Memorias de Queens


"Hola, me llamo Dito y voy a abandonar a todo el mundo"

Dice un adagio que el artista siempre fabula sobre lo que vive, o ese otro según el cual si quieres ser universal comienza hablando de tu barrio. El novato Dito Montiel se ha aplicado el cuento y en esta su primera obra (dirige y firma el guión), sencilla y honesta, nos habla de eso, de sí mismo, de él y de sus amigos, de su padre, y del barrio de Queens (llamado así en honor a la reina Catherine de Braganza, esposa de Carlos II de Inglaterra), el barrio donde se crió, donde vegetaba con sus colegas, donde robaba besos a su chica, donde medía su arrogancia adolescente con los puertorriqueños, pero también donde veía morir poco a poco los últimos salvavidas con los que salir de ese barrio que le empezaba a quedar pequeño, y en el que intuía acabaría o muerto o vendiendo droga. En ese su último y asfixiante verano de 1986 sabría que para crecer debía traicionar parte de aquello que le ligaba a sus raíces, y que tarde o temprano esas raíces le recordarían quién fue, quién no dejó nunca de ser pese a vivir a cinco mil kilómetros de su familia.

Pero Memorias de Queens, pese a su título, no es una historia narrada desde la nostalgia (como sí lo está Érase una vez en América de Leone) ni tampoco se trata de un cuadro costumbrista que en clave tragicómica nos describa los avatares de sus protagonistas (para eso tenemos la vida familiar de los italoamericanos de Rockaway Beach –en el barrio de Brooklyn- descrita por Allen en Días de radio). No, Memorias de Queens está narrada -es el escritor quien habla, quien lee su historia al espectador- desde la memoria del niño que regresa, tras quince años de ausencia, en la piel de un hombre perplejo –como todo hombre moderno, desmemoriado por las sirenas del camino, en busca constante de su Ítaca- por la noticia de la enfermedad grave de su padre, aquel que renegara de su hijo tras ver cómo huía a California, el otro extremo de sus raíces, el otro extremo de todo. Porque Queens es la América racial y castiza, la de plato materno en la mesa y vida callejera, levantada por la inmigración. "¿Para qué ir a China? En Queens hay chinos. ¿Para qué ir a Puerto Rico o Italia? Todos están en Queens." Sin embargo, el sol fresco de California era por entonces símbolo de la Tierra Prometida de las oportunidades, donde América recogía a sus caínes heridos por la pobreza o los sueños.

Dito nos cuenta, se cuenta a sí mismo más bien, al tiempo que transita por el Queens actual, tímido reflejo desmejorado de la espontaneidad proletaria de entonces, y presa de la especulación inmobiliaria, los grandes comercios de ocio y cultura, y la idealizada memoria publicitaria de un tiempo que ya no es. Al Soho londinense le ocurrió otro tanto, al pasar de barrio obrero de pubs, prostitutas y poetas sin un duro, a barrio pijo donde se sitúan las grandes galerías de arte de la capital. Dito regresa, sí, y lo hace por el azar de un infarto que no era tan inesperado, el infarto del viejo patriarca Monty cuyo corazón ya no resiste, y cuyo orgullo tampoco se resiste a abandonar el barrio siquiera para ir al hospital. Debe morir allí, con las botas puestas, perpetuar la herencia, decirse a sí mismo que no pasa nada, que no hay nada que no se pueda aguantar, pese a lo funesto de un barrio envenenado por la apatía, la violencia y la falta de futuro. "¿Hace calor?... Pues claro que hace calor, es verano. ¿Díselo tú, Antonio?" Pero Dito no aguanta, el calor es insoportable en Queens, y sueña con las playas limpias, la brisa fresca y el sueño televisivo de una California próspera, alejada del provincianismo y la miseria

Memorias de Queens recuerda un poco a Una historia del Bronx, no sólo por tener al cercano Palminteri en el reparto (incluso fue el guionista), no sólo por situar la historia en un barrio neoyorkino de inmigrantes italianos. No, su sintonía se frecuencia en la relación paternofilial, aunque si en la película de De Niro el padre sirve de protección contra los peligros del barrio, y el seductor gánster Sonny (Palminteri) se duplica en segundo padre que descubre al muchacho de qué está hecho el mundo más allá del abrigo de papá y mamá (como la medio niña Lewis es seducida por un tatuado De Niro en El cabo del miedo de Scorsese), en Memorias de Queens el padre deviene en trágica metáfora de un barrio que se resiste a perder su identidad –como los colegas de Dito, que saben que serán traicionados por amigos que o morirán o se irán de allí-. Y frente a ella, el joven Dito debe crecer, ensanchar su mirada más allá de Queens. Por eso usa de ticket de ida a su amigo irlandés, que le llena el cerebro de sueños musicales, que lo llevará a las playas de Connie Island por primera vez como quien viaja a un país lejano, a una pequeña sucursal de la California que vendrá…

Lo mejor:

Esa elipsis en la que una Laurie adolescente (Melonie Diaz) se convierte en una hermosa Rosario Dawson que dejó ya de esperar tras la ventana de su casa el regreso de quien fue su primer amor.

La escena en la que regresa al barrio y observa asombrado cómo donde había una tienda de bollos ahora se levanta un elegante negocio de vete tú a saber qué y regentado por gente que no son del barrio.

Las imágenes del tren, ese tren que nos lleva más allá del barrio, a otros mundos que no son éste.

Los diálogos ágiles, cotidianos, corredizos, como esa cámara en constante movimiento tras unos personajes que vagan por las calles del barrio sin rumbo, sin futuro.

El personaje de Antonio, antagonista de Dito, alter ego de Monty, memoria viva de un barrio que escupe miserias y resiste en pie.

La escena final, ese silencio...


Web oficial

Tráiler

Confesiones de Dito, Laurie y Antonio

Confesiones de Diane, Jenny, Nerf y Giuseppe


Nos vemos en el cine...

3 comentarios:

pequeñoIbán! dijo...

Pues la verdad es que has conseguido que me interese por una película que de momento no me llamaba excesivamente...

por cierto hacía mucho que no me pasaba por aquí, pero muy buen diseño del blog!

goethemola dijo...

Como ya has leído en mi crítica, pienso que su falta de originalidad es compensada por unas más que decentes interpretaciones. Eso sí, que nadie se espere tampoco una obra maestra.

Por cierto, muy chulo el blog y muy completo. Ya me gustaría a mí llegar este nievel...

XXXD

BUDOKAN dijo...

Hermosa reseña de este film que como mencionas me hizo recordar a "Memorias del Bronx", la verdad que una brisa fresca en la pantalla. Saludos!

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