Adios pequeña, adios


Adiós pequeña, adiós es una película que incomoda, y sólo por esa contrariada sensación merece la pena ser visionada. Quien vaya al cine sin saber más allá de que se trata de una sabia producción de Ben Affleck (lo cual en algunos podría ser un handicap para no verla), bien interpretada por su hermano menor, Casey Affleck, y con una puesta en escena cuidada, se verá sorprendido por la evolución de un guión que se desliza desde el thriller policíaco de ritmo lento pero ágil hasta un drama moral en el que el espectador deberá participar quiera o no.

Y es en ese giro suave pero definitivo del guión donde r
eside gran parte de la virtud de esta ópera prima de un actor (es un decir, ya lo sé) que ha decidido sabiamente probar excelencias como realizador y no le ha quedado nada mal el resultado. Y lo ha hecho de la mano de su hermano, Casey Affleck, un actor convincente, natural, de mirada reposada, que huye con sabiduría de la fácil pantomima del histrionismo de papel cuché en el que sí es maestro su hermano. Lo que no acaba de funcionar en esta obra tan sobria y reflexiva es el papel de comparsa de Angie (Michelle Monagha), la esposa y socia del protagonista. No tiene ninguna función ni profundidad narrativa a lo largo de la película, excepto al final, donde es utilizada por el guionista como un contrapunto moral al dilema del detective Kenzie.


No es nueva en el género policíaco la sugerente idea de situar a un detective privado en una tesitura moral tras deshilvanar la madeja de miserias que rodean al caso que investiga. Pero esta vez ese detective no es ni bebedor, ni tiene un pasado turbio, ni se las sabe todas, ni fuma, y ni siquiera está solo o bajo el embrujo de una femme fatale, como suele ser habitual en un género demasiado marcado por la genética del noir clásico. Kenzie es joven, o lo parece, y no da la sensación de ser un tipo duro o avispado. Hasta ahora se ha dedicado a casos de objetos perdidos. El caso le viene grande, o lo parece. Tendrá la ventaja de conocer el barrio, su lógica, sus confidentes, sus miserias. Y es un hombre íntegro, profesional, honrado.

Precisamente será esa integridad (sinónimo de civilización, derechos, protección legal, etc.) la que será cuestionada, obligando al espectador a resituar su mapa de buenos y malos, de
justicia e injusticia. El director quizá se recuelga en exceso en una imaginería católica aderezada de esos monólogos del protagonista quizá en ocasiones innecesarios, pero que sirven para posicionar al espectador en un modelo de familia que más tarde será cuestionado bajo la forma de dilema moral. No en vano Gone baby gone se trata de una obra del escritor (Dennis Lehane) que también nos acongojara con la contundente Mistic River. En ambas obras se abordan temas de difícil acogida popular, como la pedofilia o el abuso y el asesinato de menores. Algunos han visto como un acto oportunista del director recrear una historia que nos recuerda demasiado a la desaparición en Portugal de la niña Madeleine. Debate un tanto peregrino, dado el tono que va tomando el guión a lo largo de la cinta.


Pero pese a la sobriedad en la puesta en escena y la ágil desenvoltura del guión, Gone baby gone es una obra que hubiera requerido quizá un mayor distanciamiento respecto a lo que cuenta. Tomando como referente a Mistic river, la obra de Affleck deviene demasiado previsible en cuanto a sus pretensiones morales. Se la juega sin más cartas que la presentación del dilema final, y sus personajes no cuecen con reposo como para que el espectador aprecie sus pliegues contradictorios. Esa finura psicológica sí es patente en la obra de Eastwood, y dignifica el conjunto por su humanidad manifiesta. Incluso en Million dollar baby -igualmente desdoblada por un guión que juega a ser otro género- se perfilan los personajes sin monocromatismos, huyendo de ser definidos y obligando al espectador a perderse en la turbia pero necesaria marea de las emociones.

Sin embargo, esto no desmerece un digno intento en manos de un novel que ha tejido una trama sugerente, aunque sin los matices que requiere toda obra que aspire a la excelencia. Ben, te esperamos en tu segunda. Pero por favor, deja lo de actor.

Nos vemos en el cine.

1 comentarios:

Crítico en Serie dijo...

Coincido en gran parte de la crítica. Aunque comparando con Mystic River... Quizás esta tiene más ritmo, por lo menos en mi opinión.

Me sorprendió.

Ben se ha quedado con todos nosotros. Mientras no se dedique a protagonizar sus películas...

;)

(Y Casey está tomando mucha carrerilla. De ser el hermano de Ben... quizás pasará Ben a ser el hermano de Casey.)

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