La brújula dorada

Los hijos de Harry Potter tienen una sombra muy alargada. Esta, La brújula dorada, es otro epígono más con todas las características epigonales: fantasía, estructura en sarta de las aventuras, héroe preadolescente, malos y buenos perfectamente definidos desde la primera escena (a ver si alguien se vaya a perder), batallas épicas, realidad y ficción, bichos que hablan, etc.

Uno de estos guionistas leyó las claves de los cuentos de Vladimir Propp y, para fomentar el espectáculo, ha exagerado todos los caracteres. Que todo héroe emprende un viaje, éste se irá a la Conchinchina del Polo Norte; que todo héroe salva un reino, éste salva el mundo entero en el que vive y
todos los mundos paralelos (casi nada); que todo héroe tiene siempre un amigo, éste tiene cuatrocientos (un navegante sacado de un western, un oso, un alter ego y hasta un ejército de brujas) y a todos se los mete en el bolsillo y son amigos for ever and ever en cuestión de tres segundos de conversación (¡qué don de gentes, ni el Sarkozy!). En fin, alguien le dijo al guionista que había que montar el espectáculo e interpretó que había que elevar al cubo las ceñidas características de toda leyenda que trazó el bueno de Vladimir Propp.

Para qué detenerse en los actores, un plantel, por cierto, tan espectacular como poco perfilado. El bueno de Daniel Craig tiene una intervención mínima en la película, en plan divo. Parece ser que en la (me echo a temblar) segunda parte tendrá más protagonismo.


Leo en el Fotogramas (donde, por cierto, no sale malparada) que es la película más rentable de estas semanas, y he de admitir que el trabajo de marketing y publicidad ha sido bueno, y mejor aún las fechas de emisión, cuando todo el mundo va masivamente al cine. Pero eso, los efectos especiales y el dramatis personae no establecen relación alguna con su calidad, sino con su presupuesto. Y si la película no tiene ni pies ni cabeza, pues no la tiene. Estamos cansados de ver películas de este tipo en las que puede pasar cualquier cosa, en la que cualquier bicho se te puede cruzar por el camino, en la que cualquier hechizo es posible y cualquier poder puede estar en manos del personaje. No negamos la magia ni la
fantasía, pero debe haber una coherencia para que nos lo creamos. No te pueden asaltar así por las buenas, sin venir a cuento, cualquier bicho: no es de recibo.

Por suerte hubo grandes películas de aventuras fantásticas los últimos años, como La Princesa prometida, Wilow o la trilogía de El señor de los anillos. Si cabe son más fantásticas que La brújula dorada, Eragon o Las crónicas de Narnia, pero tienen un hilo conductor, una lógica interna dentro de la fantasía de la que carecen estos otros productos epigonales. Y en algunos casos, como en El señor de los anillos, se encierra incluso algún leit-motiv como el del poder en unas manos o en otras, el poder como creador y el poder como arma destructiva. En fin.

Menos mal que el día 22 de mayo se estrena la cuarta entrega de Indiana Jones, la mejor de todas las pelis de aventuras aquí citadas, para intentar poner algo de cordura y de calidad en este mundo lleno de locura y fantasía. Por cierto, vaya plagio descarado el de La búqueda I y II. En fin, siempre nos quedará Indiana Jones. ¡Extiendan la alfombra y hagan paso, por favor!
Salud.

Tanhausser

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