios:

ojo de buey dijo...

Bienvenida de nuevo, Raquel. Ya se te echaba de menos. Aún no he visto "La fuente de la vida" (por fin una traducción acorde con el propósito de la película), pero prometo hacer mis deberes.

Lo que sí puedo decir es que Aronofski es un director difícil. Ya "Requiem por un sueño" y "Pi" se decantaban por una puesta en escena tan original como desquiciante, que a unos puede fascinar y a otros marear. Por otro lado, Aronofski no puede dejar de soltar sus ramalazos intelectuales en sus productos, y lo hace a pelo, sin esquemas ni argumentos fáciles. Prefiere alterar que explicar, sorprender que razonar. Sus intenciones son más místicas que filosóficas.

Esta combinación entre mística y paranoia hacen de él un autor tan atrayente como cargante. El espectador decide. Lo cierto es que si Aronofski decidiera algún día sesgar alguno de estos dos elementos correría el riesgo de convertirse en una especie de Sam Raimi, o por otro lado un Tarkovski a la americana. Casi que mejor siga como está...

Yo por ahora decido darle mi voto (cosas del masoquismo finéfilo) y ¡a ver qué pasa! Siempre me quedará la estimulante "Requiem por un sueño".

Ya veremos, Raquel.

Nos vemos en el cine...

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Réquiem por un sueño es superior a esta Fuente de la vida. Y Pi la vi mal y requiere que vuelva a ella. Aronofsky es un tipo extraño. Un Lynch metafísico. Una cosa extraña. Hace falta que el cine tenga gente así. La reflexión tan profunda es cierto que luego queda en nada, en consentimiento, en anuencia, pero la vida tiene estas cosas. Tragamos con todo porque no tenemos otra. En fin. Saludos. Abrazos.

http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2007/05/la-fuente-de-la-vida-la-resina-de-dios.html

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