El destino manda

Eddie Taylor es un delincuente de poca monta condenado tres veces pero acusado de un asesinato que no ha cometido. Decide entonces escapar de la cárcel, pero esta decisión y la fatalidad le cerrarán la posibilidad de seguir un camino recto en la sociedad, a pesar de contar con el apoyo de una mujer que le ama.

El destino es el dictador de este drama con clima de serie negra, en el que la fatalidad se cuelga del cuello de Henry Fonda, un presidiario a punto de demostrar su inocencia y sólo encuentra obstáculos en su camino. Aspirar a la integración, después de haber pagado por los delitos, no es fácil. Su rehabilitación resulta socialmente imposible, y se encamina a la tragedia arrastrando consigo a su novia.

Con un guión asombrosamente moderno de Towne y Baker, con aportes simbólicos –desde las manzanas que abren el filme (Adán y Eva) hasta la metáfora de las ranas-, es una engañosa intriga que se resuelve por la superposición de capas argumentales, cada una con entidad propia y a la vez inseparables.

Eddie y Joan. Henry y Sylvia. Juntos comparten un momento de felicidad, pero qué poco dura. A punto de consumarse la anunciada tragedia a lo Romeo y Julieta (las mencionadas ranas), el filme da un vuelco. Henry Fonda escapa de prisión... y no desvelaré más. Pero, lejos de acabar, el filme recién comienza para dar paso a una fuga a través del país en lo que será –aunque en el largo camino tendrán un niño- el definitivo reencuentro con su paraíso perdido, su destino fatal, liberador. La película va a por todas y en su desmesura flaquea hacia el último tercio, en esa huida a lo Bonnie & Clyde contada con una prisa que le resta verosimilitud, pero, aún así, se beneficia de la infalible dirección de Fritz Lang, que escribe poesía; Henry Fonda la recita. Estupenda fotografía de Leon Shamroy, que da a la luz y a la sombra categoría de personajes.

Desesperada y desgarrada, Fritz Lang no hace concesiones, ni siquiera al final. Henry Fonda nos proporciona uno de los rostros más inocentes que hayamos podido ver en la pantalla, intentando luchar contra los elementos, sin darse cuenta de que cuando uno lucha contra el mundo sólo puede perder. Nunca una película tan negra había resultado tan poética.

3 comentarios:

OjO de buey dijo...

Se agradece volver a saber de ti, Raquel, y se agradece tu generosidad en este artículo sobre una película olvidada en el trastero, pero que -como bien apuntas- destaca por ofrecer la cara más definitoria de ese actor llamado Henry Fonda. Ese rostro destila honradez (pero sin la ingenuidad naif de James Stewart) y convicción, atributos necesarios para la generación americana de la depresión.

Lo dicho, gracias y muchas más.

BUDOKAN dijo...

Muy buena esta recomendación en la que aparece uno de los más grandes actores como Fonda, quién prácticamente lleva adelante el relato. Saludos!

Libertino dijo...

La mejor canción de 2006
Ciao!

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