La noche de los girasoles

Fargo a la castellana

Muy al contrario de lo que sucedía en la reciente Bosque de sombras, La noche de los girasoles es un drama resuelto en un eficiente e inquietante (a pesar de su ritmo lento y poco hollywoodiense) thriller rural donde todos y cada uno de los personajes se ven inmersos en una soledad asfixiante de la que sólo el azaroso acontecimiento de un intento de violación les prestará escusas para soltar la tensión que les atenaza. Una pareja estancada en su relación; un joven atado a un entorno (el de su pueblo) que se le queda chico; un aldeano solitario que se niega a abandonar su casa tras morir su mujer; un terrorífico vendedor, amargado por la vida que le ha tocado; un guardia civil caradura, hastiado por su vida de recién casado… Todos afloran sus miserias a través de la tragedia que se desencadenará.

Sin poseer el sentido de la puesta en escena o la fuerza expresiva del paisaje que sí posee Fargo, La noche de los girasoles sigue la senda de ese impagable retrato que dibujan los Coen de la América profunda. Donde en Fargo es una policía embarazada con olfato a lo Sherlock Homes, en este pueblecito castellano aparece un guardia civil a punto de jubilarse que pese a no menos olfato preferirá proteger a su hija que hacer valer la ley. Y donde en Fargo se escribe un guión clásico, sin fracturas temporales, en la película del debutante Sánchez-Cabezudo encontramos un rashomónimo montaje que sin prisas (al ritmo emocional de sus protagonistas) va dibujando por capas subjetivas la red de sucesos en la que confluyen todos los personajes.

La noche de los girasoles es una película más que correcta. Entretiene, inquieta, y casi sin quererlo entristece, nos sume en el vacío donde se instalan los personajes incluso después de resolverse el drama final. Esa escena en la que los espeleólogos regresan a la ciudad afectados y en silencio; ese pobre padre presentando su dimisión tras callar (y pagar) con su honor el oscuro plan de su yerno; ese violador regresando a su casa (como si nada), entregado a esa sisífica existencia de sillón y tele. O la agónica resignación de ese yerno enclaustrado en su cárcel familiar. Todos ellos hacen de esta película más que un thriller (una de las de miedo, que decimos en castellano) o una de policías (guardias civiles en este caso), un drama triste, casi desesperado, sobre la soledad y sus miserias.

Frente al juego sobre el azar que vertebra la propuesta de los Coen, nunca tendente a la melancolía o al drama existencial, la obra de Sánchez-Cabezudo no juega, y si nos ponemos puntillosos ni entretiene. Pero se arriesga, saliendo de la mera dialéctica policía-asesino con final feliz (tan al estilo Hollywood) y optando por dejar al espectador sin muletas con las que interpretar lo que sólo es mera supervivencia frente a la soledad.

Sigue inquietando ver de nuevo a Manuel Morón (el padre de El Bola) de malo, malísimo. A Carmelo Gómez le va de perlas hacer ese insulso papel de pusilánime que estalla de ira. La desconocida Judith Diakhate se ve guapa y correcta (por ese orden). Celso Bugallo sigue encogiéndome con otra interpretación natural pero intensa (como ya hiciera en Mar adentro). También estupendos Vicente Romero (recomendable en el papel de El Maquea en el telefilm Padre Coraje) y Walter Vidarte, un loco del que el espectador pronto se compadece.

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Escena


Nos vemos en el cine..

2 comentarios:

Tío Marvin dijo...

Ey, es verdad, esta peli es wena y destaca dentro de un panorama del cine español bastante aburrido. Para mí que lo mejor del film es que es humilde y discreto, no como otros directores españoles, q parece q están haciendo Ciudadano Kane con una historia supermanida

Miski dijo...

A mi también me gustó y es raro porque no suelo soportar las películas españolas. La escena del ataque a la chica está muy bien y mantiene toda la tensión; bien interpretado el papel de sicópata sexual. Contenidos los actores.
Unsalu2.

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