Star Wars: 30 años de espectáculo


Para los más frikis formará parte de su álbum sentimental (incluso los hay que la añaden a su fondo de armario), otros la recuerdan con simpatía -fue quizá una de sus primeras películas-, y los más escépticos la vieron sin pena ni gloria o reaccionan indignados por lo que consideran una campaña de merchandising descomunal para el mundo recién globalizado de los setenta. Y todos -estoy convencido- tienen parte de razón. La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza (George Lucas, 1977) forma parte de la memoria cinéfila de varias generaciones de espectadores, y lo es porque tuvimos la suerte de estar ahí y, aún sin quererlo, Lucas hizo lo posible porque así fuera. De hecho, Star Wars es quizá el primer ejemplo de producto blockbuster y de ingeniería publicitaria de la historia del cine contemporáneo. Lucas y Spielberg (ya su Tiburón de 1975 sería un ejemplo de sabiduría empresarial, aunque en menor escala) aprenderían de Walt Disney a sacar provecho no sólo del éxito de taquilla, sino de infinidad de productos de ocio y consumo recreando la estética de la película por todo el mundo. No es extraño que George Lucas ideara el primer guión como "un proyecto independiente de serie B junto con unos compañeros de la escuela de cine. Sus referentes eran Akira Kurosawa, Sergio Leone y algunas series de televisión".

La Fox no podía imaginar lo que perdía cediendo a
Lucas los derechos de merchandising de la película. Desde Star Wars las productores se ataron bien los cabos legales. De hecho los 20 millones de beneficios que le proporcionó a Lucas la cinta fueron sólo migajas respecto a lo que vendría después (recordemos que antes de salir a la luz en 1997 la segunda ornada la primera trilogía ya había ganado 2.000 millones de dólares en taquilla). No es de extrañar que se permitiera regalar a sus protagonistas el 0,25% de los beneficios de exhibición, dado el escaso sueldo que recibieron inicialmente.


En 1977 Lucas pidió a la empresa Kenner que le fabricase muñecos de los personajes (115 figuras hasta 1985, año del estreno de El retorno del Jedi). Nuevamente Kenner no pensó bien lo que perdía al no pedir más a Lucas por la difusión del merchandising. A esto le seguirían las libretas, los cereales, juguetes, series de televisión y la Pepsi de patrocinadora oficial. Hoy a este catálogo publicitario se le unen los videojuegos. No es de extrañar que LucasFilms gane al año 100.000 millones de dólares.

Pero el éxito de Star Wars no fue sólo popular o económico. Recibió numerosos premios, como varios Oscars de 1977 (Mejor Montaje, Mejor Banda Sonora, Mejor Vestuario, Mejor Dirección Artística, Mejor Sonido, Mejores Efectos Visuales y Premio Especial para sus efectos de sonido), un par de BAFTAs de 1978 (Mejor Banda Sonora, Mejor Sonido), un Globo de Oro de 1977 a la Mejor Banda Sonora, etc.

Lucas debe a la industria el haberse arriesgado a ofrecer un producto sin expectativas de éxito, y revenderlo como imaginería secular de la que
se nutren varias generaciones devotas. Hoy Hollywood es en parte un mercado publicitario más allá del producto estrella que dice vender: películas.

Lucas supo antes que nadie aprovecharse del poder fascinante del séptimo arte, y de paso las películas no le quedaron mal del todo (por lo menos la primera).



Que la fuerza
(y el dinero) os acompañe...

4 comentarios:

zuelene dijo...

Y si lo tuyo es el lado oscuro…

a qué esperas para hacerte con tu retrato personalizado con tu foto de canciller Palpatine??

Encuentralo en novaPop.com

Y que la fuerza te acompañe!

zuelene dijo...

Y si lo tuyo es el lado oscuro…

a qué esperas para hacerte con tu retrato personalizado con tu foto de canciller Palpatine??

Encuentralo en novaPop.com

Y que la fuerza te acompañe!

BUDOKAN dijo...

Este film fue el negocio redondo del cine en los últimos 30 años que mencionas. Saludos!

Tanhausser dijo...

De acuerdo que es un negocio, que tiene miles de frikis, seguidores y fanáticos, que tiene además una legión de seguidores y plagiadores, que ha creado estilo, forjado héroes y villanos y, en fin, ha formado en buena parte el imaginario video-cultural-iconográfico de nuestra generación y de otras. De acuerdo, ¿y a quién le importa a estas alturas? ¿Noera esto un espectáculo?

¿Acaso se os ha olvidado la primera vez que la visteis? Era algo nuevo, fantástico, fabuloso, como nunca nadie lo había hecho. Para los que entonces estábamos en lo más tierno de nuestra infancia todo es perdonable a cambio de dos horas de aventuras galácticas.

Lo demás es nada.

Tanhausser

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