Chapter 27


El cine norteamericano posee la virtud de buscar fórmulas de reflexión acerca de los intersticios que rodean su luminoso estilo de vida. Y en numerosas ocasiones lo hace eligiendo a sus personajes más indeseables, para a través de ellos purgar pecados sociales o simplemente subrayar que la base sobre la que se asienta su cultura nada tiene que ver con el sueño dorado de quien se ha hecho a sí mismo. Decía Freud que sólo podremos estar sanos si examinamos nuestras enfermedades. Y esta máxima ha sido la tendencia del cine made in USA desde que esa generación de directores formada por Scorsese, Coppola o Malick enfocaran su mirada sobre el subsuelo de la vida americana, retratando la existencia de seres cotidianos pero marcados por la violencia o el desarraigo.

En Chapter 27, del debutante J.P. Schaefer,
la mirada se centra en la figura de un personaje maldito para todo devoto de la cultura americana de las últimas décadas: Mark David Chapman, el asesino de John Lennon. La sola idea de retratar la vida de este personaje maldito ha llevado a algunas asociaciones de fans del músico a intentar boicotear la película. Lo cierto es que la sola idea de intentar centrar una película en un anti-icono de la cultura pop supone en manos de un fiel adepto una transgresión perniciosa y malévola que conviene atacar. Pero en las manos de un escéptico de cualquier fan-atismo (como el que subscribe este artículo) esta idea se torna a priori atractiva y si me animo hasta necesaria.


Pero lo que en principio parecía ser un intento de subvertir y con ello reflexionar acerca de la cultura (pop) americana y sus efectos perversos, al visionar Chapter 27 mis ilusiones se desinflaron. Ni siquiera piense el aficionado al thriller con psicópata que aquí encontrará elementos para disfrutar. Y es que a pesar de su excelente factura técnica y artística, Chapter 27 es un subproducto de estética new age que se ahoga al penetrar sin vías de escape en la mente de un Chapman autista que se hace omnipresente a través de una voz en off monocromática. El ritmo cadencioso y lento de la cinta (con esa presencia constante del centeno meciéndose por el viento) ayudará poco a encontrar en ella algo más que un viaje de tres días por las calles de un (eso sí) hermoso Manhattan, o de ver cómo una discretita Lindsay Lohan nos brinda un papelito decente (pero nada más). Todo se queda en aire espectral, como el que habitan los fantasmas de Chapman.

Una pena, sobre todo por el entusiasmo y esfuerzo dietético del señor Jared Leto (lo mejor de la película, todo sea dicho), que ganó treinta kilos para interpretar a Chapman y dotarle de vida propia. Parece haber una tendencia habitual en Hollywood a identificar calidad con transformismo. Cosas de la industria.

Hasta hoy el que firma se queda con Taxi driver y su violencia amarga, sin redención. O el nihilismo del coronel
Kurtz. O incluso, si me pongo encendido, la incontinencia febril de Tony Montana. Pero el Chapman de Schaefer languidece ante mis ojos perdiendo del todo la mala leche que se esperaba de una historia tan potencialmente jugosa. Quizá otro lo intente. Esperemos. De momento puede que ni Chapter 27 aparezca por nuestras carteleras. Si hubiese sido un biopic de John Lennon otro gallo hubiera cantado. Cosas de la industria.


Escena (v.o.)

Dirección: J.P. Schaefer
Guión: J.P. Schaefer
Fotografía: Tom Richmond
Música: Anthony Marinelli
Intérpretes: Jared Leto, Lindsay Lohan, Judah Friedlander

1 comentarios:

BUDOKAN dijo...

Me has dejado pasmado con este film que comenatas del cuel no tenía ni noticias hasta el día de hoy. Me ha dado un poco de curiosidad por la historia aunque quizás no sea una obra maestra. Saludos!

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