La chaqueta metálica: estoy vivo y no tengo miedo


En Kubrick nada es casual, pese a que su cine nos sorprenda. Pongamos por ejemplo La chaqueta metálica. Ya en su arranque todo es creativo, cautivador. Primer fotograma: en negro unas letras tan rotundas como su filmografía. De fondo se abre el tema musical Hello, Vietnam, de Johnny Wright, una dulce canción sobre un soldado que se despide de su amada ante la llamada de América contra los comunistas. Le sigue el título de la película, Full metal jacket (chaqueta totalmente metálica), en clara alusión al recubrimiento de metal que llevan las balas de fusil, del calibre 7,62 mm. Al parecer, Kubrick leyó el término en una revista de armas, y le gustó. Menos mal que al final no acabara titulándose como la novela de Hasford en la que se inspira, The Short Timers (Reclutas de corta duración).

La primera imagen es tan sencilla como reveladora: un recluta mira al infinito con indiferencia y se deja esquilar por un peluquero militar. El potencial simbólico de la imagen es devastador y nos prepara para lo que llegará. Kubrick no nos va a contar una versión convencional de la guerra de Vietnam, pero tampoco se decantará por un panfleto antibelicista al uso. Lo que vamos a ver es diferente. Kubrick no moraliza, como tampoco retoza en un esteticismo vacuo. Las cosas son así, y la cámara debe guiarnos con respeto hacia los personajes, hacia la vida misma, nos guste o no.

Le siguen más imágenes, planos similares de más reclutas dejándose cortar sus cabelleras, en metafórica alusión a la pérdida de libertad que ha de caracterizar a todo buen soldado. Un marine, como bien replicará más tarde el sargento Hartman, no es dueño de nada excepto de su fusil. Ni siquiera tienes derecho a conservar tu nombre. Es así que desde ese día se les conocerá como Cowboy, Bola de Nieve, Bufón (Joker) o Gomer Pyle (Recluta Patoso). El rapado les iguala, ya casi son indistinguibles unos de los otros. Dejan de ser personas, individuos, para ser máquinas pasivas, sin pensamiento. En una escena posterior un coronel le censura a Joker el hecho de llevar una chapa con el símbolo de la paz en su casco, y sin embargo junto a éste ver escrito sin tapujos Nacido para matar. Joker le responde que es un símbolo de la dualidad que reside en todo ser humano. El coronel sentencia tajante: "A mis marines sólo les pido que obedezcan mis órdenes como si fueran la palabra de Dios".

El desfile inicial de reclutas esquilados es un ejemplo de maestría, reconocible en el potencial denotativo de sus imágenes, la coherencia con el tono general que vertebrará toda la obra, y la sencillez con la que está rodada. A su vez, es un recurso inteligente para presentar a los personajes principales y su contexto. Fijaros en esa imagen final en picado, con el pelo de los reclutas esparcido por el suelo. Ya no se nos muestra el rostro silencioso de los soldados. Sólo se revela lo que se irá con ellos, su identidad, aquella que deberán recobrar a lo largo del resto de metraje.


Escena inicial

Si relacionamos este arranque con la escena final, el conjunto adquiere una significación relevante. Es de noche, los soldados regresan de una dura jornada. Al fondo las llamas lo arrasan todo e iluminan las sombras de los marines. La voz de Joker declara sereno: "Por hoy ya hemos inscrito de sobra con nuestro nombre en las páginas de la historia". Y prosigue: "Nos largamos hacia el río Perfume para pasar allí la noche". La cámara se acerca poco a poco a esos soldados que regresan, o más bien, vienen de mirar la muerte y sobrevivirla. Por eso, mientras caminan sin prisa y sin pausa, cantan, o más bien entonan, ya sin la virulencia marcial que les enseñara en su día el coronel durante la instrucción. Entonan, de noche pero iluminados por las ruinas de lo que dejan atrás, un himno porque están vivos. Pero no es un himno solemne, es una parodia de una marcha militar que sustituye lo de M-I-C K-E-Y M-O-U-S-E por F-U-C K-E-D A-G-A-I-N. La Marcha de Mickey Mouse era una sintonía del programa de TV de los cincuenta El Club de Mickey Mouse.

M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E

Déjanos siempre llevar muy alta nuestra bandera.
Chicos y chicas de allá y de aquí.
A todos os damos la bienvenida.

M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E
¿Quién es el jefe del club...?

Y concluye Joker: "Mi cabeza vuelve a estar ocupada por los sueños eróticos y los pezones duros de Carmen Calientapollas, y la fantasía del gran follar del regreso. Estoy tan feliz de seguir vivo de una pieza, y a punto. Este mundo es una puta mierda, sí. Pero estoy vivo. Y no tengo miedo."

Se parodia el cantoral patriótico para vanalizarlo a ras del soldado, para devolver al discurso de la deshumanización del ser humano el contrapunto de las ganas de vivir y haberlo contado. Lo que queda tras el humo de la guerra es el soldado que regresa, un ser humano sin miedo. Atrás queda el recluta silencioso y adocenado del comienzo.


Escena final

Kubrick se une con este final a toda una tradición dentro del cine antibelicista en el que el eje discursivo se centra en la defensa del individuo frente al sinsentido de la guerra. No estamos aquí por nadie, sólo queremos sobrevivir, volver a casa. Sin embargo, pocos como Kubrick han sabido desligarse del tono moral, patriótico o complaciente que seguirá acompañando al género décadas después. Incluso un excelente realizador como Spielberg no pudo sustraerse en Salvar al soldado Ryan a ese tono patriótico. Hay que salvar a Ryan porque salvándolo salvamos una forma de vida, la americana, que respeta a cada individuo como único (criatura de Dios, para ser más exactos). Además, ningún soldado deja a otro en la estacada.

Kubrick, sin embargo, elude el patriotismo naif de Spielberg, bordeando el discurso hacia un plano casi antropológico. La voluntad del ser humano frente a la hostilidad de un mundo feroz, descerebrado, del que sólo cabe sustraerse amando seguir vivo, si es que se puede. El resto de argumentos son falacias, como las que destila la revista Barra y Estrellas a cuyo equipo destinan a Joker para deformar la realidad de la guerra a mayor gloria del Estado.

El cine de Kubrick se esfuerza por mostrar el poder revolucionario de la imagen limpia, destilada de estereotipos, mientras que el populismo de Spielberg le lleva a declinarse por la resultona garantía de la demostración.

5 comentarios:

Kaytall dijo...

Gran critica. Esta es una obra compleja y cargada de simbolismo, y has conseguido que recuerde muchas magnificas escenas, ademas de las que has puesto en video, y que me entren muchas ganas de volver a verla. Gracias

saludos

Txemita dijo...

Wenos dias!
Como va eso cinefilos?? Enhorabuena por el blog, me parece muy currado y con articulos bastante interesantes. Me encanta el cine en todas sus vertientes aunque
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Un saludo y seguimos en contacto!

Anónimo dijo...

Peliculón. A la altura de Kubrick. Recomiendo Barry Lindon.

Anónimo dijo...

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