La sombra alargada de la censura

Así es. La sombra de la censura es alargada, como el ciprés de Delibes. A una sociedad como la española, que recién sale de ella, quizá le parezca vivir ya en el mejor de los mundos posibles. Pero no, Leibniz se equivocaba. Y un medidor extraordinario de la calidad de libertad de expresión que posee un país se comprueba observando la holgura con la que las formas de manifestación artística se despliegan sin tijeras por los festivales de cine. Así podemos comprobar cómo al director tailandés Apichatpong Weerasethakul le ha sido retirada del mercado (y del Festival de Venecia) su última película, Syndromes and a Century, por cuatro escenas ¿polémicas? en las que se ve a unos monjes tocar la guitarra o jugar, o unos doctores besando a la novia o bebiendo alcohol. Absurdo, ¿verdad? Para quien vivió del cine en la España franquista quizá sea como estar en una casa vieja de nuevo. Pero a los que vivimos la adolescencia del destape landista, como que eso de la censura nos parece una de marcianos.




Por eso está bien que nos refresquen el espinazo con estos pantallazos de realidad. En Inte
rnet tenéis una web desde la que podéis leer la repulsa de numerosos organismos y asociaciones de cine que manifiestan su rechazo ante este acto de censura. Desde ella tú mismo puedes apoyar la protesta.

Y no es que la idea sea cosa del golpe de Estado reciente. Ya en 1999 el gobierno tailandés prohibió la proyección de la película Ana y el rey, por ver en ella una no tan soterrada ofensa al rey (a los redactores de El Jueves les traerá recuerdos). Ni siquiera se puede decir que los tiros vengan sólo desde grupos religiosos radicales tailandeses. Véase si no el boicot cristiano a El código Da Vinci. O el bloqueo por parte de Youtube a ciertos vídeos supuestamente ofensivos para el rey tailandés.

Una censura similar ha sufrido el director chino Hu Jie con su documental Though I'm gone (我虽死去), rechazado del Festival Yunnan (FUNFEST). Esta vez la escena que inquieta al nervioso censor es un linchamiento de una maestra a manos de sus alumnas durante la Revolución Cultural. Pero no es en realidad la escena en sí lo que preocupa al gobierno chino. Lo preocupante para todo Estado totalitario es la idealista pretensión de poner diques a la memoria (no ya la histórica, sino la personal, la de cada ciudadano). No en vano el argumento de Though I'm gone es el de la lucha del viudo de una de las víctimas de la Revolución Cultural para que se conozca la verdad sobre el asesinato de su mujer.




Por lo poco que he podido comprobar de la versión que colgó Youtube en 10 trozos y en inglés, la escena más impactante no es la de la maestra, sino
aquella en la que el marido saca de una maleta las ropas que su mujer llevaba el día en que fue asesinada.

Para indagar más en los efectos perversos de toda revolución, es interesante el documental Morning Sun. Habrá que bucear por él un poco.

No será la última censura, y desde luego nunca la primera.

1 comentarios:

BUDOKAN dijo...

Estos casos que mencionas nos marca que la censura nunca pero nunca es buena en los medios de expresión, más los ligados al arte. Saludos!

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